La delgada línea azul (Real Zaragoza, 1 – Getafe, 2)


   Pocas veces el zaragocismo ha podido sentir el vacío de una forma tan radical como ayer en la Basílica. Del paraíso de la primera parte al infierno de la segunda mitad. De la deliciosa ambición de los primeros 45 minutos a la decepcionante incapacidad que nos regalaron tras el descanso. De la esperanzadora ilusión que impregnó a la afición blanquilla al metálico baño de realismo que nos inundó a última hora del día.

   El Real Zaragoza mostró una vitalista versión de sí mismo en la primera fase de un encuentro muy complejo. Ante un Getafe duro y mal encarado supo oponer una propuesta inteligente y sacrificada, con la presencia de Casado y Cani como novedades en la alineación. Desde el primer momento asumimos que iba a ser un choque tintado de jugadas poliédricas en el que habría que hacerlo todo muy bien si queríamos salir vivos. En un principio la idea asomaba por la esquina del riesgo controlado. Decidir que Cani se sumase a la causa para dotar al equipo de más control y mejores atribuciones ofensivas contrastaba con la necesidad de mantener un adecuado equilibrio defensivo, pues el Getafe se asomaba al balcón de Ratón con mucho descaro y mil ideas que desarrollar.

   Los acercamientos a ambas áreas se sucedieron sin rubor y los dos equipos disfrutaron de ocasiones de gol. Bien por la impericia de los delanteros, bien por las intervenciones de los porteros, el marcador no se movía, si bien la tensión se mantuvo a lo largo de la primera fase. Cani, Edu Bedia, Pombo y Lanzarote masticaban las combinaciones con cierta osadía sin descuidar las coberturas, tejiendo una inteligente malla que envolvía al centro del campo madrileño eficazmente.

   En medio de semejante fragor, surgió el talento y la sabiduría de Cani, que le regaló un pase de diamante al mejor delantero de la categoría. Ángel recibió el regalo y no quiso decepcionar a su rendida afición, así que cruzó eléctricamente el balón y batió a Alberto. Era un premio jugoso que alimentaba ilusiones quizás desmedidas pero, en todo caso, legítimas y estimulantes.

   Sin embargo, nada más comenzar la segunda parte ya se vio que el camino por recorrer iba a ser durísimo y extraordinariamente largo. Bordalás arengó a los suyos y les afiló el cuchillo con el que salieron al césped de la Romareda. No había pasado ni un minuto y el Getafe ya había enseñado sus armas, que eran muchas y de calidad. Buen manejo del balón, excelentes transiciones y adecuada ocupación de espacios. Para defender semejante ataque hacía falta una cohorte de jugadores dispuestos mentalmente y capaces físicamente, pero el Zaragoza no disponía de semejantes herramientas.

   En esas llegó el empate. Una jugada revoltosa muy mal resuelta por la zaga aragonesa dio con el balón en los pies de Molina que solo tuvo que ejecutar el gesto para batir a Ratón. El partido estaba basculando hacia la propuesta del Getafe, así que Láinez trató de solventar el problema sustituyendo a Cani por Javi Ros. Claramente se veía que nadie se conformaba con el empate, aunque los de Bordalás parecían mejor dispuestos. Y sucedió que el infortunio se alió con el Zaragoza. Un remate de cabeza de Fuster fue a dar al palo para luego rebotar en Ratón y entrar mansamente en la portería. Fue un duro golpe. Se escapaba claramente la victoria, pues las sensaciones físicas de los locales eran muy pobres.

   A ello había que añadir que algunos jugadores como Edu Bedia y Casado habían bajado sus prestaciones respecto del primer tiempo, por lo que Láinez hizo los cambios obligado por las circunstancias, no porque considerase que había alternativas tácticas que incorporar. Eso es un hándicap y en un equipo tan justo con tantos déficits no deja de ser un problema añadido si hay que remontar un marcador adverso. Desde ese momento hasta el final, ni la aparición de Samaras ni el empuje de la afición pudieron lograr siquiera el empate final. No diré que Ángel la tuvo en la última jugada, pues su error, con ser grave, no nubla en ningún momento su enorme trabajo y la importancia de su juego y sus goles.

   Derrota dura, pero al fin y al cabo nada extraña si atendemos a la trayectoria del equipo a lo largo de la temporada. Ciertamente el zaragocismo ha llegado a sentir el perfume de la promoción a lo largo de esta semana, sobre todo porque ilusionarse es humano y necesario, pero la crudeza de la realidad es mucho más fuerte que la fuerza de los sueños. Por lo menos de momento.

Foto: LFP

CALIFICACIONES

Ratón: 4. Gustó su trabajo, su tranquilidad y su valentía en algunos momentos.

Isaac: 2. Sigue en su línea de trabajo y constancia, aunque ayer estuvo menos profundo.

Silva: 2. Los dos goles se produjeron en remates cerca del área pequeña, su territorio.

José Enrique: 2. El mismo diagnóstico que para Silva, si bien ofrece detalles técnicos de altura.

Casado: 2. Mostró altibajos, alternando aciertos con errores de bulto.

Zapater: 4. Incansable, omnipresente y protagonista.

Edu Bedia: 2. Fue de más a menos. Su déficit físico es un problema.

Cani: 4. Calidad, talento y compromiso.

Pombo: 3. Estuvo valiente, talentoso y presente.

Lanzarote: 3. Se muestra generoso, esforzado y con detalles de gran calidad.

Ángel: 4. De nuevo goleador y trabajador incansable. Aclamado por la afición.

Javi Ros: 3. Hizo un buen trabajo y entonó el centro del campo.

Samaras: 1. Está para pocos minutos a pesar de que tiene detalles de gran jugador.

Valentín: 2. Correcto en el corte y firme en la marca.

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