Seremos felices un día (Girona, 0 – Real Zaragoza, 0)


Estoy seguro de que mis lectores entenderán que esta crónica esté tan vacía como el partido que ayer no disputaron el Girona y el Real Zaragoza. Un choque vacío de juego pero lleno de necesidad para ambas partes, pues tanto los catalanes como los aragoneses buscaban ayer objetivos en los que les iba la gloria y la vida, respectivamente. Hablar de fútbol es imposible, pues ayer no se dirimía un enfrentamiento deportivo. Más bien hablaremos de un momento y un espacio de urgencias históricas en los que ambos clubes se jugaban su futuro, sobre todo el zaragocista.

   Pedro Machín ya había salido a la palestra para expresar que el punto le sabría a gloria. No hizo falta ser muy espabilado para comprender que no íbamos a encontrarnos con un equipo aguerrido que le disputase a los de Láinez los tres puntos, pero como en esto del fútbol nunca se sabe, no faltaron los chistes que hablaban de lo torpes que somos y que a ver si la liamos y nos metemos un gol en el último minuto en propia o cometemos un penalti estúpido a punto de acabar. En fin, nos hemos vuelto tontos todos con tanta desgracia.

  No hay manera de llenar dos líneas escribiendo sobre fútbol. Es que no hubo nada de nada. Ni siquiera disimulo. Que no me parece mal, ¿eh?, no se me malinterprete. Tengo apuntados tan solo un chut a las nubes de Silva que provocó la imagen de la temporada con ese gesto de coña marinera del inédito Samaras, un corner a favor del Girona porque José Enrique casi la lía y le golpeó al balón fatal y creo que nada más. Lo demás, un embrollo de pases laterales, horizontales y hacia atrás y algún amago de enfado por parte de los jugadores cuando el árbitro les pitaba alguna falta por haber rozado con el cordón de la bota a un contrario. Y fin.

   El broche de la temporada fue vergonzoso pero necesario. Ayer no se trataba de quedar como unos caballeros guardando las formas y compitiendo como si tal cosa. Ayer se trataba de salir del coma, de abandonar la UCI y comenzar a respirar por uno mismo. Y seguir viviendo. El gran Láinez lo explicó magistralmente: “No se le puede vender a la afición que es un día feliz. Se le puede vender a la afición que si vamos a ser felices algún día es por hoy. (…) Para alcanzar el éxito que ha alcanzado hoy el Girona era necesario que hoy el Real Zaragoza se salvara y que la persiana del club el próximo 1 de julio se elevara”. Después de leer esto, poco más queda por escribir.

   Son palabras certeras, inteligentes, serias, honestas. Como él. Podemos decir que una de las mejores cosas que le han podido pasar al club en los últimos tiempos es que Láinez haya cogido las riendas del equipo y haya construido un discurso tan coherente y ajustado. Del mismo modo que lo hizo en su momento Víctor Muñoz, cuando llegó al equipo y lo salvó de la ruina deportiva y, por tanto, económica. Entonces no hubo paciencia ni diagnóstico acertado. Esperamos que a la segunda vaya la vencida.

   Lo que ayer se cerró fue un aviso muy serio. No es cualquier cosa el hecho de haber salvado la categoría. Solo de pensar cómo estaríamos ahora en caso de haber caído derrotados, con un terrorífico partido ante el Tenerife, con una grada incendiada y unos jugadores devorados por la realidad, a uno le tiembla el corazón. Solo pensar en cómo deben estar ahora mismo el mallorquinismo y el elchismo a uno se le quiebra el alma. Por eso, amables lectores, déjenme respirar con alivio. Triste por la vergüenza vivida pero consolado porque la Historia nos da otra oportunidad.

   Hoy comienza la temporada 2017-2018. Hemos aprendido mil lecciones y solo espero que entre todos sepamos encontrar los caminos adecuados para construir un proyecto cuyo término final sea esa felicidad de la que habló ayer Láinez. Porque es bien cierto que no hay futuro si no sujetamos el presente. No hay latidos en el mañana si hoy nos hubiera faltado el aire. Gracias, César. Nos has dado la vida.

CALIFICACIONES

Pongamos que hablo de todos y cada uno de ellos y no encuentro ninguna palabra justa. En todo caso aplaudo a Zapater y a Cani por su zaragocismo irredento, a Ratón por su honradez, a Ros por su honestidad, a Edu García por su generosidad y a Ángel por su compromiso. A los demás les pregunto qué les dirían ellos, como aficionados, a unos jugadores que nos han llevado donde ellos lo han hecho.

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