Mi crónica: Real Zaragoza, 2 – Ponferradina, 1 (Días de vino y jotas)


montañés   Hay partidos que se resuelven porque hay un jugador de los veintidós que acierta o yerra una jugada que nadie sospecha como peligrosa y ahí se cierran los cielos. No gana el equipo que mejor juega ni pierde el que peor lo hace, sino que se lleva el triunfo el grupo que mete un gol más que el otro. Nada más. Y nada menos. Y si no, que se lo digan a los chicos de Herrera, que esta noche duermen en un territorio apetecido, el de la cercanía a las praderas del ascenso. Justa o injustamente ya es opinable.

    De lo visto el domingo pasado, nada. Ni combinación, ni rapidez en la transición, ni solidez defensiva. Al menos no con claridad. Y con un equipo enfrente que nos ha plantado cara, como todos. Es el peligro de no ser respetado, de haber invitado a todo el mundo a nuestra fiesta porque nuestro fútbol no da para mandar en el campo. O, como se dice ahora, “gobernar los partidos”. Claudio Barragán, el entrenador de la Ponfe, le ha cerrado el aire a nuestros laterales, ha organizado una sensata red de contención y ha fiado su ataque a unos habilidosos futbolistas que incluso se permitían el lujo de proponernos taconazos y tirarnos tunelillos que los nuestros sufrían con cierta impotencia.

    En ese toma y daca nada beneficioso para nuestros intereses el equipo leonés se ha encontrado cómodo e incluso ha dado muestras de atrevimiento, obligando a Leo Franco a realizar alguna parada de mérito, en lo que sería una constante, pues suyo iba a ser el mejor trabajo de los blanquillos. Los demás no acertaban a cumplir sus obligaciones. La defensa era un muro de membrillo. Paglialunga se golpeaba él solo en los tobillos, mientras Acevedo no era el extractor de balones que fue en Mallorca. Barkero mantenía una modesta línea de calidad, pero Víctor se borraba a sí mismo y a Montañés lo freían a faltas no siempre pitadas, por lo que nadie le proporcionaba balones a un voraz Henríquez que se machacaba a lo largo de todo el campo buscando comida. Y así fue hasta que el Real Zaragoza se ha encontrado con un gol fruto del atrevimiento y de la fortuna. Barkero ha puesto un inteligente balón en la parcela de Montañés, quien ha debatido el cuero con Ramírez provocando que éste lo introdujera en su propia meta. Era gol, un gol bendito que ha iluminado el festivo firmamento zaragozano cuando menos lo esperábamos.

   El partido se ponía bien. Sin embargo el equipo ha dado dos pasitos atrás y se h dejado querer. O mejor: se ha dejado devorar. Y la Ponferradina se ha atrevido a poner algunos puntos sobre varias íes hasta que ha conseguido el empate. Y ha sido como siempre: falta, balón bombeadito, cabezazo sencillito y al puchero. Podríamos decir que ha sido en fuera de juego, que lo ha sido, pero eso no sirve para que para cambiar de tema, como los malos estudiantes. Nuevo jarro de agua fría y a la ducha. La Basílica, enmudecida, las dudas sobrevolando nuestra inquietud y cuarenta y cinco minutos por delante de incertidumbre.

    La segunda parte ha comenzado con un tímido arreón zaragocista que apenas ha durado unos minutos. En seguida ha dado comienzo un desnutrido concierto de errores, imprecisiones y malos entendidos que auguraban otro pequeño drama. ¿Sería posible que este equipo volviese a mostrarse incapaz de ganar en casa? Todo apuntaba a que sí; es decir, a que no ganábamos. Para contradecir nuestros temores, Herrera le ha pedido a José Mari que sustituyera a Paglialunga, o porque fuera a hacer nada distinto, sino porque a lo mejor hacía lo que el argentino no había sido capaz. No ha mejorado el equipo, que ha comenzado a mostrar signos de impaciencia y nerviosismo, acosado por un árbitro horrible que se apuntaba a destrozar lo poco que de partido de fútbol tenía el choque.

