Eso de andar muriendo (Real Valladolid, 3 – Real Zaragoza, 2)


¿Qué decir? ¿Qué escribir? ¿Qué sentir? Lo peor que le puede ocurrir a un equipo es que en su vestuario se acuesten mil preguntas y en el escudo no encuentre ni una sola respuesta. Ni la dirección técnica, ni el cuerpo técnico ni los jugadores están viviendo su mejor momento profesional y su estado emocional se encuentra ahora mismo en unos niveles de abatimiento que se refleja en el juego y, sobre todo, en los resultados.

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l partido de ayer cierra una microetapa ominosa dentro de una época misérrima que hemos tenido la desgracia de vivir. Un partido aciago y oscuro como el abismo que nos engulle cada día que en apenas seis minutos ya nos había arrojado al infierno en el que estamos condenados a consumirnos. Dos bofetadas estúpidas y vergonzantes que el Valladolid nos propinó casi sin querer fueron suficientes para destrozar el sueño mínimo que nos habíamos construido, ahora lo sabemos, sin ningún argumento. Dos goles ridículos encajados por un equipo ridículo compuesto por jugadores que ayer estuvieron ridículos a los que dirige un entrenador que, ¡qué diablos!, también rozó el ridículo.

Para empezar, Natxo volvió a agitar injusta e injustificadamente el equipo, en un ejercicio incomprensible de desorganización de un grupo que no acaba de reconocerse. El entrenador anda empeñado en unas rotaciones que nadie entiende y que provoca una enorme desorientación en el equipo. A tal punto llegan los desajustes que las dos primera jugadas fueron dos goles que le rompieron el alma al Zaragoza. Quedaba muchísimo partido, es cierto, pero los chicos se miraban unos a otros como preguntándose dónde estaba el flotador para agarrarse a él y evitar las altas olas que confeccionaba el Valladolid cada vez que le caía el balón a sus pies.

Con los dos laterales muy alargados pero nada profundos y dos centrales completamente superados por los contrarios, los mediocampistas no encontraban la manera de sujetar el balón con criterio para buscar las espaldas a la flojísima defensa pucelana. En las bandas, ni Papu, alocado e incierto, ni Febas, jugador que no acaba lo que empieza, eran las dos flechas que se necesitaban para penetrar. Arriba, Borja seguía triste y azul acompañado por un inexacto Vinicius al que le hacen falta demasiados minutos para encontrarse. Malas sensaciones que se vieron completadas con la lesión de un desquiciado y estresado Mikel, protagonista negativo en los dos primeros goles.

Natxo nos tenía preparada otra sorpresa al despreciar al ya más que finiquitado Valentín, optar por retrasar a Zapa al centro de la defensa y pedirle a Guti que supliese en el centro del campo al capitán. Decisión rara que permitió que en la primera jugada en contra el Valladolid superase a Zapater y Grippo y lograse el tercero. La debacle olía a Llagostera como mínimo y el gesto de Natxo en la banda lo decía todo. El equipo no se recomponía y a pesar de disponer de un porcentaje alto de posesión, no se prosperaba en el juego ni mucho menos se acercaba el gol.

Sin embargo, fútbol es fútbol y un mediocre centro de Ángel llegó, tras sucesivos errores defensivos, a la bota de Borja, que empujó el balón suavemente a la red blanquivioleta. El 3-1 maquillaba un tanto el resultado y como somos como somos y viendo que el Valladolid tenía una debilidad notable en su línea defensiva, llegó el descanso con la fina esperanza de lograr un segundo gol y, quién sabe, quizás enmendar el desastre.

