Tacita de hiel (Cádiz, 3 – Real Zaragoza, 0)


 

img_20161204_125046   Y fin. Desconexión. No en dos fases, no es preciso. En una. Y con la misma displicencia que ellos nos regalan afronto esta crónica. Con dolor, con tristeza. Y con rabia, porque es la crónica que llevo esperando toda la temporada. La crónica del partido que el equipo de mis amores tenía que jugar frente al equipo de mi sobrino Sergio, sobre el que llevamos varios meses hablando en tono de cariñosa rivalidad. 

   Fin, digo, porque el horrible y oxidado sonido de la humillación se instaló ayer en el corazón del zaragocismo después de recibir los tres balazos que un equipo sencillo, simple y honrado alojó en nuestro maltrecho y malnutrido cuerpo. Y porque es insoportable comprobar qué baratos son los goles que encajamos, con qué poco destrozan nuestro orgullo, mancillan nuestra historia, descosen nuestro escudo los rivales de una categoría paupérrima y maloliente donde el Real Zaragoza es, sin duda, el equipo más indigno de los veintidós.

   ¿Alguien se anima a analizar el partido? ¿Alguien encuentra un argumento que desmonte la eficaz y animosa propuesta futbolística del Cádiz? ¿Tan difícil es contrarrestar una idea de partido como la que planteó el equipo andaluz, simple y próspera? Ellos te dan el balón y tú ya sabes que tienen dos puñales en las bandas y un tipo rocoso, burdo y potente en la punta. Lo sabes, lo has visto en vídeo, te lo cuentan, lo anuncian, lo pregonan a los cuatro vientos. Y tú caes en la trampa y a la primera bofetada te rindes. Para oponer ese relato decides deambular, nunca correr. Evitar el choque, nunca discutir el balón. Optar por el desorden, nunca elegir el sentido de grupo. Y el Cádiz, audaz y desinhibido, percute una y otra vez sobre tus debilidades y le echa toda la gasolina a la hoguera que tú ya traes avivada desde Zaragoza. Y ruge el Carranza aunque ayer estuviese medio vacío y tú te hundes y abandonas el combate.

   La defensa sufrió mil y un embates del contrario, sobre todo por el carril de Fran, ayer frágil y torpe. El centro de la defensa, ya de por sí inestable, desde que no está Silva es el sumidero por el que mueren todas nuestras vidas. Y hasta José Enrique se contagió ayer de la dejadez general, recreándose en estúpidas jugadas defensivas.

   El centro del campo fue un caos de principio a fin. Zapater, desquiciado, Morán, indolente y Barrera desnortado. Y en la punta Cani y Lanzarote no reciben ni un solo balón benefactor ni su talento les da para gobernar una nave zarandeada por la ineptitud del equipo. Para rematar, es decir, para no rematar, Ángel se inmoló a base de carreras estériles fácilmente desmontadas por la muy bien organizada defensa cadista, como si Oliva y Carmelo hubieran vuelto de sus dorados retiros.

   Y cuando llega la segunda parte tu entrenador decide insistir en una ruta que ya hemos visto todos que es un camino muerto. Y recibes un segundo crochet. Nada del otro mundo, ¿eh?. Desborde por la banda, centro al área pequeña y remate. ¡Ah! Y gol, ese acontecimiento que ya ha tocado a nuestra puerta en veinticinco ocasiones para otorgarte el honor de ser el equipo más goleado de la competición. Muerte más muerte. El Cádiz, mientras, gustándose. Alegre, aguerrido, aplicado, audaz. Cada muchacho de amarillo sabía qué tenía que hacer, cómo debía hacerlo, dónde debía acometer su tarea y cómo desarrollar cada acción. Con disciplina, con diligencia, con cierto talento. Y con amor a sus colores.

   Agné ha tirado de repertorio y tras el segundo gol ha elegido a Juan Muñoz para sustituir a un desactivado Barrera. Ha sido inútil. Después le ha pedido a Xiscu que saliera en lugar de un inexistente Morán, decisión que no ha emocionado a nadie y que no ha servido para activar al equipo, en clara caída libre desde el minuto 47. El entrenador zaragocista no ha encontrado ni la letra ni la música adecuada para reactivar a un grupo muerto futbolísticamente, a merced de un Cádiz que ha sabido jugar sus bazas y ha cumplido al milímetro el plan de su entrenador, Cervera. Un Cádiz que ha llevado a lo largo de todo el partido otra velocidad, otra emoción, otra actitud. Y el castigo ha sido muy doloroso. Por el resultado y por el mensaje que transmite el grupo, vacío y descosido en todas sus costuras. Y porque el tercero ha sido obra de Ortuño, el díscolo delantero que se fue del Zaragoza por la puerta de atrás y nos tenía unas ganas enormes.

   El panorama es sombrío y quizás sea el momento de plantear que el objetivo del equipo no es, de ningún modo, el ascenso. Si se logra será porque sea la consecuencia de un proceso que, ahora mismo, está muy lejos de afrontar, pues los jugadores no tienen calidad, no disponen de fortaleza física y su ánimo es una línea plana que señala caminos pedregosos de difícil tránsito.

   Hoy solo me queda el gusto de felicitarte, Sergio, por la victoria de tu equipo, ese Cádiz fidedigno y generoso cuya victoria nos dice que se puede ser modesto y al mismo tiempo digno de ser admirado.

CALIFICACIONES

Ratón: 1. No ha aportado ni una sola acción reseñable.

Fran: 0. Desbordado, desasistido y desordenado.

Bagnack: 1. Lento y fuera de sitio en muchas ocasiones.

Cabrera: 1. Ya no es líder ni aporta fortaleza.

José Enrique: 1. Se ha perdido en controles estériles.

Zapater: 1. Desbordado y descolocado.

Morán: 0. Desaparecido y oscurecido.

Barrera: 0. No ha aportado nada.

Lanzarote: 1. Frío y pasivo.

Cani: 1. Ha intentado algunas cosas, pero no ha estado acertado.

Ángel: 1. Aislado y torpón.

Juan Muñoz: 1. No ha participado nada en el juego.

Xiscu: 1. Pasivo e insignificante.

 

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