Real Zaragoza, 1 – Osasuna, 1 (La esperanza ya está en casa)


   Tifo OsasunaEl cuerpo sudoroso, la garganta con sabor a madera, el corazón bañado en sangre azul y blanca, el alma ensanchada en las orillas de la pasión. Este es el paisaje que se dibujaba anoche en la mirada del zaragocismo después de haber cobijado en cada nota del himno un mensaje de futuro. El Real Zaragoza se desajustó en los segundos finales y perdió dos puntos que eran suyos, pero la afición le enseñó al mundo los dientes de un amor infinito por su equipo. La Basílica, ayer, fue el templo legendario que nos merecemos y en el que vamos a vivir la plenitud del amor recuperado.

   Desde el minuto uno hasta el final el equipo de Víctormuñoz lo dio todo. Lo que tiene y lo que no aún no posee pero conseguirá. Frente a un equipo duro, correoso y disciplinado un grupo de muchachos que aún no se conocen muy bien planteó un encuentro de batalla, coraje e incluso manejo de balón, no dando por perdida ninguna disputa y apuntando las ideas que van a gobernar el estilo de fútbol que el entrenador aragonés pretende.

   VallejoLa primera parte fue muy disputada. Osasuna se quedaba el balón y llegaba con cierta autoridad, pero salvo un gol anulado y un chut blando a la parte superior del larguero, no hubo muestras de peligro para la meta de Whalley. El Real Zaragoza, mientras tanto, presionaba al contrario, robaba balones, disparaba a Álamo y Pedro y buscaba la contra con ambición y corazón, mucho corazón. Eso lo agradeció la grada, que no dejaba de animar y que llevaba en volandas a los chicos con sus cánticos y palmas, consciente de que su apoyo va a ser de ahora en adelante crucial para seguir vivos.

   Y el corazón le pudo a la posesión. En una de las aproximaciones zaragocistas Fernández sacó un centro preciso que cabeceó Pedro con potencia e inteligencia lejos del alcance de Riesgo. El estadio explotó y sentimos una sensación de enorme liberación, como si rompiéramos unas cadenas que nos apretaban la garganta hasta casi asfixiarnos. Y sabiendo que aquel gol era más que un gol. Mucho más.

   Con el marcador de cara la segunda parte comenzó con mejores sensaciones aún. El centro del campo se templó, con Dorca ejerciendo un control férreo de la circulación del balón, lo que permitió que Galarreta apareciese con combinaciones finas y ágiles. Estaba claro que el partido era local. El Real Zaragoza cumplió todas las consignas de Víctor, estoy seguro. La defensa sujetaba las incursiones navarras y cuando el balón llegaba al área contraria se respiraba peligro a favor.

   Todo eso incluso mejoró cuando saltó al terreno de juego Adán, que revolucionó el partido con sus incorporaciones y la explosividad de sus pases. Faltó el chut, el disparo a puerta. Faltó la definición. Tengo anotadas siete aproximaciones blanquillas que no encontraron un remate digno, pero cada una de ellas era acompañada por un clamor en la grada que hacía pensar que era posible lograr el segundo gol. Las palmas sonaban, el himno atronaba, la gente seguía el juego puesta en pie. La fiesta apuntaba a la plenitud.

   En medio de la esperanza, Osasuna asomaba la patita gracias a la aportación de Cedrick, quien desde su entrada apreció grandes posibilidades en las paredes con Nino y por ahí vimos el peligro. Sin embargo, el gol de Osasuna llegaría por la otra banda. Cuando ya todo estaba acabado, cuando la noche ya era nuestra apareció De las Cuevas con el balón en sus pies, jugueteó con Kodro y a bola devuelta enganchó un chut imparable que rasgó la red de Whalley. Se nos cayó la sonrisa de la cara. No podía ser. Pero era.

   Sin embargo la afición despertó en tres segundos y aún tuvo energía para jalear un último ataque que los esforzados muchachos forjaron con ardor. Y aunque no prosperó no impidió que el pitido final anunciase una cerrada ovación que el equipo agradeció desde el centro del campo. En nuestras bocas, la frase compartida era: “Ha sido una pena, pero no pasa nada. Si luchan así y apoyamos de este modo, podemos completar una buena temporada, Estamos en construcción. Paciencia”. Dicho de otra manera: “Y en la Historia se grabó: Zaragoza, la Inmortal”.

Fotografías: “El Periódico de Aragón”

CALIFICACIONES

Whalley: 3. El poco trabajo que tuvo lo hizo bien. En el gol le sobró soledad.

Fernández: 3. Rápido y enérgico.

Mario: 3. Sobrio y potente, aunque algo lento.

Vallejo: 4. Magnífico. Inteligente y bien ubicado.

Rico: 2. Participativo y bien relacionado con sus extremos pero inexacto.  

Ruiz de Galarreta: 3. Mejor en la segunda parte, cuando el balón pasó por sus pies.

Dorca: 3. La segunda parte fue suya, una vez que supo a qué jugar.

Álamo: 4. Potente y vigoroso, tiene problemas para finalizar.

Pedro: 3. Muy trabajador y eficaz. Metió un buen gol.

Borja Bastón: 2. Buscó el desmarque y peleó con tesón.

Muñoz: 3. Lo luchó todo y trató de combinar con la segunda línea.

Cabrera: 3. Contundente y trabajador.

Adán: 3. Explosivo y combinativo.

Diogo: S.C.

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