Moneda de tres caras (Real Zaragoza, 2 – Ponferradina, 0)


573418_gUn partido de doble cara y mala solución, fuese el resultado que fuese, dio con los huesos de Popovic en la sala de prensa para celebrar, con gesto descreído, una victoria limpia y sin contestación. Un partido que presagiaba tormenta y quiebra se convirtió en el argumento para esperar a que la incertidumbre desaparezca y ver qué pasa en San Mamés. Porque queramos o no, este equipo no aclaró ayer cuál va a ser su futuro, aunque Ranko auguró muy buenos tiempos por venir. ¿Quién le cree?

   Apostó el cuerpo técnico por volver la vista a los mejores tiempos, esos en que Morán gobernaba los tiempos, Diamanka rompía la columna de los equipos contrarios y Ortuño remataba la faena mientras atrás Bono, Cabrera y Vallejo se encargaban de mantener el estilo de hierro fundido de un equipo que se había acostumbrado a no encajar goles. Y la jugada salió muy bien. Para empezar Pedro volvió a señalar el camino con varias acciones que nos recordaron al jugador que nos gustó y se gustó la temporada pasada. Junto a Pape formaron una media punta letal que en pocos minutos dejaron el partido muy bien enfocado.

   Fue casi un visto y no visto. Seguros en la retaguardia y ordenados en el centro del campo, el Zaragoza supo a qué jugar. Con capacidad para recuperar balones y los mecanismos de salida bien engrasados a la Ponferradina le resultaba imposible imponer su plan. Era una delicia ver a Diamanka gestionar decenas de metros cuadrados con su omnipresencia y su capacidad de despliegue mientras Pedro hacía mucho daño gracias a su talento y a la inestimable colaboración de Rico, que se adueñó de la banda izquierda y confirmó su ascensión como defensa pero, sobre todo, como carrilero. Así mismo, la banda derecha también agitaba al equipo leonés, con un Isaac que completó un muy correcto trabajo en conexión con Ángel, rápido y perturbador. Era, en fin, un equipo con ganas de reivindicarse.

   El primer gol, obra de Pedro, insufló de aire a una grada dividida a la hora de condenar o defender a Popovic, y como esto es fútbol, cuando el balón cruza la línea de la portería contraria las penas y las iras son menos. Y si a los pocos minutos el equipo genera dos ocasiones y poco después se consigue un segundo gol, casi todo se ve de otra manera. Lo cierto es que el partido era de color blanquillo y el juego nos hacía pensar que los tres puntos podían quedarse en la Romareda a poco bien que se hicieran las cosas. Pero sobre todo lo que ya era un acuerdo plenario es que gran parte del éxito se debía al buen hacer de Diamanka, un diamante que le da brillo y esplendor al equipo con su despliegue, su potencia y su diferencia futbolística.

   El descanso vino muy bien para saborear la victoria provisional y cuando empezó el segundo tiempo la grada transmitía confianza y calma. Lo malo sucedió apenas al minuto de juego: un mal gesto y Diamanka se lesionó. Lo más temido sucedió y el esfuerzo realizado, seguramente porque aún no estaban cerradas sus heridas, dio con el amplio centrocampista en la enfermería. Eso permitió que Sergio Gil saliese en su lugar para jugar una buena segunda parte que ofreció otro perfil, en la que la Ponferradina quiso acercarse al Zaragoza. Afortunadamente ahí estuvo Bono, que evitó un par de ocasiones muy claras de los ineficaces delanteros leoneses.

   El partido perdió intensidad local, si bien la anchura del juego forastero permitió que Ortuño y Ángel dispusiesen de varias ocasiones que no pudieron certificar. Sergio Gil le otorgó al equipo una calidad de distinción, pero se perdió consistencia en la medular. Eso y el empuje de la Ponfe añadieron algo de suspense al choque, aunque en ningún momento se tuvo la sensación de poder sufrir un traspies que empañase el buen trabajo de la primera parte.

   Partido que oxigena al entrenador, al que sus jugadores apoyan y que impide a la directiva accionar el play del cambio. Son tres puntos que permiten interpretar la situación de diferentes formas: se alarga la crisis, se cierra la crisis, se oculta la crisis. Crisis, en cualquier caso, que solo morirá si el lunes se vence en Bilbao y la semana siguiente se derrota al Numancia. Esto del fútbol es así, igual que lo único importante es regresar lo antes posible al camino que nos devuelva a casa. A Primera.

Foto: El Periódico de Aragón

CLASIFICACIONES

Bono: 4. Tres paradas de auténtico mérito y muy seguro en su trabajo.

Isaac: 3. Rápido, trabajador y luchador.

Vallejo: 4. Gran partido, por seguridad y jerarquía.

Cabrera: 3. Rocoso y fuerte.

Rico: 3. Muy activo y solidario, además de esforzado.

Morán: 3. Inspirado y atento al juego en todo momento.

Pedro: 4. Marcó la diferencia con sus quiebros y conducción. Y marcó un gol.

Ángel: 3. Listo, habilidoso y muy presente.

Dorca: 2. Mejoró, pero se muestra lento y no siempre elige bien.

Diamanka: 4. El mejor. Marca la diferencia y le falta campo. Se sale.

Ortuño: 3. Guerrero, potente y goleador.

Sergio Gil: 3. Talentoso. Tiene detalles magníficos aunque aún le falta físico.

Jorge Díaz: 2. Le dio al partido velocidad y garra.

Abraham: S.C.

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