Nos conoce, nos conoce (Real Zaragoza, 1 – Nàstic, 1)


ToqueroLa noche de ayer quedará marcada a fuego y silbato en la historia zaragocista como un ataque al corazón de un club grande y señor. Y como una agresión a una afición humilde y humillada por tirios y troyanos. Estábamos acostumbrados a sufrir muchas injusticias, pero lo del partido ante el Nàstic es un capítulo putrefacto que hace mucho daño no solo a un club y una afición, sino al deporte en general.

El Real Zaragoza logró empatar cuando todo estaba en su contra. Jugó una primera parte muy digna, en la que el equipo aragonés prolongó el desarrollo de una idea futbolística que enamora a los suyos aunque aún no ha logrado los frutos merecidos. Natxo González dibujó un partido propicio, con una apuesta valiente y muy bien estudiada y el plan le salió muy bien. La defensa ha ganado mucho con la presencia de Mikel González y esa consistencia le otorga a la medular una mayor amplitud de acciones.

Zapater cada día es más Zapater y Eguaras, con los números en la mano, es un jugador que actúa con acierto en el pase y gobierna bien los tiempos. Por delante, el Zaragoza dispone de una propuesta tan atractiva que a poco que la nave se equilibre puede llevarnos a buen puerto.

Fueron 45 minutos en los que brillaron con luz propia y ajena Febas y Buff y en los que Toquero y Borja provocaban que los chicos de Rodri entraran en pánico cada vez que comenzaba a circular el balón en la línea de tres cuartos catalana. Pero con lo que no contábamos los amantes del deporte y del fair play era con que los jugadores del Nàstic decidiesen en referéndum oculto que ayer todo valía y que el uso de la fuerza es un argumento favorable, sobre todo si se cuenta con la complicidad de un árbitro inepto, injusto y mal intencionado. Febas sufrió varias agresiones que quedaron impunes, Borja vio una tarjeta amarilla por nada, Eguaras recibió las malas artes de Abraham y, en general, el equipo sufrió una persecución extrema por parte de Figueroa Vazquez.

Toquero logró el primer gol. Fue a la salida de un corner magistralmente rematado por el vitoriano, que logró que fuera estruendosamente celebrado por la hinchada y por una emocionada Basílica completamente enganchada a su equipo. Algo especial está ocurriendo este año cuando no se acaba de lograr la victoria pero su juego provoca un entusiasmo irredento entre los zaragocistas.

El partido era local. Tenía el gesto de los hijos del cierzo estampado en cada jugada, en cada movimiento táctico, en cada acción técnica. Los chicos del león se sabían el guión de memoria y a la teoría le sumaban un derroche físico inconmensurable. Todos juegan y se la juegan. Todos corren y acompañan. Todos se abrazan al amigo sin calibrar el sacrificio propio. Este equipo huele a equipo y su gente lo sabe. Por eso, cuando la miseria se acuesta en la orilla de la sexagenaria Romareda, la injusticia sabe a hiel.

Era el minuto 43. El Zaragoza se disponía a ejecutar un corner cuando el portero del Nàstic, de nombre Dimitrievsky, acuérdese el juez, se tiró al suelo con gestos exagerados y de muy mal perfil. Mal deportista. Tramposo y mendaz. Y el árbitro, que estaba deseando que algo así ocurriese, extrajo su tarjeta amarilla que significaba la expulsión de Borja. El graderío estalló. No cabía más humillación, mayor felonía.

El partido estaba roto, pero no el alma del Zaragoza. Natxo dispuso un 4-3- 2 para
afrontar una segunda parte que se presumía interminable. Obligó con su gesto táctico al Nàstic a llevar el balón a las bandas, donde tanto Delmás y Eguaras por un lado como Ángel y Zapater y luego Guti cumplieron una tarea hercúlea. Al mismo tiempo Buff y Toquero y luego Papu eran los encargados de provocar la inquietud en la defensa tarraconense.

El plan estuvo a punto de cumplirse heroicamente. El equipo resistió valientemente y entre todos ellos habrá que mencionar a Christian, un portero maduro, solemne y creyente que ayer le dio al equipo mucho con sus paradas y su estabilidad emocional. Estuvo a punto, ciertamente, pero las deleznables decisiones de Figueroa Vazquez acabaron por derribar la defensa aragonesa que vio cómo llegaba el gol del empate en el minuto 43. No importó. El equipo tiene a su afición. Y lo más importante: la afición tiene, por fin, a su equipo. Y amigos: este amor no se toca.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES
Christian: 4. Gran actuación. Realizó varias buenas paradas.
Benito: 3. Mientras estuvo, trabajó bien en defensa y lució en ataque.
Mikel: 4. Serenidad, calma y experiencia.
Verdasca: 3. Junto a Mikel crece como central.
Ángel: 3. Buen trabajo en ambas facetas.
Zapater: 4. Excelente labor de cobertura y de equilibrio.
Eguaras: 4. Consolidó el centro del campo y manejó los tiempos.
Febas: 4. Tiene magia y es generoso. Desquicia a los rivales.
Buff: 3. Su clase la acompaña con su esfuerzo y compromiso.
Toquero: 4. De nuevo gran partido. Lucha y vence. Y golea.
Borja: 3. Su capacidad de desgaste es enorme. Se entrega en cuerpo y alma.
Delmás: 3. Rápido, esforzado y valiente.
Guti: 3. Está dándole la razón a Natxo. Llega a casi todo y es descarado. Crece cada día.
Papu: 3. Cada vez que coge el balón compromete a tres defensas. Tuvo el 2-0.

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