El Cielo nos espera (Real Zaragoza, 1 – At. Osasuna, 1)


celebrando_un_golLa Basílica lució ayer hermosa y galana. Acogió un partido de fútbol enorme, de esos que aprietan el corazón y dejan exhausta el alma. Lo fue antes del pitido final, cuando
Zaragoza y Aragón entero suspiraban porque llegase el momento del choque. Lo fue
mientras rodó el balón, con unas gradas henchidas de orgullo nunca perdido aunque dormido desde hace demasiado tiempo. Lo sigue siendo horas después de echar el telón, aún presente en el viento de la ribera la pasión que ayer abrasó al zaragocismo.

Fue el partido frente a Osasuna una batalla noble e igual. Ante un rival monumental
que huele a zona noble por mucho tiempo y que llegó a la capital aragonesa con los
oropeles de líder poco tratable, el equipo de Natxo González planteó un duelo de igual a
igual aún sabiendo que el forastero era más fuerte. No temió el vitoriano plantear una
idea atrevida, osada incluso. Tampoco evitó la pugna legítima, sabiendo que los
primeros minutos de los navarros vendrían a la grupa de vendavales imparables. Supo
sostenerse el equipo y detener los embates del contrario para, a partir del minuto 15,
reelaborar su plan e iniciar la construcción de un partido de sabor blanquillo.

Cuando la defensa logró sujetar el choque, la segunda línea activó sus argumentos.
Reúne el Zaragoza mucho talento en las botas de Buff, Papu y, por supuesto Febas. Los
tres, con la grandiosa aportación de Borja Iglesias, esa locomotora que abre caminos de
hierro hacia el Este y el Oeste, el Norte y el Sur, habilitaron ingeniosos movimientos en
la zona de tres cuartos, logrando varias llegadas muy interesantes al área de Herrera. El
portero navarro agitó los mares ausentes con dos paradas de enorme calidad que
impidieron que se abriera el marcador. Todo lo que sucedía en el campo ayudaba a
elaborar un espectáculo para recordar e incluso las dos aficiones vivieron un intenso
pero caballeroso duelo con sus cánticos sin llegar a la violencia verbal de otras
ocasiones. Eso sí: la hinchada zaragocista lució como en las mejores ocasiones, en un
claro guiño a lo que muchos sentimos como un partido de Primera.

El choque se partió en el minuto 43 cuando Buff fue derribado por Fran Mérida en el
área. Penalty y eclosión. La Romareda estalló en un grito de inacabable entusiasmo al
ver a su enemigo doblar la rodilla. Es lo que ocurrió cuando Borja, siempre Borja, rasgó
la red osasunista. Delirio.

El descanso fue un momento aprovechado por ambos entrenadores para acoplar sus
fuerzas y reiniciar el camino. Se veía venir que Osasuna iba a tomar el mando del
enfrentamiento y el Zaragoza afrontaría la segunda parte tratando de contener el
tornado rojillo. Ese era el guión y así lo interpretaron los actores. Cada ataque navarro
era contrarrestado con orden y concierto por los locales y cuando podían, procuraban
romper el fornido espinazo contrario con la velocidad de Papu y la inteligencia de Buff.
Natxo introdujo a Pombo, Toquero y Guti para refrescar la línea de vanguardia,
tratando, al mismo tiempo, de contener con mayor prestancia las peligrosas oleadas
ofensivas del contrario. Y es que el equipo iruñarra cada vez lo tenía más claro y lo veía
más cerca. Y llegó.

Tuvo que ser un corner, un balón parado de esos que tanto daño le hacen al Zaragoza.
Oier buscó el primer palo y Zapater, ayer imperial una vez más, no pudo amortiguar el
ingenioso remate. Fue el gol del empate, pero el zaragocismo mantuvo el pulso firme y
continuó al lado de los suyos. Con más razón, con más razones si cabe. Porque enfrente
estaba Osasuna, sin duda el gigante de la categoría en estos momentos, que no cejó en
su empeño y prolongó el asedio con aliento metálico. Los cánticos atronaban en la noche
aragonesa y esa atmósfera cómplice acompañó a los chicos del león hasta el último
minuto.

Si no se puede vencer, empatar. Esa verdad se ha hecho grande entre nosotros
este año, y aunque aún se dispuso de una ocasión a cargo de Guti y Pombo, se llegó al
final con un empate de oro que refuerza a un equipo generoso y a una afición
enamorada que ayer disfrutó de una noche de fútbol a lo grande. Ni siquiera el lunar de
la expulsión de Pombo puede empañar lo que ayer vivimos en la Romareda, una fecha
que ojalá recordemos dentro de un tiempo como uno de esos peirones que jalonan los
caminos aragoneses. El que nos tiene que llevar a conocer horizontes de grandeza.

CALIFICACIONES
Christian: 4. Sereno y maduro.
Delmás: 4. Esforzado y solidario.
Mikel: 4. Ecuánime y preciso.
Verdasca: 3. Generoso y cumplidor.
Zapater: 4. Grandioso y comprometido.
Eguaras: 3. Canalizador y referente.
Papu: 4. Rápido y vertical.
Febas: 4. Inteligente e inquietante.
Buff: 4. Comunicativo y técnico.
Borja: 4. Potente y audaz.
Pombo: 2. Osado aunque incompleto.
Toquero: 3. Guerrero y mordaz.
Guti: 3. Atrevido y turbador.

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