Qué frío es el infierno (SD Huesca, 3 – Real Zaragoza, 1)


Las tropas de Al-Musta-in II llegaron en 1096 desde Zaragoza a combatir en la batalla de Alcoraz donde fueron derrotados estrepitosamente por Pedro I. Y muy cerca de ese lugar ayer los guerreros de Rubí destrozaron a las deshilachadas huestes de González en un combate desigual y humillante cuyo recuerdo nos va a doler durante mucho tiempo. Un choque en el que unos pusieron el juego, el esfuerzo, el talento y el compromiso y otros sucumbieron en su desgana, apatía, holgazanería y vacuidad. Un partido que el zaragocismo incorpora a su memoria como un ejemplo más de vergüenza futbolística, otra mancha en el alma hecha jirones de una afición que ayer recibió una ignominiosa puñalada en su dignidad.

   Toquero_04   Natxo propuso un partido de equipo menor. Con su planteamiento le dijo al mundo, nos dijo a todos que somos una mota de polvorienta miseria que no debe tener la osadía de plantarle cara a un equipo, el Huesca, que hoy por hoy es infinitamente superior. Y que como es mucho mejor hay que ir al Alcoraz temerosos de Dios. El mister ya había hablado de que habría que sostenerse con uñas y dientes ante las furiosas acometidas que, seguro, los oscenses nos regalarían los primeros minutos. Por eso, armó al equipo con la presencia de Ros y Guti al lado de Zapater y renunció a jugar al fútbol. Le dejó la responsabilidad de crear juego a un Toquero demasiado aislado y a un Borja inexacto que no pudo conectar ni un solo remate decente. Lo demás, una sinfonía perfectamente interpretada por una orquesta azulgrana armonizada y perfectamente ensamblada que huele a propuesta envidiable.

   Seguramente si un aficionado viese al Real Zaragoza ayer por primera vez no se creería que este equipo ha protagonizado otros partidos en los que ha sido capaz de defender con criterio, de manejar el balón en combinaciones sensatas, de filtrar ideas en medio de marañas oblicuas. Y no se lo creería porque el grupo que ayer saltó al Alcoraz no se reconoció en ningún momento. Faltaron varias piezas que habían sido claves hasta ahora y, sin decir nombres, todos los echamos de menos desde el primer momento. Parece mentira que la ausencia de dos o tres jugadores sea tan determinante y desequilibre tanto, pero ayer lo pudimos comprobar. El Zaragoza no fue el Zaragoza, se travistió y perdió la honra.

   Si enfrente tienes a un equipo que se mira al espejo y sabe quién es y además se reconoce en su belleza, fortaleza y sabiduría, poco, muy poco tienes que hacer. Salvo que te pongas detrás de tu propia imagen y le digas a tu oponente que tú también eres bello, fuerte y sabio. O, por lo menos, aspiras a serlo. Pero nada de eso se dio. El equipo zaragocista inició la travesía con un bajel lleno de agujeros en su cascarón y salvo una primera ocasión de Borja que marró inexplicablemente, el partido fue del Huesca. Cuando Melero cabeceó osadamente una falta lateral y logró el 1-0, el partido ya se dio por perdido. Nada salió bien porque nada podía salir bien. La defensa se mostraba frágil en los laterales, Zapater luchaba lo indecible pero Ros se empeñaba en darle la razón a quienes piensan que no está para jugar y el resto del equipo echaba en falta a sus dos mejores jugadores en la sala de máquinas: Egauaras y Febas. 

   La segunda parte sirvió para profundizar en el desastre. Vinicius salió en lugar de un mortecino Buff, que incluso se oyó algún silbido de su angustiada afición, pero no sirvió de nada. Cuando Cucho remató a placer el segundo gol la debacle ya asomaba la patita por las cuatro esquinas de El Alcoraz. Ni siquiera la obra magistral de Zapater consiguió enganchar al equipo a la equipo. No había forma de activar ningún desfibrilador, porque en seguida de nuevo Cucho lograba otro gol, excelente por cierto, para dejar las cosas bien claras.

   Los jugadores zaragocistas no solo jugaron un mal partido, sino que vinieron a decirnos que algunos de ellos no están bien preparados para esta empresa. Y Natxo se equivocó. Él mismo lo reconoció en la sala de prensa y lo mejor que nos puede pasar es que escuchemos sus palabras una y mil veces y luego escuchemos las de Toquero una y dos mil veces y luego escuchemos a la afición cantar el himno al final del partido. Una y un millón de veces.

Foto: http://www.sporthuesca.com

CALIFICACIONES

Christian: 2. Falló en el primer gol y luego detuvo tres buenos balones.

Benito: 0. Lento, torpe y desajustado.

Mikel: 3. Cortó y corrigió varios errores defensivos. Estuvo serio.

Verdasca: 2. Le pudo el partido y la situación. Lo intentó, pero sin jerarquía.

Alain: 1. Su lateral fue un paseo dominical muy bien aprovechado.

Zapater: 4. Trabajó por todos y se dejó el alma. Metió un gol extraordinario.

Ros: 0. No jugó al nivel que requería la situación.

Guti: 2. A pesar de su juventud, aportó esfuerzo y tesón.

Toquero: 3. Estuvo en todas las batallas pero no encontró aliados.

Buff: 0. Desaparecido y muy poco trabajador.

Borja: 2. Muy solo, trató de guerrear por su cuenta. Falló un gol fácil.

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