Sobre ser zaragocista y punto


   858808_1bEste es un artículo sobre el zaragocismo. O mejor: sobre ser zaragocista. Un asunto que abre las carnes de opinadores, contertulios, foreros, tuiteros y demás gente de bien y que en todo caso provoca amargos debates en momentos no menos amargos.

   Es muy frecuente en nuestra tierra hacer uso de la comparación. Es lo que tiene ser territorio de mixturas, cruce de caminos, país débil entre países poderosos. Hay cierta tendencia a decirnos a nosotros mismos que somos menos que los demás, cuando precisamente la nobleza aragonesa hizo roca aquella afirmación de “somos pocos, pero nunca poco”. Y esa querencia a la comparación en la que siempre salimos mal parados nos lleva a entablar una competición acerca de quién es más zaragocista según qué hace. Y aquí me planto. Mucho cuidado con hacer astillas, atención con tirar piedras sobre nuestro tejado. A ver quién viene aquí a plantar sus reales enarbolando la bandera del zaragocismo. Porque esa bandera, amigos, no tiene dueño ni es patrimonio de nadie. Y acudo a ejemplos.

   Mi madre nunca ha pisado la Romareda, pero respira zaragocismo por los cuatro costados. Ya su padre, mi abuelo Juan Antonio, que murió centenario, apuraba las tardes del domingo con el transistor encendido y esbozaba una sonrisa cuando Paco Ortiz cantaba algún gol de Marcelino. Mi padre sale poco de casa, pues las piernas ya no son sus amigas, pero quiero decir aquí que era él quien me llevaba cuando yo era un niño a la entonces joven Romareda en su vespa blanca y me colocaba a los pies de la portería de la Feria de Muestras para que yo pudiera darle los balones a Oliveros y éste sacara los corners. Conforme a lo que hoy se estila, yo pregunto: ¿son mis mayores buenos zaragocistas?

   Tengo amigos antiagapito que lo mandarían a las Chafarinas a hacer guardias bajo los luceros, amigos que dicen aquello de “sí, vale, pero ¿quién las pone? Ponlas tú, ¿no te jode?”. Tengo amigos que odian a muerte a, por ejemplo, Víctor Fernández y amigos que lo tienen en un altar. Amigos que encorrerían a los jugadores por gandules y “mataos” y amigos que piensan que la culpa es “del andaluz ese que se atreve a bailar la jota en el Pilar”. Y seguimos siendo amigos. Y ayer vi lágrimas blancas y azules en los ojos de todos ellos y aseguro que son tipos duros del roquedal que cogen a la vida por los huevos y se la llevan por delante, pero ayer lloraban como niños. Algunos estuvieron en la concentración previa; otros, no. Algunos dijeron que mientras siga Agapito, no renuevan el abono; otros renovarán porque “ese c… no me va a decir a mí lo que tengo que hacer” ¿Son buenos zaragocistas todos o solo algunos?

   Los niños de siete años en las excursiones cantan aquello de “Alé, Zaragoza, alé, alé” espontáneamente y creen que el Zaragoza es el mejor equipo del mundo. Ayer vi a varios zagales en brazos de sus padres con caras de espanto porque la policía, porra en mano, estaba “desalojando” los alrededores de la Romareda. También vi a decenas de adolescentes llorando después del partido y a alguno de ellos, sin conocerlos, les dije que volveremos y que arriba ese ánimo, chaval. Otros, conversaban serios o incluso reían empujados por su juventud.  ¿Cómo calibrar la intensidad de su zaragocismo?

   ¿Y sobre la tarde de ayer? Ya se ha hablado de pasividad, ya se ha dicho que la Romareda mostró indiferencia, ya se ha informado acerca de la resignación con que se acogió el descenso. En fin… Bueno, yo sé lo que pasó allí, porque estuve y vi y oí, así que no necesito que nadie me lo cuente. También diré que había mil opiniones, todas diferentes, todas legítimas. ¿Y sabe qué, amable lector? Lo único que cuenta es que al final todos lloramos. Cada uno a su manera. Cada uno con su rabia envuelta en envoltorios distintos. Y no tiene que venir nadie a decirme cómo manifiesto mis emociones. Nadie. Ni desde Aragón ni desde Madrid. ¿Qué saben los de cualquier televisión nacional de nuestro dolor, de lo que vivimos aquí, de lo que sufrimos? No tienen ni idea ni serán capaces de entenderlo nunca y de eso hablaremos otro día.

