Mi crónica. Real Zaragoza, 1 – Jaén, 0 (Sin fútbol, y no importaba)


   montañésLa suerte, esa caprichosa diosa que los griegos llamaron Tiqué y los romanos Fortuna, no nos ha dejado en los últimos tiempos muchas muestras de su afecto. Sin embargo ayer decidió arrojar la manzana sobre el césped de la Basílica para que se la quedase el equipo más bello y ese resultó ser el Real Zaragoza. Suerte, un golpe de fortuna que permite mirar de reojo a la salvación de la categoría. Suerte y poco más. A veces conviene ganar un partido así, aunque no se haya merecido, aunque no se haya hecho más que el contrario, aunque cinco segundos antes del gol todos los zaragocistas pensásemos en cómo afrontar una decepción más.
   Un partido que todo el entorno había calificado como clave y que debería marcar el objetivo final de la temporada. Ese era el punto de partida. Conscientes de ello, los jugadores de Víctor Muñoz afrontaron los primeros compases con intensidad pero con poco acierto. Es muy cierto que al equipo le falta fútbol, que no hay jugadores capaces de dibujar los pespuntes necesarios en un traje que les viene demasiado grande por lo que la opción elegida es la de los balones largos, la búsqueda del contraataque y la espera de un balón suelto que podamos aprovechar. Y así se diseñó el choque.
   Enfrente un equipo sencillo, con poca chicha y menos calidad pero capaz de hacerle un roto a un equipo como el nuestro, con lo que el nerviosismo era el jefe de la grada. Y del campo de juego. Arreones, jugadas deshilachadas, chuts con intención pero sin calidad. El partido era un torneo de irregularidades. Si acaso salvamos un chut al larguero de Luis García y dos disparos de Montañés y Barkero que el portero andaluz desvió con acierto. Lo demás, lo de siempre. Leo Franco cumpliendo, la defensa desencajada, el centro del campo fláccido y una delantera con vigor pero sin acierto. Y a la caseta.
   La segunda parte fue una continuación del bostezo con que nos habían obsequiado ambos equipos en los primeros cuarenta y cinco minutos. Si acaso la agitación de Ángelo, las carreras de Montañés y los desmarques de Roger. Pero el caos era la norma. Y de ello se aprovechaba el Jaén, que no le hacía ascos a adentrarse en territorio zaragocista al comprobar la endeblez defensiva y la inarticulación del centro del campo.
   En el minuto 61 Víctor sustituyó a un activo Ángelo, justo el momento en que el partido entró en una fase de correrías por territorio enemigo pero sin botín. Ni el Jaén era capaz de aprovechar el desorden local ni el Real Zaragoza supo meter el cuchillo en la mantequilla andaluza. Fue en esos minutos, eso sí, cuando emergió el mejor Montañés. Decidió jugar su baza de la velocidad y diseñó varias jugadas en las que se atrevió a encarar a los defensas contrarios e, cincluso, chutar a puerta para probar suerte. Como en el minuto 66, cuando culminó un ataque con un chut al larguero que mereció el premio del gol.
No fue así y el partido se acomodó en los brazos de la incertidumbre. Y de languidez. Solo una jugada a balón parado podía ofrecernos la posibilidad de batir al Jaén. Víctor la tuvo en el minuto 86, pero la barrera fue mucha barrera. Salió después Esnaider quien nos ofreció un recital de lucha y presión, pero poco más podía aportar. Incluso Abraham tuvo sus minutos, sustituyendo a Rico, cansado y tocado. Y llegaban los minutos finales. Sin esperanza, sin ilusión pues no había razones para pensar que el gol podía llegar.
   Mas llegó. Una explosiva arrancada de Montañés, un balón que se llevó con velocidad y decisión, un centro al punto de penalty, un balón peleado por Roger y un toque en la cadera de Hugo Álvarez. Todo eso hizo falta para que llegara el gol. Al filo de la muerte, cuando el verdugo ya se aprestaba a darle la vuelta al tornillo del garrote, pero a tiempo. Y es que no haber ganado ayer habría supuesto que ahora estaríamos disfrutando del reflejo del color verde de una milla en la que llevamos ya demasiado tiempo viviendo. Victoria, pues. Vida, aún.

CALIFICACIONES
Leo Franco: 2. Sin mucho trabajo.
Fernández: 1. Algunas gotas de velocidad en ataque, indecisión en defensa.
Álvaro: 1. No arriesga, no aporta.
Laguardia: 1. Muy aguerrido, muy nervioso.
Rico: 1. Le tiembla el escudo.
Arzo: 1. No es una buena idea que juegue de medio centro.
Barkero: 1. Ya no sabe dónde jugar. Solo tiene chut.
Luis García: 1. Jugó al ralentí, no encontró la brújula.
Montañés: 3. Su velocidad, vital; su decisión, letal.
Roger: 2. Inquietó al contrario.
Ángelo: 2. Puso tantas ganas como fuerzas le faltaban.
Víctor: 1. Poco tiempo tuvo para tanta tarea.
Esnaider. S.C.
Abraham: S.C.

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