Mi crónica. Entre el espanto y el dolor (Real Zaragoza, 1 – Las Palmas, 2)


   452531_gCuando a los diez minutos de iniciado el partido el marcador señalaba un 0-2 vergonzante y espinoso nadie se acordó de nada. Ni del ayer, ni de las glorias pretéritas, ni del pasado dorado con que hace unas fechas nos regaló el alma Rafael Rojas con su libro “Magníficos. La Edad de Oro del Real Zaragoza” (Doce Robles). Nadie osó colocar el pulgar hacia abajo reclamando del César la muerte del vencido. Sencillamente porque en la tribuna no había César al que dirigirse. Diez minutos y 0-2. ¿Quién da menos?    

   Sin duda, nuestro Real Zaragoza, Siempre puede ofrecernos más miseria. Siempre puede abrir un poco más la sangrante herida que anuncia la muerte. Ninguno de los muchachos que demabulaban por el césped de la Basílica sabía qué hacer. Leo Franco rescató dos balones del fondo de la red, pero pudieron ser más; la defensa naufragó en una ciénaga de incompetencia; el centro del campo comprobó que los espacios que debían dominar eran demasiado amplios como para ser recorridos con dignidad. ¿Y la delantera? Huérfana como una patria sin patriotas.    

   Así las cosas, tan solo el fulgor de un par de arrancadas por la banda a cargo de Álamo propiciaron que la grada se levantase de sus asientos y pudiese contemplar el eléctrico gol de Montañés. No era fútbol, no del bueno, pero fue gol. En quince minutos, tres goles. En quince minutos nuestra garganta ya supo lo que era la presión de la soga y solo faltaba esperar que el verdugo le diese una patada a la banqueta. Porque lo que estaba claro es que la suerte no estaba con nosotros, como se vio con ese chut endiablado de Montañés que Barbosa desvió en acrobática estirada. El empate habría cambiado la cara del match, pero ni el Real Zaragoza lo merecía ni Las Palmas dio sensación de acobardarse ante semejante ocasión.    

   Víctor planteó un partido sin fe. Confiado a lo muy poco que tiene se le olvidó decirnos que él no puede enseñar a jugar a unos profesionales absolutamente hundidos en la depresión y el desánimo. Sin ningún jugador capaz de gobernar mínimamente el juego, el estilo directo al que se agarra el entrenador no funcionó. Enfrente había un equipo que maneja muy bien el balón, que sabe combinar y que le da a su fútbol una pausa que no sabemos combatir. Y nos hicieron añicos, con Apoño de jefe de la sala de máquinas y Valerón de Gran Maestre de la Orden del Fútbol Supremo. En nuestro bando, tan solo la electricidad de Montañés, cortocircuitada cada vez que tres canarios se le echaban encima. En la segunda parte salió Esnaider por un lesionado Álamo. De nada sirvió. Su bisoñez y la trascendencia del partido pudieron tanto con él como con Suárez, de igual modo que ni Luis García ni Barkero son capaces de ningún modo de gobernar el desgobierno. A ello sumamos la falta de calidad y de moral del resto de los jugadores, con lo que el desarrollo del partido tenía un cruel guión escrito de antemano. Hubo, eso sí, unos minutos de empuje, que coincidieron con el minuto 60 y siguientes, pero ni el equipo de Víctor tiene veneno en sus botas ni al equipo de Lobera le temblaron las piernas. Un par de ¡uys! y muy poco más.    

   El partido se fue desinflando y Víctor salió por Arzo, lento e incapaz de dar lo que se le pide. No Víctor Muñoz, que aun habría sido una solución, pues en esa posición llegó a ser internacional en 60 ocasiones, sino Víctor Rodríguez, a quien el primero le hizo jugar de mediocentro. No funcionó. Después, el entrenador aragonés acabó por reformar por completo el centro del campo con la salida de Acevedo por Barkero, inocuo y fútil. Tampoco funcionó. En realidad, nada fue como debía ser. Y así, el desastre se completó. La derrota se cerró en el minuto 10, por lo que todo lo que ocurrió después fue pura iniquidad sufrida por la afición que, inerme y muerta después de mil muertes, abandonó la Basílica desolada y aterrorizada con la idea de un descenso a 2ª B. Que es una posibilidad cierta. Que es una certeza que hay que contemplar como posible.

CALIFICACIONES

Leo Franco: 1. Recibió dos goles ante los que nada hizo.

Fernández: 1. Atropellado e inexacto.

Álvaro: 1. Dispuesto al combate, pero sin armas.

Laguardia: 1. Quiso querer, pero no aportó soluciones.

Rico: 1. Le caen todas y sus nervios lo acusan.

Arzo: 1. Llega tarde y mal a todos los balones y no controla el juego.

Barkero: 1. No sabe qué tiene que hacer. Y no hace nada bien.

Álamo: 2. Por su banda llegó el gol y varios balones valientes.

Luis García: 1. No tiene físico para el trabajo que se le pide.

Montañés: 2. Eléctrico y atrevido, pero muy solo. Marcó el gol.

Suárez: 1. Solo, aislado. No se le vio a gusto.

Esnaider: 1. Muy voluntarioso, pero inocente y estéril.

Víctor: 1. No supo qué hacer con el balón en los pies.

Acevedo; S.C.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s