Tacita amarga (Real Zaragoza, 0 – Cádiz, 2)


Zapater08Hoy es un día pesado, gris, macilento. Un día que hay que masticar si eres zaragocista y sientes el blanco y azul de una Historia legendaria que no nos ampara. El Real Zaragoza cayó derrotado ayer ante un equipo, con perdón, vacuo, mediocre y simple pero ordenado, disciplinado y obediente. Si esta afirmación es cierta, convierte al equipo de Natxo González en más vacuo, más mediocre y más simple además de desordenado, indisciplinado y desobediente. Un mal equipo, en fin.

   Añadamos a esto que el colectivo arbitral ha tomado una decisión inconsciente que va en la dirección de destrozar los nervios de los fláccidos jugadores zaragocistas hasta que los saca de punto con sus arbitrajes. Y eso lo hizo ayer muy bien Cordero, un mal árbitro que, para ser justos, le perdonó la vida a Papu en los 5 primeros minutos por sendas entradas fuera de lugar. Y ese desmedido impulso de algunos jugadores zaragocistas lo aprovechó después para marcar una injusta línea de penalizaciones. Blanco, falta; amarillo, me lo pienso. Blanco, tarjeta; amarillo, me lo vuelvo a pensar. Blanco, me pongo chulo; amarillo, somos colegas. Y eso es demoledor para un grupo de jóvenes e inmaduros jugadores abrumados por el peso de un escudo que acaba devorándolos partido a partido. Hasta la demolición total.

   El partido comenzó con un equilibrio calculado por parte de ambos eq     uipos. Más empuje, ímpetu y descontrol en el bando local; más orden, tempo y sabiduría en el forastero. El Zaragoza le plantaba cara al equipo de moda, que ya es triste decirlo por lo que mostró, e incluso se acercaba con cierta galanura al área de Cifuentes. Como prueba, el gol de Vinicius anulado justamente por fuera de juego.

   El partido estaba aburrido, mortecino. No había fútbol, no había ideas. Pero sí poco talento, como el que demostró Verdasca al provocar su expulsión por bocazas. Ante un árbitro que hace de la chulería una forma de estar en el mundo no se puede, no se debe emplear el insulto. Y lo pagó el equipo al quedarse con diez. Natxo quitó a Vinicius y puso a Valentín de central, en el ánimo de cementar la defensa y tratar de aguantar el envite. Esto se consiguió, pues el equipo no se desarmó y el Cádiz tampoco supo jugar en superioridad.

   En la libreta tenemos anotado un chut de Borja en el minuto 4, en el 7 una mala volea de Garrido, un disparo de Salvi desde lejos y una media vuelta de Barras en el 15. Muy poco más, salvo alguna llegada de los extremos gaditanos, auténtica seña de identidad de un equipo que ha subido a la cima con dos o tres ideas bien ejecutadas y poco más. Así está la categoría.

   Se llegó así al descanso, con 0-0 y con un partido muy abierto con clara ventaja para el equipo andaluz. La reanudación mostró un paisaje ya visto en la Basílica en los partidos frente al Nàstic u Osasuna, osea. Un Zaragoza replegado y muy ordenado y un Cádiz volcado con la idea de tocar y tocar hasta abrir un boquete en la defensa aragonesa. Y lo consiguió muy pronto. En el minuto 7 Abdullah habilitó a Álvaro quien regateó a Cristian y su chut tras golpear en el poste fue introducido en la portería por Valentín. Lo del perro flaco, ya se sabe.

   Otro jarro frío sobre el corazón zaragocista, cuya hinchada reaccionó con cánticos de apoyo y lamentos de resignación, que de eso vamos bien servidos. Pero el repertorio de desgracias aún nos guardaba alguna más. Después de un par de jugadas en las que el Cádiz llegó ante Cristian con resuelta facilidad, este protagonizó una salida muy mal gestionada junto a Valentín y un gesto reflejo le llevó a utilizar la mano fuera del área. Roja directa.

   Saltó Ratón al terreno de juego en lugar de Febas y contrariamente a lo que supusimos que iba a ocurrir, el equipo se vino arriba y comenzó un heroico asedio al área del Cádiz, cuyo entrenador se desesperaba ante la torpeza de los suyos, incapaces de gobernar un partido con dos jugadores más. Fueron los minutos más intensos de la noche y casi de la temporada. Sin una mala idea que proponer sobre el césped, el Zaragoza tiró de corazón y de orgullo y elaboró varias jugadas en las que parecía que lo que rodaba era un corazón blanco y azul en lugar de un balón amarillo. Borja estuvo a punto de golear en una jugada de Papu que rechazó un central y los chicos de Natxo se conjuraron con una mirada para morir en el empeño. Acordonó el área gaditana y mantuvo la llama del empate bien viva, esfuerzo que recompensó la afición con su apoyo incondicional.

   Los de Álvaro Cervera sufrieron incomprensiblemente cuando tenían todo a favor: el resultado, la superioridad numérica, que no futbolística, y la actuación de Cordero que cerró una de esas actuaciones memorables que llevan a algunos árbitros a Primera. Hasta que la lógica se impuso y en un nuevo contraataque Salvi se escapó rozando el fuera de juego y proporcionó un balón medido a Romera que fusiló sobre su propia carrera. Era el 0-2 y el final de la agonía.

   El Zaragoza no jugó bien, sus jugadores cometieron errores impropios de futbolistas profesionales, tuvo al árbitro como contrincante y jugó ante un equipo al que le ha tocado la varita de la incomprensible Fortuna. Todo eso es verdad. Pero también es cierto que se dejó el alma en cada brizna de césped de la vieja Romareda y eso lo premió una desdichada afición que ya no sabe en qué creer, en quién confiar y cómo encontrar un camino. Una afición con la fe destruida por tanto dolor que hará bien en olvidarse de un mañana feliz. De momento, tenemos un presente destruido. Objetivo, seguir vivos.

Foto: Jaime Galindo / Javier Belver

CALIFICACIONES

Cristian: 2. Partido discreto ensuciado con su expulsión.

Delmás: 3. Luchó y trabajó con denuedo.

Grippo: 2. Su lentitud le crea problemas. Su mejor baza, su colocación.

Vardasca: 0. Hasta que lo expulsaron, irregular. Su torpeza condenó al equipo.

Ángel: 1. Muy lento e inseguro.

Zapater: 2. Se le vio un tanto torpe e inestable. Sufre mucho con su Zaragoza.

Eguaras: 2. Bien en el manejo, aunque se le vio algo errático.

Febas: 1. No está. Recibe muchas tarascadas y su estilo ya no sorprende.

Papu: 1. Muy acelerado y brusco, necesita más tranquilidad.

Vinicius: 1. Es un jugador diesel. Precisa más recorrido para asentarse.

Borja: 2. Está desactivado por los contrarios. Tiene que cambiar su registro.

Valentín: 1. Muy flojo en la salida y vulnerable en defensa.

Toquero: 1. Luchador pero ineficaz.

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