Venga la esperanza (Sporting, 0 – Real Zaragoza, 1)


Delmás_02Cuando vi el gesto de indiferencia de Cristian pensé que el mundo se me venía encima. Su mirada perdida, sus brazos caídos y el número 87 que marcaba el minuto de partido eran tres argumentos negros que amenazaban una lluvia de humo. Todo había parecido muy bonito hasta ese momento y por eso mismo nos temimos lo peor. Un partido herrumbroso, jugado a cara de perro hambriento y que se había puesto de cara estaba a punto de convertirse, una vez más, en una bofetada de alambre en la cara del zaragocismo. Porca miseria.

   Pero ocurrió. El portero rosarino le mintió al destino. Con una estirada noi tan esforzada como inteligente adivinó el lugar donde Michel Santos había decidido enviar el balón y aún tuvo arrestos para rechazar el posterior remate de Pablo Pérez. Era el colofón a una magnífica actuación que valió casi los tres puntos.

   Decimos casi porque el gol de Delmás también vale su peso en oro. Un gol que eleva al aragonés a la categoría de promesa cada vez más cerca de ser una brillante realidad, pues ayer fue uno de los destacados en un grupo que mostró algunos problemas pero también varios signos de recuperación. Una mezcla que no deja contento a nadie pero satisface a todos si se logra la victoria, aunque sea de forma agónica y al límite.

   Natxo apostó por un equipo muy parecido al del partido ante el Reus. Posiblemente el vitoriano tomó una drástica decisión tras la debacle de Almería: no hay que encajar un gol al precio que sea. Ocurrió ante el Reus y volvió a suceder ayer. Para lograrlo acudió a un cambio de dibujo que lleva al equipo a presionar más arriba, a construir un edificio con un delantero más, pues si se tiene el balón es más difícil encajar. Claro que para que eso ocurra el compromiso de los jugadores tiene que ser muy alto. Mientras se puede, se hace y eso ocurrió durante los primeros veinticinco minutos.

El Zaragoza manejó el partido porque se quedó con el balón. Y así fue como logró un cierto dominio ante un Sporting doblegado por el control zaragocista y por su propia inseguridad. Hasta tres ocasiones fabricó en la primera media hora, ninguna muy clara pero sí suficiente para señalar el territorio. Sin embargo, en un momento dado el equipo se apagó. Algo ocurrió para que el Sporting recuperase el mando y acomplejase al equipo aragonés de tal manera que solo las grandes paradas de Cristian evitaron que el gol subiese al casillero asturiano.

   Se llegó al descanso a duras penas y el segundo tiempo se asomó con un guión no muy alentador. Y eso que la presencia y el trabajo de jugadores como Vinicius y Papu habían otorgado al equipo un cierto cuerpo desconocido en las últimas jornadas. También Eguaras, con su pulso y su tempo, había contribuido a que la propuesta zaragocista ofreciese algunos destellos de seriedad, así como la audacia y generosidad de Delmás, muy importantes en esa primera parte de la primera parte. Pero por encima de todos un extraordinario Cristian se erigió en héroe de la noche con varias paradas de gran mérito. Y lo que le quedaba por protagonizar.

   La segunda parte comenzó con un claro gobierno asturiano. Los de Natxo no encontraban la manera de contrarrestar a un Sporting deshilachado y con su público en contra. Aun así, los errores de unos y otros daban opciones a los delanteros, aunque estos no encontraron la forma de batir a los porteros. Michael Santos, Zapater, Rubén García fueron algunos de los que se acercaron al gol pero el único que lo logró fue el inédito Delmás. Un corner muy bien ejecutado por Eguaras lo interpretaron muy bien Vinicus y Zapater quienes con su movimiento permitieron a Delmás rematar espléndidamente y lograr el único gol. Era un premio muy deseado, lejos de la justicia y de la injusticia a la vez, y muy celebrado por los blanquillos. Se abría una brecha enorme entre el Zaragoza timorato de otras jornadas y el de ayer, que defendía con uñas y dientes su portería seguro con las intervenciones de Cristian.

   El partido moría y Paco Herrera acabó de incendiar el Molinón con sus decisiones, lo que trató de aprovechar el Zaragoza. Pero a poco del final un nudo atenazó el corazón del zaragocismo. Verdasca provocó un penalti y todo parecía derrumbarse. Otra vez a poco del final. Otra vez nos temimos lo peor. Sin embargo, Cristian le borró la sonrisa al infortunio. Detuvo el penalti le dio los tres puntos que había cosido Delmás con su remate. La explosión de alegría fue de una intensidad extraordinaria, lo que venía a certificar que el partido de ayer no era un partido más, sino que el vestuario lo vivió con una intensidad inusitada que quiere decir muchas cosas. Mucho trabajo detrás, como expresó Natxo en la rueda de prensa. Y el alivio que nos acompaña durante esta semana. Bienvenido.

CALIFICACIONES

Cristian: 5. Ayer le dio tres puntos al Zaragoza.

Delmás: 3. Tuvo dificultades en defensa, pero en ataque cumplió. Y goleó.

Grippo: 2. Irregular aunque comprometido.

Verdasca: 2. Peleón en medio de sus altibajos.

Ángel: 1. Muy débil en la defensa de su banda e irrelevante en ataque.

Zapater: 3. Trabajador y atento en el corte.

Eguaras: 3. Melódico y clarividente en el gobierno.

Papu: 3. Vertical y osado. A veces, individualista.

Febas: 2. Menos protagonista que hace tiempo, trató de desbordar.

Vinicius: 3. Ayuda a completar una mayor presencia en ataque. Voluntarioso.

Borja: 3. Muy comprometido y presente en todo el frente de ataque.

Benito: 2. Le dio algo más de cuerpo a la banda.

Guti: 2. Armó el centro del campo y colaboró en el final.

Valentín: S.C.

 

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