A solas con el vacío (Real Zaragoza, 0 – Girona, 2 )


 

   cani02Eugenio Vitaller fue portero del Real Zaragoza bajo las órdenes del Leo Benhakker. El entrenador holandés trajo un bendito aire fresco a las orillas del Ebro y entre los muchos mensajes que regaló a sus jugadores y a la afición de mediados de los 80 figura el consejo que le dio al cancerbero aragonés: “Tú tranquilo. Si te meten dos goles, ya meteremos nosotros tres”.

   Más de treinta años después, el Real Zaragoza cumple una inacabable condena que consume al zaragocismo desde hace casi diez años. De ella no parece que vaya a ser fácil librarse después de sufrir derrotas como la de ayer a botas del eficiente Girona y al desamparo de los pitidos del inepto árbitro de turno, y mucho menos cuando sabemos que si el equipo blanquillo recibe un gol, damos por seguro que no va a meter dos. Ni siquiera uno.

   Partidos como el que se jugó en la Basílica son la tónica eterna de una competición donde casi nadie es mejor que el rival, pero en la que el Zaragoza habitualmente es peor en los detalles menores. Choques que ofrecen jugadas inacabadas, combinaciones embarulladas, batallas tácticas de brocha gorda y poco, muy poco fútbol. Todo ello sucedió sobre el césped desde el minuto uno, si bien el plan inicial de Agné por momentos nos pareció la mejor idea. Anda el técnico de Mequinenza empeñado en un concepto que no acaban de saber aplicar sus pupilos con la destreza requerida y eso pasa factura. Sin embargo, es justo destacar que hay un plan.

   La idea futbolística consiste en manejar el encuentro siempre en posesión, con transiciones rápidas y movimientos eléctricos que permitan llegar en superioridad ante los porteros contrarios. Cuando el Zaragoza es capaz de ejecutar esas acciones con precisión, el peligro ronda el área contraria y en ocasiones se logra el objetivo. Así fue ante el Oviedo y ante el Rayo, pero para eso hay que contar con jugadores que abran las bandas y con Lanzarote y Cani en estado de gracia (y no es un juego de palabras), finos en el filtro y sabios en el último pase.

   La culminación de lo planeado estuvo a punto de darse en el minuto 19, pero Ángel no definió bien y el palo repelió el balón. Pudo haber sido el primer gol. Tenía que haberlo sido. Habría supuesto un escenario favorable con final probablemente feliz. Sin embargo, no fue así y el partido llegó al descanso con un 0-0 mentiroso, en medio, por cierto, de una jugada de ataque zaragocista que el inefable colegiado abortó ensuciando todas las reglas no escritas del fútbol moderno.

   Esa decisión fue una más de las varias que adoptó de forma manifiestamente perjudicial a los intereses del equipo de Agné. Un estudio meticuloso de su actuación nos mostraría a un juez proclive a la parcialidad y afecto a la permisividad con el forastero. Decisiones torpes y bajo sospecha que alcanzaron el cénit cuando expulsó a Cani por doble amarilla o ignoró un penalti a Ángel que mereció la roja y los 24 partidos a Cortizo. Fue el momento en que todo se vino abajo. La posterior lesión de José Enrique, el gol de opereta que logró el Girona y los últimos minutos a la desesperada. En ellos el Zaragoza trató de reconstruir un edificio cuyos cimientos se doblaban bajo el peso de la impotencia. Es el dibujo de un paisaje no demasiado justo para lo que fue el partido.

   Es loable el esfuerzo del equipo, así como verificable que algunos jugadores no son capaces de soportar el peso de la contrariedad. Al grupo le falla la otra cara de la moneda, la que se esconde tras la verdad del infortunio. No soporta las bofetadas que le propinan estos equipos curtidos en mil batallas, esculpidos a golpe de cinceles oscuros que tanto abundan en la categoría. Y por eso, cuando llega la primera ola sucia la barca hace aguas. Hay un trabajo que hacer: grabar a fuego y barro en los corazones de los jugadores que este negocio no entiende de oropeles ni destellos. Aquí se sobrevive a base de machetazos y todo lo demás es abismo y averno. A ello hay que ponerse, pues aún quedan muchas batallas que librar.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Irureta: 1. Cuando un portero no da puntos, le faltan razones.

Isaac: 1. No tiene soluciones para casi ninguna situación.

Valentín: 3. Apunta a ser un jugador que cumple en todo momento.

Cabrera: 1. Se metió en berenjenales de los que no supo salir.

Zapater: 2. Luchó con el corazón en la mano, pero no le salió casi nada.

Javi Ros: 1. Opaco y muy poco constructivo.

Lanzarote: 2. Fue a menos. Después de su mejor jugada fue sustituido.

Cani: 3. Tuvo una actuación intermitente. Injustamente expulsado.

Xiscu: 1. Desubicado y poco protagonista.

Ángel: 3. Una vez más, el mejor. Activo, trabajador y molesto. Le faltó el gol.

Xumetra: 1. Físicamente muy justo, mezcló mal con Isaac.

Dongou: 1. No ofreció ni velocidad ni combinación.

Casado: 1. Corrió la banda pero no tuvo claridad ni opciones.

 

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