Empate impropio (Real Zaragoza, 2 – CF Reus, 2)


jose_enriqueMe imagino a Agné repasando una y otra vez el partido frente el Reus. Me imagino al entrenador zaragocista dándole una y mil vueltas a lo sucedido y recogiendo las migajas de sus propios pensamientos. Me imagino al cuerpo técnico comentando los pormenores del choque y empaquetando algunas conclusiones con la sana intención de enderezar la nave blanquilla, últimamente zarandeada por antipáticos contratiempos y varios errores de navegación.

   La visita del Reus presentaba algunos argumentos preocupantes. Se trata de un equipo muy bien organizado, que se conoce muy bien a sí mismo y que ha firmado con bolígrafo de hierro un pacto con el fútbol que hasta ahora le ha dado muy buenos réditos. Frente a él un Zaragoza dubitativo tras su revés en Getafe y con varios detalles negativos en su alineación. La ausencia de Silva llevó al centro de la defensa a Bagnack, que no ofrece garantías a nadie. Ni a su mister, que ayer decidió voltear la línea de atrás ubicando a José Enrique de central y rescatando a Casado para el lateral. Y arriba también hubo modificaciones. No se sabe muy bien qué lleva a tantos entrenadores a colocar a Cani en la banda si todos saben que ahí es menos jugador, más insignificante. Si la razón es que Agné quería unir a Ángel y Juan Muñoz y para ello había que trasladar al de Torrero a convivir con la cal, habrá que decir que es muy alto el precio que se paga para tan poco beneficio.  

   El partido fue de inicio una dura lucha de dos equipos dispuestos a no cometer errores y mantener el tipo ante un contrario al que se respeta. El balón se lo quedó el Reus, pero no por eso el Real Zaragoza perdió la paciencia. Procuró no desajustarse, no olvidar las enseñanzas de su entrenador y esperar a que el rumbo fuese favorable para comenzar a intentar cosas. No había peligro en las áreas y sí la sensación de que en el momento en que el equipo zaragozano consiguiese modular algún balón entre líneas, el rumbo del choque podría cambiar.

   Eso sucedió en el minuto 34, cuando Lanzarote recogió un mal despeje de Badía, el portero catalán, y lanzó un misil con toda la intención del mundo. Fue rechazado, pero ahí estaba Ángel para recuperar su olfato goleador y lograr el 1-0. Gran noticia que dejaba las cosas muy bien ordenadas para afrontar una segunda parte en la que, seguro, el Reus tendría que modificar sus planes, facilitando así que el Zaragoza pudiera maniobrar más suelto.

   Algo de eso hubo. Los visitantes se lanzaron a tumba a vierta en busca del gol del empate. En seguida vimos que el centro del campo local no podría sofocar la avalancha del contrario, con un Ros desbordado y un Zapater incapaz de tapar tantas vías de agua. Sin hacer gran cosa, los de Natxo González consiguieron encontrar senderos de incursión, sobre todo por el lateral frágilmente guardado por Casado. Y por ahí llegó el mal. Un desborde de libro a cargo de Benito desnudó un poco más al defensa madrileño, que permitió que se produjese un centro que remató muy fácilmente Folch logrando el 1-1. Fue una bofetada inesperada y quizás por eso dolorosa. Al equipo le costó reaccionar, no así a la afición ni a Agné. Este optó por incluir a Edu García en lugar de Casado, buscando romper líneas y una mayor circulación y decidió también construir una línea de tres atrás con Fran, Cabrera y José Enrique. Fue, a la postre, la mejor manera de oponerse al juego más fino y vertical del Reus, aunque no suficiente para evitar un segundo gol que llegó con la insolencia de una mala defensa.

   A falta de 8 minutos solo quedaba apelar a la heroica. Recurrió Agné a Dongou, el delantero camerunés aún inédito esta temporada a causa de una lesión de esas misteriosas que en el mundo del fútbol tanto se dan hoy en día. Fue una entrada milagrosa, pues el chico cazó un balón suelto en el área visitante y empató el partido a falta de 3 minutos. Todo muy al límite, todo muy extremo, muy agónico. La afición empujaba y empujaba y casi logra Edu García el gol victorioso en un remate que Badía sacó con muchos apuros, pero la noche no daba para más. Un punto rescatado del abismo y la sensación, una jornada más, de que el motor está sucio, que hay piezas que no encajan del todo bien y que ante la menor dificultad el pequeño edificio se tambalea y hay que apuntalarlo urgentemente. Al mismo tiempo, el equipo tiene capacidad para golear y crear peligro. ¿El problema? Que no hay una única solución. Y a veces eso nos lleva a un callejón con una salida pequeña que no siempre vemos.

Foto: http://www.elperiodicodearagon.com

CALIFICACIONES

Ratón: 2. Correcto en general, quizás pudo hacer algo más en el primer gol.

Fran: 3. Ágil y talentoso en ataque, sus desajustes en defensa nos cuestan caros.

Cabrera: 2. Bregó y luchó, pero no lució.

José Enrique: 4. Su presencia engrandece al equipo, sobre todo en el lateral, donde da mucho.

Casado: 1. Ayer fue un defensa menor. Permeable y débil con el balón.

Zapater: 2. Superado por el juego del Reus, no pudo con tanto balón en los pies del contrario.

Ros: 2. Corrió y trabajó, pero fue superado por sus contrarios.

Lanzarote: 3. Su talento es indiscutible. Aporta calidad y fútbol.

Cani: 2. En la banda no es ni la mitad de jugador. Sufrió mucho en esa posición. Luego mejoró.

Ángel: 3. Como siempre, gran trabajo el suyo. Y goleó.

Juan Muñoz: 2. Fue de menos a más. Su entrenador le pide más intensidad.

Barrera: 2. Salió por Ros y cumplió.

Edu García: 3. Su implicación y compromiso son fundamentales en el equipo.

Dongou: 3. Su gol vale un punto.

 

 

 

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