Muere Torres, el mejor junto a Rico y Belsué.


   Image1Esto de vivir tiene sus curiosidades. Esta mañana he tenido ocasión de intercambiar unas palabras con mi admirado Alberto Belsué con un grupo de niños de por medio que han abierto la boca así de grande cuando les he dicho que se trataba de una gran futbolista que había jugado en el Real Zaragoza y en la selección española. Había que haber visto la modestia con la que el magnífico lateral derecho les explicaba que eso había sucedido “hace mucho tiempo”, como si eso le restase valor a su talento y su carrera fuese, por ello, menos importante. Son, digo, cosas de la vida.

   Y sucedía este breve momento de felicidad zaragocista horas después de haber fallecido quien, seguramente, ha sido uno de los tres grandes laterales que el Real Zaragoza ha tenido en sus filas: Manuel Torres. El menudo y centelleante futbolista ha dicho hoy adiós a este mundo en el que los suyos podrán decir con orgullo que fue un hombre amante y querido y el zaragocismo enorgullecerse de haber contado en sus filas con este turolense que jugó casi doscientos partidos (195) con la camiseta blanquilla. Fue un jugador al que no vi jugar pero que firmó una carrera admirable, casi siempre con el equipo del león. Ocho temporadas dan para mucho, incluso para protagonizar una peculiar historia con el Real Madrid como protagonista. Fue en la temporada 1956-57- En Mayo firmó un contrato con el club de Santiago img1181422sBernabéu para jugar varios partidos, entre ellos la final de la Copa de Europa. El equipo madridista ganaría aquel partido y Torres fue el lateral derecho que acompañó a los Alonso, Marquitos, Muñoz, Di Stéfano, Rial y Gento, convirtiéndose, así, en el único aragonés que ha obtenido ese título. 

   Yo sí llegué a ver jugar a la tercera pata de este banco de laterales excelsos: Rico. Para mí, hasta Belsué, el mejor lateral zaragocista de todos los tiempos. Sus galopadas por la banda derecha, apoyándose en la furia y osadía de Laureano Rubial, las disfruté desde mi grada de Infantil en aquellos primeros setenta y así lo recuerdo aún hoy, cuarenta años después. Y recuerdo también que en aquellos días de zaraguayos y tiralíneas trenzados por García Castany mi padre me hablaba de un tal Torres, del que hablaba grandes 3397bondades. Yo no le hacía mucho caso, la verdad, pues uno siempre cree antes lo que ve que lo que oye, pero reconozco que con el tiempo aprendí que aquel menudo defensa, sin desmerecer a mi añorado Rico, merecía el reconocimiento del zaragocismo.

   Hoy se ha ido. Y hoy recibe el aplauso de quienes no lo conocimos pero somos felices cuando recorremos la historia de nuestro Real Zaragoza y en sus páginas leemos párrafos escritos por ejemplares deportistas como Manuel Torres. Que descanse en la Paz Azul que el cielo zaragocista guarda a sus héroes. 

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