Mi crónica. Ponferradina, 4 – Real Zaragoza, 2 (Nadar en el desierto)


   439314_g¿Cabe más dolor? ¿Es posible que el destino nos tenga reservado más sufrimiento? ¿Qué miserable infortunio aguarda agazapado tras la esquina de la Historia? Hoy, precisamente hoy, víspera de un glorioso aniversario, antesala del cumpleaños de un club que ha sido señor, admirado y querido por las olas de los siete mares, el Real Zaragoza ha vivido una página macilenta, bochornosa, vergonzante. Hoy, amigo zaragocista, la sangre se nos ha secado.

    Los jugadores blanquillos han arrastrado el escudo del león precisamente en la tierra que nos cedió el símbolo que hoy nos representa como ciudad. Indignos jugadores, indignante actitud, insultante propuesta futbolística, humillante gesto de guerreros harapientos y cobardes. No hay pulso en el grupo ni ideas en el corazón del comandante. Tampoco hay generales con galones ganados en el campo de batalla, sino medallas de lata que cuelgan del pecho de pusilánimes ineptos que, para nuestra desgracia, deciden cómo vamos a morir y, seguramente, cuándo.

    El partido ha sido un desastre sin paliativos. Un error de principio a fin. Un insulto a la afición, a un sentimiento. Al fútbol. Cuando un equipo recibe un gol en el minuto 2, y no es la primera vez que ocurre, quiere decir muchas cosas. Demasiadas. Un equipo sin alma, sin tensión, sin orgullo. Eso ha sido el Real Zaragoza desde el principio. Con una defensa temblorosa como un flan, un centro del campo lamentable y unos puntas desquiciados es muy difícil competir con garantías. Solo Leo Franco, como siempre, ha mantenido mínimamente el tipo y solo la fortuna de un gol inesperado logrado por Arzo a los pocos minutos nos ha permitido amortiguar la ira que nos ha invadido. Pero nada más. Ante un equipo menor pero contento de ser lo que es los nuestros han deambulado por el campo con mucha pena y ninguna gloria.

   La nauseabunda actuación de la inmensa mayoría de nuestros jugadores daba para poco más que para la burla. Los despropósitos de Acevedo, la indolencia de Paglialunga, el Rey del (pase) Paralelo, eran argumentos más que suficientes para abroncarles desde la lejanía. La torpeza continuada de Luis García, la flaccidez futbolística de Cidoncha, las facilidades de Rico…En fin. Nada, absolutamente nada podemos destacar como razón positiva mientras la Ponferradina se crecía y se atrevía a jugar al fútbol. Si acaso anotaremos un par de chispazos que han pretendido maquillar el juego de los de Herrera. Un par de chispazos, digo. O uno. Esa falta que ha ejecutado Rico y que ha obligado a Santamaría a sacar el balón con apuros. Pero ahí se ha acabado la intensidad del equipo. Torpe, analfabeto, miedoso, desalentado. Nuestro equipo era el espejo del exilio. Adiós a las armas.

    Después del descanso todo ha sido peor. Mucho peor. Incluso Paglialunga nos ha querido demostrar que aún puede rebajar sus prestaciones. Rozando la infamia futbolística el argentino se ha empeñado en bajar a los sótanos del infierno a buscar en el fondo de las calderas la esencia de un deporte del que desconoce casi todo. El centro del campo se ha despedazado en mil fragmentos y eso lo ha aprovechado un pulgoso jugador leonés, por nombre Yuri, que se ha convertido en la Pesadilla en Toralín Street. Con un poquito de velocidad y cuarto y mitad de descaro le ha roto la cintura a los centrales zaragocistas y ha cosido con letras blancas y azules los tres goles que han acabado por destrozar a los aragoneses. Solo la salida de Esnaider ha permitido maquillar el partido, ya de por sí bastante torcido, pero de poco ha servido. Únicamente para emcionarnos con sus lágrimas de amor fraternal.

    Luego, para terminar de certificar la hecatombe, un cuarto gol para el escarnio. El zaragocismo no sabía dónde meterse. La humillación ha sido tal que la memoria de Murillo, Lapetra, Santos y hasta la del recientemente fallecido Torres ha sentido el peso del escarnio que nunca debimos sufrir.

   P.S.: Escribo esta crónica por amistad, por lealtad, por memoria y por corazón. Mi gente me ha dicho que nadie me reprocharía que hoy no escribiese nada. También que pusiese el escudo y ya está, que es lo único que queda decente. He preferido completar los noventa minutos. Mañana lloraré de emoción recordando aquella noche de hace diez años y el brillo en los ojos de los niños zaragocistas.

Foto: El Periódico de Aragón

CALIFICACIONES

Leo Franco: 2. Ha recibido cuatro goles. Poco ha podido hacer.

Cortés: 1. Escaso de fuerzas e ideas. Abundante en goles en contra: cuatro.

Arzo: 1. Ha metido el primer gol. Le han metido cuatro.

Álvaro: 0. No ha llegado a nada. Solo a recoger cuatro balones de su portería.

Rico: 0. Su banda regala puntos, según su mister. Y cuatro goles.

Paglialunga: 0. Le gusta jugar mal. Y ver cómo se encajan cuatro goles.

Acevedo: 0. Es muy bueno jugando mal.Y ha invitado a la Ponfe al primero de los cuatro goles.

Luis García: 0. No sabe controlar el balón, pero sabe contar hasta cuatro.

Cidoncha: 0. Lleva el 22. Que suma cuatro, como los goles recibidos.

Montañés: 1. Ha intentado cuarenta regates pero solo ha triunfado en cuatro.

Roger: 1. Le ha puesto interés pero no mete goles. Ni uno ni cuatro.

Álamo: 1. Tiene presencia y pundonor.

Esnaider: 2. Ha metido un gol que nos ponía en el mapa.

Fernández: S.C.

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