Mi crónica. Alavés, 2 – Real Zaragoza, 2 (Sombra, invítame a luz)


   Un partido de fútbol debería durar setenta minutos. Al menos hoy por hoy y si quien lo juega es el Real Zaragoza. Setenta minutos, no más. Hasta ahí somos un equipo hecho a fuerza de martillazo físico y fuego en el corazón, justo los dos argumentos que Víctor Muñoz ha inculcado a este grupo de futbolistas inocuos y desequilibrados que ha decidido entrenar durante doce partidos. Si así hubiera sido, estaríamos hablando de una victoria. Como no ha sido así, empate y sonrisa de tontos.
   El partido de ayer era crucial. Ganar nos daba vida. Perder nos mataba. Empatar nos deja ilusionadamente alicaídos, o desganadamente ilusionados, como se prefiera. Lo único que nos sostiene es que pudimos comprobar que el grupo sabe competir con cierta dignidad gracias a las enseñanzas del entrenador y a su carácter. Y eso que peor no se pudo empezar. Temblando todavía gracias a la incertidumbre que nos provocó una alineación en la que se preveía más ataque que contención, llegó el primer gol del Alavés. Una falta cometida por Barkero al borde del área permitió a enganchar un chut templadito y fácil que Leo Franco leyó muy mal. El balón entró por su palo, en un error que hacía que de nuevo los nubarrones nos nublaran la vista.
   El equipo se tambaleó. Sin brújula engrasada y con unos jugadores torpones que no sabían como gestionar la nueva situación, el partido dibujaba trazos erráticos pues ninguno de los dos equipos jugaba un fútbol decente. Si acaso el Real Zaragoza mostró una cara un tanto diferente de la hasta ahora conocida. Con Barkero ubicado en la zona de generación de juego y un Luis García más presente que nunca, el equipo ha parecido querer aparecer. Álamo, sin ser un extremo puro, ha inquietado a la defensa alavesa y Roger revoloteaba por la línea horizontal del ataque tratando de buscar la espalda de la flojita defensa del Alavés.
   Y en una de esas el Real Zaragoza se ha cobrado una falta. Luis García, que es veterano y listo, ha visto a Roger que se movía con picardía y entre los dos han fabricado un gol fláccido, pero gol al fin. El partido estaba empatado y se lograba paliar el pequeño chasco del inicio. Empezaba de nuevo la batalla. Y estábamos bien para afrontarla, pues el equipo no se ha venido abajo y ha acabado la primera parte con una interesante nivel de posesión del 57%. Algo había cambiado frente a los mortecinos últimos partidos de Herrera.
   La segunda parte ha sido el comienzo de un pulso entre la decisión del Alavés y la intención zaragocista. Los locales han planteado un choque directo, de balones largos y búsqueda de la espalda de unos defensas nerviosos y poco firmes. Y mientras tanto los avispas jugaban sus bazas. En este caso la de un Montañés más creído de sí mismo, más atrevido, más vehemente. Y en una de esas se ha plantado ante la portería de Goitia y le ha lanzado un errático chut que ha rebotado en un defensa y se ha colado. El Real Zaragoza le había dado la vuelta al partido y sonreía entre la incredulidad y la fe. ¿Estábamos para la esperanza?
   No. Estábamos para la inquietud. Sobre todo porque los jugadores se han fundido. El aspecto físico no acaba de estar fino y eso se nota en los finales apurados y temblorosos que nos proporciona el equipo jornada tras jornada. Ese será un tema que, seguro, no le dejará dormir al entrenador zaragozano y que, cierto, tratará de solucionar, “yes o oui”. Y ahí hemos muerto. Bien es verdad que con un gol inverosímil, increíble. Imposible. Con un balón bombeado que le ha caído en la cabeza a Quiroga y ha acabado en la red de un estupefacto Leo Franco que ha visto que ayer no era su tarde. No nos lo podíamos creer. O sí.
   El empate no vale, pero sí tienen que servirnos las sensaciones que ha transmitido el equipo. No hay campanas en el Pilar, ni alguaciles en nuestros pueblos capaces de proclamar a los cuatro cierzos que este equipo nos puede ofrecer algo más, pero sí que pueden llegar situaciones diferentes. Víctor lo ha dicho: “El equipo quiere ganar y va a ganar”. Sea.

CALIFICACIONES

Leo Franco: 1. Lo siento en el alma, pero ayer comió goles.
Cortés: 1. Poco importante.
Álvaro: 1. Inexacto.
Laguardia: 1. Incrédulo.
Rico: 1. Buen atacante. Débil defensa.
Cidoncha: 2. Creyó en su trabajo.
Barkero: 2. Le gustó gobernar.
Luis García: 2. Quiso estar presente.
Álamo: 2. Inquietante.
Montañés: 2. Miró de cara al partido.
Roger: 2. Entró en la portería contraria.
Abraham: S.C.
Suárez: S.C.

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