Pertinaz sequía (Real Zaragoza, 0 – Reus, 0)


 

Febas_01Una nueva bofetada a la mejilla del zaragocismo. Después de una semana arenosa en la que ha habido más palabras que fútbol, el Zaragoza se presentó ante sus desilusionados fieles con la obligación de borrar la vergüenza de Almería. Se esperaba una respuesta del entrenador en forma de cambios en la alineación y modificación en el discurso futbolístico, una narración elocuente que calmase la desazón de la hinchada y ofreciese soluciones. Y algo hubo. En lo que respecta a los hombres elegidos el entrenador vitoriano propició la unión de Vinicius y Borja, al tiempo que devolvía a Verdasca al centro de la defensa y recuperaba a un Eguaras añorado por parte de la afición y los medios. Y en cuanto a la propuesta de juego, también constatamos una ligera variante en cuanto a la intensidad y la rapidez de movimientos. Todo ello en medio de un terremoto interno más o menos oculto que anuncia edificios caídos y escombros que entorpecen la circulación de ideas, sensaciones y niveles de confianza propicios.

   Sin embargo, no fue suficiente para doblegar a un aburrido Reus que no necesitó esforzarse mucho para maniatar a los chicos de Natxo y que incluso se permitió el lujo de asustarles con algunas acciones de ataque sencillas. Breves amenazas que estuvieron a punto de provocar un incendio en la Basílica.

   El partido comenzó con algunos chispazos de rasmia a cargo del Zaragoza, pero fueron  pocos y en seguida los desactivó el Reus con su parsimonia, su buena colocación y sus mecanismos muy bien aprendidos. Aunque comenzó atascando la salida del balón del Zaragoza, en seguida se vio que su plan era acumular hombres en el centro del campo para impedir que la nueva propuesta de Natxo obtuviese frutos: que Vinicius y Borja aligerasen la llegada de balones al área. Esto lo consiguieron hasta en tres ocasiones. Primero Papu, con un remate involuntario tras chut de Febas que acabó en el palo. Después Borja, con un chut fortachón que Edgar desvió sin problemas y por último Febas de nuevo, con un disparo envenenado que llevaba sello de gol pero que Edgar desbarató con una magnífica parada. Cerca del minuto 45 un centro chut de Delmás estuvo a punto de rozar el gol tras dar en el larguero, pero ahí quedó todo.

   No era mucho pero tampoco era poco. Atrás el Zaragoza tenía el portal bien guardado y aunque el balón no fluía con naturalidad sí era capaz de construir jugadas con cierta verticalidad que, en otros momentos, y si la suerte acompaña, pueden llegar a traducirse en gol. No de forma limpia, no por extremo merecimiento, pero esto del fútbol muchas veces tampoco precisa de más explicaciones. No fue así y se llegó al descanso con un empate a cero que anunciaba que en la segunda parte habría que seguir prolongando el plan elegido.

   Las sensaciones daban para un moderado optimismo. En la grada y en las tertulias se coincidía en que era un partido que se podía ganar a poco que se lograse un gol. La pregunta era dónde encontrar el germen de la fertilidad. Comenzó la segunda parte con un ritmo más anodino por parte del Zaragoza. Se vio, sobre todo, que Febas y Vinicius habían perdido el brillo y en este equipo el catalá y el brasileiro son dos piezas que cuando se desactivan perjudican notablemente la maquinaria. Viviendo de la inercia de la primera parte Borja contó con una buena oportunidad a pase de Ángel, pero su chut salió desviado. Habría sido muy importante haber aprovechado alguna de esas ocasiones, como ocurrió ante el Rayo, porque en esta Liga un único detalle es la mejor red para capturar en aguas bravas. Como eso no ocurrió, parecía lógico buscar soluciones en el banquillo.

   Ya había tenido que lamentarse Natxo de la lesión de Mikel en la primera parte y ese contratiempo pareció nublar su entendimiento, pues no reaccionó a tiempo. Sí lo hizo su pupilo, López Garay, que acudió a su delantero Lekic para sacudir un poco más el partido. La grada, sufrida y siempre paciente, comenzó a reclamar algún cambio, sobre todo el de Vinicis, absolutamente bloqueado físicamente y porque su sociedad con Borja ya no funcionaba. Las situaciones de cierto peligro, escasas, surgían de forma inesperada en ambas áreas, pero el balón no parecía ayer dispuesto a dormir en ningún arco.

   La entrada de Toquero y Buff sirvió para activar un tanto al equipo y cada uno de ellos dispuso de sendas ocasiones que no fructificaron. Cuando parecía que el partido se ponía el maquillaje de los finales épicos, el Reus se vino muy arriba y acorraló al Zaragoza, que vio cómo su miserable punto también corría peligro de ser absorbido en un final agónico. Nada presagiaba un final amable. Afortunadamente, el equipo catalán es tan pobre en ataque como excelso en rigor táctico y sus jugadores no acertaron. Sí estuvo a punto de hacerlo Grippo en un remate de cabeza en el minuto 89, pero ocurrió como con Vinicius ante la Cultural: fuera por centímetros.

   Y fin. El partido no dio para más si bien pudo haberlo hecho. También pudo haber dado para menos. Natxo hizo una lectura positiva del choque, habló de cierta recuperación de estilo pero eso no basta, todavía, para darle una mínima alegría a una afición que una vez más volvió a casa con la barbilla junto al pecho y la espalda caída. Hará bien el mister en incidir en las cosas que han apuntado bien y seguir afinando el diagnóstico.

Foto: http://www.heraldo.es

CALIFICACIONES

Cristian: 3. Poco trabajo y bien resuelto.

Delmás: 2. Pundonor y garra, además de mayor profundidad.

Mikel: 2. Correcto y sobrio. Se lesionó.

Verdasca: 2. Limpio en sus acciones y justo en la salida.

Ángel: 3. Más largo en la banda y mejor ubicado en defensa.

Zapater: 3. Natxo lo liberó de conducir el balón y mejoró en la contención.

Eguaras: 3. Da limpieza y recorrido al balón. Necesita continuidad.

Papu: 1. Hábil pero atropellado, peca de individualista.

Febas: 2. Busca siempre la excelencia. A veces se embarulla.

Vinicius: 2. Su presencia agilizó las acciones ofensivas. Fija a la defensa.

Borja: 3. Luchó mucho y contra muchos. Le faltó definir.

Grippo: 2. Ajustó los cierres y aportó en jugadas de estrategia.

Toquero: 3. Jugó poco pero con intensidad. Muy activo.

Buff: 2. Aportó frescura y filtró balones.

 

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