Empate que humilla (Real Valladolid, 0 – Real Zaragoza, 0)


real_valladolid-real_zaragoza   Cayó. Luis Milla, el aragonés pausado, el turolense que nos dijo que pretendía que el equipo fuese una familia vio ayer cómo su proyecto moría al muy poco de nacer. No pudo convencer a quien toma las decisiones, sea Juliá, sea Iribarren, sea el Destino, y su pequeña revolución frente al Valladolid fue solo el canto del cisne. Morir porque no se sabe vivir en este pozo oscuro y putrefacto que es la Liga 1-2-3. Adiós.

   Ayer lo intentó el Real Zaragoza, pero con el mismo ánimo que la dirección técnica tenía al saber, de forma más que fehaciente, que ya nadie confiaba en él. Nadie. Ni sus jugadores, ni la directiva, ni los medios, ni gran parte de la afición. Por eso decidió liarse la manta a la cabeza y proponer una alineación conservadora que lograse darle la vuelta a la vida. Pero no lo logró, seguramente porque lo hizo desde la agonía. Tan solo una verdad se escribió sobre el tapete del Nuevo Zorrilla: que el equipo tenía un buen portero que hasta ayer había estado calentando el banquillo.

   Lo demás, nada. La nada. Una defensa enclenque y astillada, con numerosos errores, algunos de ellos muy poco perdonables. Un centro del campo fumígeno que no vende confianza y solvencia y una delantera, eso sí, en la que sobresale por su esfuerzo, compromiso y tenacidad Ángel. Y con esas armas y bagajes se encomendó Milla a la aparición de la Virgen a orillas del Pisuerga, pero ese tipo de decisiones no suelen ser productivas. No resultan, es decir. Porque el equipo no supo, ni pudo, no sabemos si tampoco quiso, jugar un partido de fútbol.

   Devorado por una situación que amenaza la destrucción del equipo, los jugadores no interpretaron el libreto que, imaginamos, Milla les entregó para su estudio y ejecución. Las líneas se juntaron, es verdad, pero los chicos no ejecutaron el segundo acto y se perdieron en un mar de Sargazos en el que el Valladolid sí supo navegar. Ya en el minuto 3 lanzó un balón al palo que Ratón vio pasar como un misil y las acometidas de los de Herrera hacían temer lo peor. Bien es verdad, en honor a la verdad, que la suerte acompañó al Real Zaragoza y no encajó ningún gol cuando todo hacía presagiar el drama.

   Un segundo hecho ayudó a ello: la muy interesante actuación bajo los palos del joven portero gallego, Ratón, que nos regaló varias paradas de mérito y una absolutamente grandiosa. Ayer, en la portería, había un portero confiado, seguro y con hambre. Eso lo agradeció el Zaragoza, que poco a poco fue ganando en confianza defensiva. Se trata de un dato a resaltar, porque hay que recordar que los de Milla son el equipo más goleado de la categoría. Esto se notó que estaba instalado en la mente del entrenador, como bien confesaría al final del partido. Para él era prioridad alfa mantener su portería a cero, costase lo costase. Aunque no ganase. Aunque le costase el cargo. Que le costó.

   Por otra parte, el Zaragoza fue incapaz de trenzar una jugada de ataque de mínima calidad. Se perdía el balón con suma facilidad, no se hacían tres pases seguidos y el nerviosismo era la característica que definía la capacidad creativa. Muy poca posesión y de muy poca calidad. Hiel sobre ninguna hojuela.

   Mientras Ratón iba creciendo minuto a minuto, el Zaragoza gozaba de una magnífica ocasión a cargo de Ángel después de un buen pase de Xumetra. Habría sido un gol balsámico. Injusto pero de mucho valor. No fue, porque incluso mostró poca fe en su remate y de esa forma nos fuimos al descanso. A la vuelta, vivimos una segunda parte en la que el equipo se recompuso un tanto cuando Lanzarote y sobre todo Cani entraron al terreno de juego. Fueron unos minutos de cierta pausa, de cierto control, de cierto deseo. Curiosamente fue el momento en que Ángel menos participó.

   Todo se fue al traste a falta de quince minutos. Casado, fuera de sitio y fuera de este mundo, protagonizó una entrada muy dura a un contrario que le supuso la tarjeta roja. A partir de ahí todo se desmontó. Milla entró en pánico, cambió a Fran por Bagnack y rogó a los cielos para que el partido acabase cero a cero. Lo consiguió y creyó que tenía una semana más de confianza. Error fatal. La guadaña le estaba esperando a su llegada a Zaragoza. Una vez más, y van demasiadas, el equipo se quedaba sin entrenador a mitad de temporada. En esta ocasión ni siquiera eso. Cuando estamos en el primer cuarto de temporada la profunda crisis que afecta a la institución golpea sin piedad en la mejilla de una afición que no sabe qué más le puede ocurrir. Quizás es hora de que los dioses nos den un respiro.

CALIFICACIONES

Ratón: 4. Buen partido del debutante. Fue de menos a más.

Fran: 3. Rápido, incisivo y trabajador.

Marcelo Silva: 2. Fornido y luchador, aunque lento con el balón en movimiento.

Cabrera: 1. Su rendimiento es muy bajo.

José Enrique: 2. Alternó momento lúcidos con errores provocados por su baja forma.

Zapater: 2. No está fino. Pierde balones y le cuesta llegar a los cruces.

Ros: 1. Insustancial y poco activo.

Casado: 1. Fuera de lugar. No encontró el sentido al partido. Mal por su expulsión.

Xumetra: 1. No está físicamente bien y no da lo que sabe.

Juan Muñoz: 1. No estuvo en su hábitat natural y se difuminó.

Ángel: 3. Lo pelea todo y busca agua en todos los desiertos.

Cani: 2. Aportó detalles diferentes.

Lanzarote: 1. Muy lejos de la zona que es su reino.

Bagnack: 1. Fue el cambio que nadie entendió.

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