Lugo, 1 – Real Zaragoza, 0. El barro de la vergüenza.


1391886581xml_0   El Real Zaragoza cayó derrotado (1-0) ante el Lugo en tierras gallegas en un pésimo partido que le saca de los puestos de promoción.

   Empecemos por el final. Si Laguardia, el único zaragocista de cuna, sale a la zona mixta y le pide perdón a la afición, su afición, es porque hay muchos motivos, demasiados, todos, para hacerlo. El partido que ayer cerró el Real Zaragoza en Lugo es un capítulo más, horrible, desesperado y maldito, de una historia horrible, desesperada y maldita que nos está obligando a escribir el grupo de incapaces, ineptos y mediocres que rige los destinos de un club que se muere sin remisión. El partido de ayer fue una patada en la boca al moribundo zaragocismo, inane y casi deseoso de que el final llegue de una vez. A veces, la muerte es la vida.

   El partido arrancó con una vorágine de ocasiones para el equipo local, que al minuto de juego ya había cocinado una ocasión de gol. Luego vendrían varias más y en el minuto cinco los zaragocistas ya sabíamos que íbamos a perder. Un choque pésimamente planteado, con unos peones rotos por su falta de calidad y ausencia de fuerza y entrega. Una pugna que solo podía tener un vencedor. Sin Arzo, sin Cortés, sin Acevedo. Pero también sin Álamo, sin Víctor, sin Henríquez. Y con Lagu, Álvaro, Rico, Abraham, Luis García, Mario, Cidoncha. Y Herrera, el gran hacedor de este callejón sin salida al que ha llegado porque no hay jugadores capaces y porque él ya no sabe qué hacer. No hace falta que lo diga él: lo digo yo. Lo dice la razón. Y el corazón.

   El Real Zaragoza fue un juguete roto desde el principio y los aficionados blanquillos, los que lo que lo queremos con el alma, los que morimos cada día con su muerte, vimos cómo el dolor se quedaba a vivir, una semana más, entre nosotros. El Lugo, que es el Lugo, nos bailó. Jugó con nuestros jugadores como el león con la cría de la cebra. Acorraló a los jugadores del Ebro, los mareó, no les dejó llegar a ningún balón, les indicó el camino al infierno. Y permitió que su portero, José Juan, pasase frío y se aburriese.

   Si queremos creer a quien pretenda defender lo de ayer, seguro que nos dice que el plan era contener y jugar la baza del contraataque, pero le responderíamos que para hacer eso hay que saber hacerlo, y no es el caso. Además, es suicida proponer un partido como lo hizo ayer el Real Zaragoza. Y eso debería saberlo Herrera y aprender la idea que puso en práctica Luis Aragonés cuando se hizo cargo de la seelección: tienen que jugar los mejores. Y es evidente que los de ayer no lo son.

   Pero Don Erre que Erre perseveró y mantuvo a sus (malos) jugadores en el campo. Y si serán malos que la única ocasión que tuvieron, la ensuciaron. Fue Luis García, estupendo tipo, no lo dudo, pero muy lejos de lo que necesitamos, quien falló una buena ocasión. Y lo que pasó después fue lo de siempre. Falta lateral, remate de cabeza de los otros y gol. Y fin. Herrera sacó a Álamo y Víctor, no a Henríquez. Y después a Barkero, no a Henríquez. Y dio igual. Con un sencillo repliegue, con un poquito de orden y con algo de coraje, el Lugo se bastó y se sobró para resistir la penosa ofensiva del Real Zaragoza, que vio cómo se iba por el sumidero de la desvergüenza el crédito que si tuvimos un día ya lo hemos perdido.

    Y ya está. No me quedan palabras en el cajón de la esperanza. Y si ellos no hacen su trabajo, no veo por qué la afición tiene, tenemos, que demostrarles nuestro apoyo. Agapito es culpable. Pitarch y su staff son culpables. Herrera, un incapaz. Y los jugadores deambulan demolidos por la lava de la derrota.  

   CALIFICACIONES

Leo Franco: 2. Protagonizó un par de paradas al inicio del partido.

Fernández: 1. Rápido pero inexacto.

Álvaro: 0. Sufrió una barbaridad.

Laguardia: 0. Nervioso y fallón.

Rico: 0. Es una invitación al desborde.

Mario: 0. No sacó un solo balón con criterio. Superado.

Abraham: 0. Fuera de forma. Sin calidad.

Cidoncha: 0. Ausente.

Luis García: 0. Extraviado.

Montañés: 2. Bullidor, pero impotente.

Roger: 1. Liuchador en su soledad.

Álamo: 1. Encara siempre pero le falta ritmo.

Víctor: 1. Trató de dinamitar la zona entre líneas, sin éxito.

Barkero; S.C.

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