Mi crónica. Tengo miedo de ti (Alcorcón, 1 – Real Zaragoza, 0)


   Álamo_bPues si Víctor Muñoz estaba cabreado, él, capitán general de la moderación verbal, imagínese el lector cómo andaba el zaragocismo ayer por la tarde. El partido número cuarenta y dos de esta liga fue un feo gesto de desprecio por parte de los jugadores hacia su afición. La más castigada de esta España “monarblicana” que parece no saber quién es, razón por la que a lo mejor ellos se sintieron legitimados para avergonzarnos un poco más. Mal, muy mal. Lamentable y vergonzoso el no esfuerzo. Insultante. Inolvidable. Porque será imposible olvidar lo que hemos sufrido estos meses, más lo que sufrimos la temporada anterior, más lo que sufrimos la anterior, más lo que sufrimos la anterior, más…

   ¿De verdad se merece este equipo que malgaste mi tiempo escribiendo sobre el “no partido” en Alcorcón? No, ni ayer ni ningún otro de los cuarenta y un fines de semana anteriores. Nadie se salva, si exceptuamos un par de paradas de Whalley y tres toques de Tierno o Víctor. Lo demás, un horror. Sin ganas, sin intención, sin calidad. Abúlicos y amorfos, los jugadores que ayer tuvieron el honor de vestir nuestra gloriosa camiseta ya pueden dormir tranquilos. Seguramente les pagarán, que es justo, no digo que no, pero sepan todos, futbolistas y staff, que no hay por dónde coger este sinvivir. Y no sé qué más decir.

   Por no tener no tengo ni notas del partido ni recuerdos del mismo. Lo vi con la distancia que me otorga no sentir como propio lo que debería ser parte de mí y eso me impide escribir nada con cierto interés. Si es que la salida apática de los jugadores merece ser relatada, o la pusilanimidad de la defensa merece ser narrada, o la insustancialidad del centro del campo salvo los detallitos de Tierno merece ser reseñada.

   Con tales datos sobre el césped no era difícil que el Alcorcón, que nada se jugaba tampoco, se apropiara en seguida del partido, nada extraño por otra parte esta temporada, acostumbrados como estamos a llorar cada pase, cada error, cada inexactitud.

   En la segunda parte todo fue a peor. Más indolecia, más tristeza, más vergüenza. Ni Barkero, ni Suárez ni Cortés aportaron nada y lo que sí sucedió es que llegó al área zaragocista el balón número 1534 desde la banda derecha para ser rematado limpiamente, cómo no, por el delantero contrario de turno. Un déjà vu demasiado doloroso por repetido y por previsible. Un horror.

   Acaba la temporada, acaba este desastre que no admite ningún adjetivo más porque los hemos gastado todos y no nos queda rabia que derramar. Adiós, soldados harapientos. Adiós, comandantes deshuesados. Adiós, generales incapaces. Adiós, vergüenza sempiterna.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Whalley: 2. Hizo dos paradas de mérito. Fernández: 1. Insulso. Álvaro: 1. Superficial. Laguardia: 1. Triste. Rico: 1. Debilitado. Cidoncha: 0. No sirvió. Tierno: 2. Dio cierto sentido al juego. Víctor: 2. Inquieto y voluntarioso. Montañés: 1. Ausente. Álamo: 1. Inexacto. Ángelo: 0. Vacío. Barkero: 1. Dio tres pases. Suárez: S.C. Cortés. S.C.

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