Negra tengo el alma (Real Zaragoza, 1 – Sevilla At, 2)


El partido que ayer disputó el Real Zaragoza pasará a los anales de la historia. Por vergüenza, por dolor, por humillación. Por abismo, por acantilado, por fosa abisal. Si el zaragocismo mira hacia abajo comprueba que bajo sus pies no hay suelo que sostenga la catástrofe que nos amenaza después de tirar por la borda los últimos seis puntos con una actitud de los futbolistas lamentable y vergonzante y una actuación del entrenador deplorable.

   Fue deprimente escuchar a Raúl Agné después de sufrir una de las derrotas más dolorosas del equipo que ayer celebraba su 85 aniversario. Sus palabras, su lenguaje corporal y la escasa entidad de su trabajo nos dejaron una sensación de orfandad que aun ahora, al finalizar el domingo, golpea furiosamente nuestro maltrecho corazón.

   El partido de ayer fue un desastre de principio a fin. Solo se salvan unos quince minutos de la segunda parte gracias a un cambio de actitud de los jugadores después, sobre todo, de la salida al campo de Cani y el novel Raí. Lo demás, un saco de despropósitos que nadie pudo amortiguar. Ni Rodri desde la banda, ni Agné desde su trinchera ni los jugadores desde el césped ofrecieron ni un gramo de fútbol al choque frente a un grupo de aguerridos y talentosos jóvenes que bailaron al equipo aragonés durante toda la primera parte. Se quedaron el balón, lo manejaron con arte y ligereza mental, anularon a los hieráticos jugadores aragoneses y dispusieron de varias opciones que Saja y la defensa anularon a duras penas.

   El equipo aragonés era incapaz de generar ni una sola jugada razonable. Algún latigazo a cargo de Lanzarote o Ángel pero sin ningún peligro y siempre siguiendo el mismo esquema: robo de balón y pelotazo largo. Muy pobre propuesta para lo que había en juego. En ese contexto, los cachorros sevillistas se dedicaron a jugar al fútbol, empresa insuperable para el Zaragoza, que vio cómo un centro largo de Carmona era magníficamente cabeceado por Marc Gual, que no tuvo ni siquiera que pugnar con un muy fláccido Silva. Saja voló hacia la nada y el 0-1 destrozó las mínimas ilusiones de los parroquianos de la Basílica.

   La segunda parte se inició con algo más de energía por parte de los de Agné. Un mayor empuje, cierto amor propio en la disputa y la calidad de Cani, que entró por Dongou ayudaron a alimentar un tanto la esperanza de la grada. Incluso estuvo a punto de empatar con un gran remate de Edu García que Ondoa detuvo haciendo alarde de unos grandes reflejos. Sin embargo el joven portero ayudó poco después con una torpe gestión del tiempo que permitió que el árbitro pitase una falta favorable dentro del área. Edu García fue el encargado de hacer profesión de fe zaragocista y con toda su alma blanquiazul golpeó el balón para lograr el empate.

   Quedaban quince minutos cuando se produjo el debut de Raí. La apuesta de Rodri/Agné dio muy buen resultado, pues el chaval mostró osadía y talento y a punto estuvo de conseguir un gol antológico con una suave y precisa vaselina que se topó con el larguero. Y poco después entró el deseado Samaras. No es un jugador eléctrico que revolucione el partido, pero sus acciones ayer ya dejaron entrever que puede darnos cosas que ahora mismo el equipo no tiene.

   El partido se encontraba en un momento extraño. El Sevilla completamente desorganizado y el Zaragoza nervioso aunque empeñado en la remontada. Y fue entonces cuando  de nuevo Ondoa la lió parda al retrasar un saque de banda negándole el balón a Samaras en un saque de banda. La segunda amarilla y la roja correspondiente supuso que su equipo se quedaba con diez y sin portero. Había una luz. Pero los de Agné no supieron gestionar la situación y tiraron por la borda una extraordinaria oportunidad. El remate negativo lo propuso Silva con una terrorífica entrada que le sirvió para que lo expulsaran. El lanzamiento de la falta era la última jugada del partido y de ahí nada malo tenía que salir, pero salió. Ivi chutó, Saja despejó fatal y Cotán, que pasaba por allí, remató casi sin querer y logró el 1-2.

   El desastre estaba consumado. La Basílica lloró. Lágrimas de oro que corrían por las mejillas de niños, jóvenes, adultos y mayores. La televisión se recreó en esos primeros planos y le mostró al mundo la fragilidad del corazón del león. Las próximas semanas vamos a mirar de frente a la muerte. Solo cabe desear que su reflejo no nos amilane. Es el tiempo de los fuertes.

P.S.: Termino esta crónica con la noticia de la destitución de Agné y la elección de Lainez. Colosal empresa la que asume el zaragozano. El zaragocismo deberá hacer fuertes a los suyos.

Foto: Javier Belver (www.elperiodicodearagon.com)

CALIFICACIONES

Saja: 1. Hizo un trabajo correcto pero falló estrepitosamente en el segundo gol.

Feltscher: 2. Defendió bien y subió con interés, pese a sus limitaciones.

Silva: 2. Luchó y se fajó con firmeza. Cometió un grave error con la falta del final.

Cabrera: 1. Errático y poco útil como central. Cuando jugó de lateral, mejoró.

José Enrique: 1. Lento, arriesgado y poco atento en el segundo gol.

Zapater: 1. Trabajó, se implicó pero no encontró su zona de confort.

Ros: 1. Poco eficaz y desorientado.

Lanzarote: 3. Estuvo en el partido. Su trabajo se notó para bien.

Edu García: 2. Pone el alma en todo lo que hace. Goleó.

Ángel: 3. Trabajador y comprometido.

Dongou: 1. No complementó el juego de ataque. Inexacto.

Cani: 3. Su entrada fue un soplo de calidad y audacia.

Samaras: 2. En diez minutos ofreció nuevas posibilidades como pivote de referencia.

 

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