Comenzó la segunda parte con guión calcado: el Zaragoza con cierto aliento y el Valladolid dispuesto a  finiquitar el partido con sus rápidos contraataques que a punto estuvo de completar, siempre con Mata como protagonista. El equipo aragonés no acababa de terminar ninguna jugada y Natxo decidió mover el banquillo. Retiró al ineficaz y nervioso Papu e introdujo a Pombo. Cambió de banda a Febas y movió a Vinicius pero nada mejoró. El equipo no dio señales de reactivación y continuó con su ritmo cansino y opaco. Al mismo tiempo, el Valladolid seguía amartillando la lentísima defensa zaragocista con fulminantes ataques que hacían temblar los famélicos andamios aragoneses. En una de estas Mata logró un gol que fue anulado por un fuera de juego discutible, lo que habría supuesto la puntilla final.

Las ocasiones locales se sucedían e incluso Anuar, el autor del primer gol, falló otro a bocajarro. La sensación de desastre consumía al zaragocismo. Natxo tiró de Toquero en lugar de Eguaras en un claro cañonazo para matar moscas inexistentes, en un gesto que demuestra que el entrenador ya no tiene un plan, sino que todo obedece a la desesperación. Sin embargo, fueron estos minutos los que dieron las únicas sensaciones de ser un equipo con amor propio. Borja remató de cabeza un centro de Pombo y a los pocos minutos Kiko Olivas le hizo un claro penalty al propio Iglesias que el gallego transformó logrando el 3-2.

La noche era de cubo de basura futbolístico. El Zaragoza en absoluto merecía estar a un gol del Valladolid, pero este deporte tiene estas incongruencias. Incluso se rozó el 3-3 en las botas de nuevo de Borja, pero ni en esas tiene fortuna o acierto el equipo de Natxo. Y con todo y eso, habrá que decir que no habría sido justo el empate, pues el equipo del Ebro no tiene ahora mismo ni brújula, ni norte ni Estrella Polar que seguir. Vuelve a casa con un único punto que describe perfectamente lo que es este equipo y nos muestra el camino a seguir. El de la resistencia, el del “sí se puede” pero para evitar el descenso. El del cierre de filas ante la llegada del enemigo a las puertas de la ciudad amurallada, pero teniendo en cuenta que el enemigo del Real Zaragoza es el propio Real Zaragoza. 

Foto: http://www.aupazaragoza.com

Ficha técnica

Real Valladolid:
Masip; Antoñito, Kiko Olivas, Deivid, Javi Moyano; Borja Fdez, Anuar; P. Hervías (Gianniotas, 78′) Toni Villa (Cotán, 86′) Óscar Plano (Iban Salvador, 90′); Mata

Real Zaragoza:
Cristian; Benito, Mikel (Guti, 35′), Grippo, Ángel; Eguaras (Toquero, 74), Zapater, Papunashvili (Pombo, 53′); Febas, Vinícius y Borja Iglesias.

Goles:
1-0: Anuar, 4′. 2-0: Mikel González (p.p), 6′. 3-0: Jaime Mata, 37′. 3-1: Borja Iglesias (39′). 3-2: Borja Iglesias (78′).

Árbitro:
Bikando Garrido (Colegio vasco), amonestó a Papunashvili (34′), Raúl Guti (81′), Febas (78′) y Mata (93′).

Incidencias:
Partido de la 20ª jornada de LaLiga 123, disputado en el estadio José Zorrilla ante 5.559 espectadores.

Puntuaciones

Cristian: 2. Recibió tres goles y poco pudo hacer.
Benito: 0. Mal en defensa, mal en ataque.
Mikel: 0. Los dos primeros goles contaron con su participación.
Grippo: 1. Lento y descolocado.
Ángel: 0. Mal en defensa, mal en ataque.
Zapater: 1. Ni en el centro del campo ni en defensa. No estuvo.
Eguaras: 1. Inexacto y débil en el gobierno.
Papu. 1. Nervioso e incierto.
Febas: 1. Inestable e inacabado.
Vinicus: 1. Insustancial, no aporta solcuiones.
Borja: 2. Sigue su lucha en solitario. Goleó por partida doble.
Giti: 2. Guerrero y disciplinado.
Pombo: 1. Lento y poco decidido.
Toquero: 2. Trabajador y colaborador.

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