Hay que rematar el partido de Valencia


   Esta semana huele a pólvora. Puede que el sábado ganemos, y entonces disfrutaremos de unos días de sol azul en los que una líquida transparencia cubrirá el manto del zaragocismo; puede que el sábado empatemos o perdamos, y entonces un oscuro manto esconderá nuestra esperanza y todo nos parecerá imposible y el mañana inalcanzable.

   Para que una cos u otra suceda deberemos saber que es cierto que el sábado, en Valencia, jugamos a otra cosa, que fuimos capaces de mostrar maneras de equipo alegre y vivaracho. Mas también es cierto que fuimos débiles en defensa y que nuestra delantera pinchó en todos los huesos imaginables. Ambas circunstancias provocaron que el viaje de regreso fuese triste y el equipo cubriese el trayecto entre la acequia de Mestalla y la acequia de La Romareda con gesto abatido y palabras grises.

   Con todo ello llegamos al ecuador de la semana y comprobamos que Manolojiménez repite entrenamientos a puerta cerrada, como si con eso pretendiese conseguir armar el corazón de los chicos y ahormar sus alicaídas almas para afrontar el duro combate del sábado. Un encuentro en el que me atrevo a expesar la necesidad de que Romaric complete un buen prtido pues para mí él es una de las claves de este equipo.

   El marfileño ha declarado esta semana que está seguro de triunfar en el Real Zaragoza y no dudo de su compromiso y su deseo de convertir en realidad su anhelo, pues sus prestaciones, si son buenas, serán muy necesarias para conseguir que este equipo cierre ua buena temporada. Pero tene que mejorar muchísimo, pues hasta el momento poco más ha demosrado que su capacidad para pasear elegnatmente por el terreno de juego. Algunos destellos y poco más y eso es muy poco para lo que el equipo precisa y para lo que su calidad puede proporcionar.

   Sin ebargo, otro jugador ha hablado esta semana. José Mari es ese jugador que ha logrado que a afición lo quiera y le aplauda, pues su trabajo ha conquistado a os zaragocistas demostrando así que debajo de los montones de chatarra que habitan la Segunda División y la Segunda División B existen jugadores talentosos y trabajadores que pueden llegar a ser piezas clave en muchos equipos de Primera División.

   Son la cara y la cruz de un equipo, el Real Zaragoza, que aún no ha acabado de nacer, que aún no ha abandonado el cascarón pero al que hay que darle ya ese empujón que necesita para comenzar una singladura que le lleve, que nos lleve, a un puerto más acogedor que los acantilados a los que hemos arribado al final de las tres últimas temporadas.

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