Real Zaragoza, 2 – Tenerife, 3 (Sin alma ni calma)


Tarde fría, enjuta y estéril. Tarde estrecha de fútbol y abundante en tropelías tácticas. Tarde negra en la que solo mereció la pena el homenaje al querido y gran José Luis Abós, cuyo espíritu ase quedó para siempre en el corazón del zaragocismo a partir de ese minuto de silencio que le dedicamos empañado en admiración. Tarde para olvidar.

El partido empezó cruzado. Mario no estaba para la partida y el centro de la defensa lo conformaron Rubén y Vallejo. El resto del equipo, el de casi siempre, lo que es una buena noticia. Primeros minutos para el gusto y la autocomplacencia. Toque, combinación, pases al hueco y aproximaciones de seda. Pero sin profundizar. Quince minutos para la sonrisa fácil. Víctor lo tenía pensado y trató de vaciar el poblado centro del campo canario con rapidez en el manejo del balón y balones circulados con agilidad.

Sin embargo el Tenerife sabía que podía hacer daño si jugaba sus bazas con los chicos de arriba. Sobre todo con Ifran. Cabrera en seguida empezó a sufrir y nuestros centrales conocieron de primera mano lo que es ver volar el balón a sus espaldas y no saber cómo atajar el peligro. Y en una de esas la zaga al completo, portero incluido, se desnortaron en un cruce largo y englobado que acabó con un gol de desajuste y una sensación de fragilidad preocupante.

El 0-1 supo a hiel. Menos mal que no tardó demasiado en llegar el empate, gracias una de las armas que mejor maneja el equipo esta temporada: la estrategia. Un centro oblicuo y endiablado a saque de falta fue rematado muy bien por Rubén, que se estrenaba así como goleador y ponía de nuevo el partido en el punto de partida. Lo mejor que nos podía pasar era llegar al descanso con las tablas en la mano para recomponer al grupo, un tanto desgobernado hasta ese momento.

La segunda parte comenzó mejor. Pareció que Víctor Muñoz discurseó a sus muchachos y el trato al balón y los ajustes defensivos mejoraron, lo que ayudó a pensar en un horizonte más amable. Pero se torció con el penalti que en directo casi nadie vio y que encendió las alarmas en la grada y en el banquillo. Era una mala noticia, porque el partido ofrecía posibilidades con el empate, pero no con un nuevo golpe. Y lo pudimos confirmar. El equipo acusó el golpe y a duras penas se sostenía en el césped. No había argumentos y las líneas cada vez estaban más disueltas y había menos alma en el juego.

Por si fuera poco llegó un segundo penalti. Rubén no midió bien los tiempos y se pasó de pundonor. El nuevo gol de Ifran cayó como una losa. Aun así, la Basílica despertó y aupó al grupo hacia la épica. Que casi se produce, pues Borja, a falta de más de un cuarto de hora, lograba el 2-3 y nos metía en la pelea. Pero fue un espejismo. Los cambios del míster no ofrecieron soluciones y la esperanza se diluyó como un azucarillo al no aportar ideas, ni juego ni acierto.

Primera derrota en la Romareda en un momento en que había ganas de saborear qué es eso de estar entre los cuatro primeros a un par de puntos del líder. Ni siquiera la mala actuación del árbitro nos ayuda al consuelo, pues es bien cierto que en la noche de Pepelu la única luz que lució en el cielo zaragozano fue el recuerdo hacia un grande del deporte aragonés.

CALIFICACIONES

Whalley: 2. Algo más pudo hacer en el gol. Lo demás, insustancial.

Fernández: 2. Sufre mucho en defensa y aporta poco en ataque.

Vallejo: 2. Fallón e inseguro. Su forma física no es la mejor.

Rubén: 2. Marcó un gol e hizo un penalti innecesario. Discreto.

Cabrera: 1. Muy inestable y desubicado.

Dorca: 2. No equilibró la superioridad canaria en el centro del campo.

Ruiz de Galarreta: 3. Muy trabajador y talentoso. Tuvo que luchar con muchos contrarios.

Eldin: 2. No desbordó casi nunca ni encontró pases finales.

Jaime: 1. Muy individualista. No combinó ni ayudó al equipo.

William: 2. Muy trabajador pero inexacto en el juego de conjunto.

Borja: 3. Marcó, como siempre. Menos asistido que en otros partidos.

Lolo: 1. No mejoró el trabajo de Vallejo. Tímido y escaso de juego.

Tato: 1. Fuera de forma, no encontró el camino.

Diogo: 1. Salió acelerado y no acertó en ninguna de sus intervenciones.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s