Sí, es una mierda (Córdoba, 2 – Real Zaragoza, 1)


Sí, José Enrique: es una mierda. Lo es sentir tu estómago doblarse de dolor cada vez que el equipo te abofetea con su indolencia, cada vez que te avergüenza con su torpeza.

   Lo es comprobar que el entrenador no tiene respuestas razonables a ninguna pregunta y cuando encuentra una es para responsabilizar a su segundo.

   Lo es contemplar el histrionismo del Director General en el palco y no conocer aún su voz como responsable de la parcela deportiva.

   Lo es recibir un mensaje vacío e insultante por parte del consejo de administración mientras notas el frío de las aguas que inundan el barco zaragocista.

   Lo es escuchar a ciertos periodistas primero lanzar sus soflamas contra el mundo sin decir nombres, después modificar su discurso con el gol de Ángel y por último, cuando recibimos el segundo, ondear la bandera del “yo ya lo dije”.

   Sí, José Enrique. Lo es enfrentarse una semana más al folio en blanco para relatar las deplorables derrotas que nos regaláis jornada tras jornada.

   Pero por encima de todas las miserias hay una que produce  más sufrimiento es ver el lunes por la mañana en los patios de recreo de los colegios aragoneses a esos niños y niñas con su camiseta del Real Zaragoza. ¿Hace falta que lo explique, ilustres generadores de mierda?

   Agné repitió el equipo que venció al Numancia con un único cambio: Feltscher por Fran. Buscaba más músculo, dijo. Esa modificación que pudiera parecer mínima, fue sin embargo una declaración de intenciones de gran calado. Con esa decisión abandonamos el principal argumento que tiene el Real Zaragoza para convertirse en un equipo interesante: el manejo del balón, el gobierno de la combinación, la gestión de los tiempos y los espacios. Eligiendo al venezolano le dices al contrario que le tienes miedo. Si eliges al andaluz, le transmites tu intención de crearle problemas.

   Ese cambio condicionó el partido. Toda la primera parte fue un monólogo cordobés, que eligió la banda derecha para martillear la defensa zaragocista y crear varias ocasiones de gol. Mientras tanto, el equipo aragonés no encontró la vía de la combinación y solo tenía el recurso del balonazo. O del robo. Y eso fue lo que propició el inesperado gol de Ángel. Una recuperación y un pase largo al canario. Y gol.

   Llegar al descanso con un 0-1 era un premio que se antojaba excesivo, pero al que no le hicimos ascos. En la caseta Agné le pidió a Edu García que saliese por Xumetra, ayer poco acertado, con la idea de cerrar el partido. Y después a Dongou. Fueron buenas decisiones, pues el equipo recuperó el control y dispuso de varias ocasiones claras. Incluso le birlaron un clarísimo penalti y degustó, una vez más, las hieles de los desaciertos arbitrales. No es asunto menor, pues este tipo de circunstancias también suman, y casi siempre en contra.

   Como suman los errores propios, la falta de concentración, la flaccidez en la disputa que dio al Córdoba la oportunidad de empatar. Mazazo cruel aunque ya conocido. El equipo que se deshace, el equipo que no acierta a gobernar la tormenta. Y el entrenador que no toma decisiones acertadas, como bien se encargó de resaltar Samaras con su lenguaje corporal al apoyarse displicentemente en el banderín de corner.

   Los minutos volaban, se husmeaba el aroma de un empate mugriento y hasta se percibía la melodía de la justificación de los pobres. Pero nada de ello alcanza para consolar a un zaragocismo agrietado por la desgracia y el trabajo muy mal hecho de directivos, técnicos y jugadores. Allá vuela el golpeo al azar de un contrario con fe incluso frente a las protestas de su gente. Y aquí llega la puñalada mortal de un nuevo fracaso. Tantos son que nuestras lágrimas ya son agua seca incapaz de consolar al zaragocista, a ese aficionado que sigue fiel al equipo de sus amores porque eso significa que sigues siendo fiel a tu infancia. No lo digo yo; lo dice el gran Ignacio Martínez de Pisón.

Foto: LFP

CALIFICACIONES

Saja: 3. Lo que tuvo que parar, lo paró. En los goles nada pudo hacer.

Feltscher: 2. En defensa cumplió, pero en ataque se mostró nulo.

Silva: 1. Fallón, incorrecto y demasiado agresivo.

Cabrera: 1. Mal partido. Descolocado y torpe con el balón en los pies.

José Enrique: 3. Tuvo mucho trabajo y lo solventó con casta y oficio.

Zapater: 2. Trató de tapar muchos espacios pero no pudo sacar el balón con limpieza.

Javi Ros: 2. Muy trabajador aunque poco clarividente en la entrega del balón.

Xumetra: 2. Gestionó mal algunas decisiones. Lo mejor, su asistencia en el gol.

Cani: 1. Ayer se perdió en la maraña cordobesa. Eligió mal sus acciones.

Lanzarote: 2. Trabajó bien aunque estuvo un tanto errático. Colgó buenos balones.

Ángel: 4. Trabajador, luchador y goleador.

Edu García: 3. Se aplicó bien a la tarea de abrir espacios. Tuvo un gol en sus botas.

Dongou: 3. Ensanchó el campo y jugó muy bien de espaldas. Propició varias ocasiones.

Valentín: S.C.

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