   Y en esas estábamos cuando Víctor se ha dispuesto a ejecutar una falta al borde del área. Lo ha hecho con decisión y energía y el balón ha salido curvo y valiente, llegando hasta el fondo de las mallas esquivando la inútil estirada de Santamaría. Otro gol salvífico del jugador catalán que lleva camino de convertirse en ese pequeño héroe que todo equipo necesita para lograr lo que no siempre se merece. Un gol fantástico que abría la tarde a la posibilidad de una victoria tan necesaria como útil, por lo que el equipo se ha aprestado a defenderla con uñas, dientes y rasmia. Con lo que único que tenía, en realidad, porque el fútbol se había quedado en Palma y aún no había encontrado un billete de vuelta. ¡Ah! Y con Leo Franco, nuestro portero, el mejor jugador del equipo. Ha resuelto un mano a mano, varios balones altos, de esos que nos matan cada partido, y diversos chuts que en otras circunstancias habrían supuesto un problema serio. Decisiva actuación, pues, la del argentino.

   Victoria, entonces. Triunfo que nos aupa a los arrabales del play off y nos permite aspirar el aroma de la cabeza de la tabla, un perfume prohibido hasta ahora que, una vez disfrutado, tiene que llevarnos a vivir una semana interesante en la que la preparación del choque en Riazor seguro que nos invitará a masticar fútbol, bebernos nuestros debates sobre jugadores y alineaciones y degustar el sabor de la victoria. Y decir, sin ningún dramatismo: “Después de todo, mañana será otro día”

CALIFICACIONES

Leo Franco: 4. Determinante. Sus paradas han sostenido la victoria del equipo.

Cortés: 1. Fláccido en defensa y estéril en el desdoble.

Laguardia: 2. Los pocos balones que ha interceptado el equipo han llevado su firma.

Paredes: 1. No ha podido ni siquiera complementar el discreto trabajo de Lagu.

Abraham: 1. Fláccido en defensa y estéril en el desdoble.

Paglialunga: 1. Flojo partido. Inexacto en la ubicación y torpe en el pase.

Acevedo: 2. Ha sido el más consistente de la retaguardia sin ser un valladar. Le dado cierta salida al balón.

Victor: 3. Mediocre primera parte, mejorada en la segunda, sobre todo cn su buen gol.

Barkero: 2. Ha hecho un partido correcto, sin estridencias. Suyo ha sido el pase del primer gol.

 Montañés: 4. Los contrarios solo lo han podido parar a base de golpes. Su verticalidad es su mejor arma y su velocidad un argumento rotundo.

 Henríquez: 3. Ha peleado con alma y fuerza. No ha recibido buenos balones pero no le duelen prendas en ir al infierno si es preciso en busca de un trozo de cuero.

 José Mari: 1. No ha aportado casi nada.

 Ortí: S.C.

 Cidoncha: S.C.

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Un comentario sobre “Mi crónica: Real Zaragoza, 2 – Ponferradina, 1 (Días de vino y jotas)

  1. Señoras y señores estamos en segunda y esto es lo que hay, partidos asi durante toda la temporada asi que no se crean lo de la primera mitad en Mallorca visto lo visto podemos decir que fue un milagro la primera mitad en Mallorca. Ayer victoria y gracias sobre todo a LEO FRANCO que nos salvo los platos y algo mas, al gran partido de PACO MONTAÑES que si sigue asi va a durar aqui en estos lares, menos que un caramelo en la puerta de un colegio. Y como no de nuevo al golazo de VICTOR RODRIGUEZ. Al buen delantero centro ANGELO HENRIQUEZ me lo veo como a Helder Postiga luchando a diestro y siniestro y no le llega un balon en condiciones y me lo van aburrir. En el centro del campo, sigo opinando que nos hace falta un director de orquesta como el comer y en la defensa ayer se demostro una vez mas que cuando no juega ALVARO se nota en demasia. En fin señloras y señores pese a que no estamos bien, vamos a tres puntos del ascenso, por eso digo asi es la segunda divisiòn pero saben cuanto queda pues nada mas y nada menos que 33 jornadas, pues como para no comentar cosas.

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