Si poco es suficiente (Real Zaragoza, 1 – Real Valladolid, 1)


La Basílica es sabia. Su césped ha acogido el brillo de centenares de jugadores mágicos. Cada uno de ellos ha hecho que tengamos un gusto especial por el fútbol inteligente, maduro, esculpido con cinceles de extrema belleza. Por eso, cuando uno de esos jugadores asoma por el horizonte de la vieja Romareda su gente lo reconoce al primer gesto, tras el segundo regate, después del tercer quiebro al destino. Eso, amable lector, ocurrió ayer. Lo viste, ¿verdad?

   El partido apenas había cumplido el minuto 15 y ya habíamos degustado más fútbol que en los últimos cinco partidos en casa. Nada para guardarlo en nuestra memoria, pero sí suficiente para hacer bueno algo que dijo Láinez esta semana: empezar a soñar con dejar de ver vídeos históricos y acudir al estadio zaragozano a ver fútbol. Herrera reconoció que el Real Zaragoza había ocultado el paisaje de su equipo a base de combinaciones y gestión inteligente de espacios. Ahí vino a decir que el equipo blanquillo tiene una propuesta. La que ayer nos regaló durante los primeros 50 minutos.

   Bien asociados en las zonas interiores del campo, con dos carriles francos para que sus laterales, más o menos afortunadamente, los recorrieran, el Real Zaragoza llegó a tener el balón en casi el 70% del tiempo. Buen recorrido y aceptable verticalidad. El Valladolid venía preparado, pero ese período fue un capítulo de dominio local en el que tan solo faltó el gol. Faltó Ángel.

   En apenas 900 segundos el equipo de Láinez disfrutó de hasta cinco ocasiones de gol, ninguna transformada porque Dongou no es el canario y los demás no acertaron. De todas ellas destacamos un magnífico chut de Pombo despejado por Becerra y un golpeo lateral de Lanza que se fue fuera por poco y que podrían haber cambiado el signo del partido. Sin embargo, quien se llevó el gol a su casillero fue el Valladolid, que aprovechó un contragolpe rápido para fusilar a Ratón tras un apurado despeje a disparo de Mata. Duro golpe que el Zaragoza se sacudió al cabo de unos minutos con el apoyo de su parroquia y la fe del carbonero que Láinez les ha insuflado. Fue tras un magnífico pase de Zapater que Lanzarote, listo como el hambre, aprovechó para batir a Becerra. Era el mal menor. Se había trabajado mucho y dignamente para disponer solo de un empate, aunque tal y como va la temporada la afición dio por buenas las tablas en el descanso como así lo demostró con los aplausos a los suyos.

   La segunda parte fue peor. El equipo zaragocista dio muestras de cansancio, lo que provocó que sus acciones, correctas y lejos del error, no fructificasen en nada positivo, pues no había chispa. En el centro del campo Edu Bedia, que había hecho una buena primera parte, se cayó y la conducción del balón corrió a cargo de un voluntarioso pero poco ágil Zapater. Láinez movió el banquillo dándole entrada a Cani en lugar de Lanza. El catalán andaba dolorido y el aragonés tenía que hacer su trabajo conectando con Pombo y surtiendo de balones a Dongou, pero este se diluyó en un bosque en el que no se encuentra a gusto si está solo.

   El partido entró en una fase de ritmo bajo, con mucho pase al pie pero con poca verticalidad. El Valladolid aceptó el empate como una buena noticia y a conservarlo se dispuso Herrera, que pobló su defensa con jugadores frescos y prestos a la lucha. Esa superioridad física acabó con las posibilidades zaragocistas. Los jugadores aragoneses dieron muestras de agotamiento físico y mental y Láinez tampoco contribuyó con sus decisiones. Eligió a Edu García para sustituir a Dongou pero esa opción no limpió el camino hacia la portería de Becerra. Aun así, el Zaragoza dispuso de tres ocasiones relativamente claras en la cabeza de Cabrera y las botas de Edu García e Isaac. De haber tenido el nivel de efectividad de la semana pasada, estaríamos hablando de una trabajada victoria ante un ordenado aunque discreto Valladolid.

   El punto es poco pero es más que nada. Si algo hay de cierto en esta paupérrima categoría es que cualquier botín, por miserable que sea, puede convertirse en agua salvadora en los labios del náufrago sin esperanza. Con ello nos quedamos y con la certeza de que este equipo es capaz de iluminar una breve sonrisa en el zaragocismo. Ese corazón blanco y azul , negro y amarillo, rojo como la sangre que nos queda y que sueña con seguir soñando.

Foto: Jaime Galindo (www.elperiodicodearagon.com)

CALIFICACIONES

Ratón: 3. Aún no nos da puntos, pero tampoco los regala. Correcto.

Isaac: 3. Profundo y rápido, su vehemencia en ataque le penaliza en defensa.

Silva: 2. Poderoso en el choque, ayer pecó de desordenado.

José Enrique: 2. Sus frivolités lo convierten en un defensa irregular.

Cabrera: 2. Más eficaz en el corte que en el manejo del balón.

Zapater: 3. Muy importante en la cobertura, buscó la salida del balón con acierto desigual. Gran pase de gol.

Ros: 3. Trabajador, bullidor y muy presente.

Edu Bedia: 3. Hizo una buena primera parte, pero el físico no le aguantó la segunda.

Lanzarote: 3. Más participativo y eficaz. Tuvo varias ocasiones. Goleó.

Pombo: 3. Tiene movimientos muy interesantes. Ahora mismo es titular.

Dongou: 2. No encontró su sitio. De forma natural buscó posiciones atrasadas.

Cani: 2. No encajó en la propuesta de partido.

Edu García: 2. Hizo lo que se le pidió, pero no es su lugar en el mundo.

Samaras: S.C.

 

 

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