   Y la concentración. En ella estuvimos unas mil personas. Son pocas, fuimos pocos, pero jamás se me ocurrirá ponerle mala cara a los que se reunían a unos cientos de metros ni considerarlos menos zaragocistas que yo por haber decidido no acudir. Es una cuestión de tiempo, de capacidad organizativa, de credibilidad, no de dividirnos a bote pronto porque tú estás allí y yo estoy aquí. A la fin y a la postre, al acabar el partido todos, concentrados y no concentrados, desalojados y no desalojados, indignados y desolados, sentimos el mordisco de la miseria. Y cada uno habrá amanecido hoy agarrado a su manera de afrontar la desdicha, ¿a que sí?

   Así pues, que nadie se atreva a colocar termómetros de amor porque la pasión no se puede medir y además, ahora mismo solo hay una tarea que abordar: lograr liberar al Real Zaragoza del secuestro que sufre desde hace siete años. ¿Cómo?

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9 comentarios sobre “Sobre ser zaragocista y punto

  1. Con el pelo de punta, maño.
    Pero, también, con toda la razón. Es una manía muy de aquí (de Aragón y de España) lo de otorgar “carnets de buen…” a quien comulga con tus ideas o modos de expresión y la cualificación contraria a quien no. y en este caso es totalmente necesario aunar esfuerzos para el objetivo querido por todos, sea el que sea, dado que no son opouestos. Subir al Zaragoza o echar a Agapito.

  2. Muy bueno. El amor no se mide en cantidad ni en calidad, cada uno lo expresa y lo siente a su manera y las etiquetas, en este tema, no valen nada. De verdad, le felicito.
    Yo me he cansado de escuchar es más zaragocista por… es menos por…. Y eso es una de las cosas que hay que empezar a evitar.

  3. Acepto las opiniones de todo el mundo, otra cosa es que las comparta o no. Lo que si tengo claro es que nuestro REAL ZARAGOZA, con AGAPITO de presidente y amo mayoritario de la acciones desde que està el soriano, nuestro equipo es una autentica ruina. Ha roto todas las estructuras zaragocistas, la deportiva, la economica y la social. No hay programaciòn por ninguna parte, no hay gestiòn y evidentemente no hay futuro. La ciudad deportiva practicamente sin jugadores aragoneses, la aficiòn dividida y super harta y hasta el gorro de Agapito. El soriano que creo que no està por la labor de vender puede acabar con una instituciòn con mas de ochenta años de historia como es el REAL ZARAGOZA. Hay en estos momentos muchos aficionados abonados del REAL ZARAGOZA que lo tienen muy claro como siga el soriano no se hacen socios, repito asi hay muchos. MOLINOS ha resultado ser un autentico florero y protector de Agapito y tambien a muchos aficionados ha decepcionado la postura de Nando Molinos. Hasta Manolo JIMENEZ ha cambiado y es culpable con los jugadores del descenso del equipo. Amigos, de verdad no se que poder de embrujamiento tiene el soriano Agapito que ha echo cambiar al mismo Jimenez. Tenemos solucion si sigue Agapito, pues yo particularmente lo veo muy mal, realmente todos los que queremos al REAL ZARAGOZA queremos que lo dirigan gente honesta, sana y honrada y sobre todo y ante todo ZARAGOCISTA, es lo menos que se merece la quinta ciudad en poblaciòn de nuestra piel de toro como es ZARAGOZA.

  4. Muy bueno el artículo. Enhorabuena. Lo que yo sigo sin tener claro es que haya escuchado a nadie decir que tu eres más o menos zaragocista que otro… ¿Cuando se ha dicho eso? Para mi es una leyenda urbana como diría aquel.

  5. Estoy de acuerdo contigo, nadie tiene la exclusiva del zaragocismo y todos la tenemos. Pero si de una cosa estoy orgulloso(a parte de ser parte de esta gran familia), es de ver a esos zagales llevando orgullosos nuestros colores, cuando les sería muy fácil,dado como está montado esto, ser del Barça o del Real Madrid y no sufrir tanto. Pero han elegido esta familia de la cuál solo diré que pese a nuestras diferencias de opinión( como en todas las familias pasa), seguimos siendo y siempre seremos la mejor afición del mundo.
    !!!AUPA REAL ZARAGOZA SIEMPRE!!!

  6. pdro, creo que la cosa va porque se consideró poco zaragocista a quien estaba en desacuerdo con Agapito, o malos aficionados (o peores que los de Coruña o Vigo) a quienes asistieron a la concentración. Y eso en boca del entrenador, que no parece ser quién para repartir placets de buen aficionado, la verdad.

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