Entrevista a Manolo Jiménez en Heraldo de Aragón


«PASE LO QUE PASE, EL ZARAGOZA SIEMPRE ESTARÁ EN MI CORAZÓN»

Es el hombre del momento, la persona que ha sido capaz de volver a dar sentido al zaragocismo. Porque, pase lo que pase hoy, se ha ganado el respeto y la admiración de la afición

«Mi padre era mi ídolo, mi amigo, me enseñó todos los valores»

«Siento haberme perdido momentos importantes de mis hijos por mi trabajo»

«Soy costalero desde los 15 años y saldré la ‘madrugá’ de Arahal esté donde esté»

PICOS LAGUNA. Heraldo de Aragón. Domingo 13. 05.2012

   Tiene a Sevilla metida en el alma y en el corazón, una Sevilla que le ha dado todo, la gloria deportiva, la esencia de sus raíces; una Sevilla que llegó a ahogarle y que le impuso el reto de buscarse fuera a sí mismo, ver si también lejos de ella podía encontrarse con ese Manolo Jiménez (Arahal, Sevilla, 1964) capaz de triunfar. Y lo ha hecho. Hoy, este andaluz sensato, reflexivo y metódico, marcado por un padre que le enseñó todos los valores importantes para un hombre, lleva también en el alma prendida a esa Grecia que dejó en medio del caos y la pobreza, y a una Zaragoza, a un Zaragoza que le adora y que se ha rendido a sus pies.

Impresionaba su rostro en el autobús que le llevó a la Romareda, antes del encuentro frente al Racing.

¡Uf! Es que se acumula mucha tensión. Dese cuenta que no es solo cumplir con tu trabajo, sino la responsabilidad de los sentimientos que hay detrás de ti, de tanta gente. Si eres una persona responsable, todo se te refleja.

Era emocionante ver cómo le animaban tantos seguidores, más que a los jugadores.

Bueno, me he erigido un poco como el buque insignia, pero, y lo digo de corazón, me contrataron para intentar salvar al Zaragoza y lo que hago es cumplir con mi deber y llegar a mi objetivo. Todos valoran las dificultades que había, pero los protagonistas son quienes hacen el gran esfuerzo físico de ganar, los futbolistas; y el gran esfuerzo de desgaste sentimental y emocional de la afición. Por supuesto, algo que tengo que ver, porque soy quien diseña el trabajo.

¿Cómo aguanta la presión?

Sufro, sufro, pero intento disimular ante los jugadores y la afición, aunque mi cara la refleja muchas veces, refleja el miedo de fallarle a la gente a la que te debes y creo que ese miedo se llama responsabilidad. Desde pequeñito siempre me ha dicho mi madre que he sido muy responsable en todo.

Además de reflexivo y metódico, y esto se ve en su trabajo.

Hay que saber diferenciar los momentos que tiene el ritmo de la competición. A veces que hay que ser un poco vehemente, y lo soy; ser un poco padre o hermano mayor para los más jóvenes, y lo intento; o tirar de autoridad. Me ayuda mucho haber sido futbolista tantos años, haber sido capitán de un equipo histórico, el Sevilla, como es el Zaragoza. También, y en el plano personal, ser el segundo de cinco hermanos, porque por mi carácter siempre he intentado ser un poco líder, también en el colegio, lo que me ha servido para involucrarme mucho en los problemas de los demás. Me gusta ayudar, por eso me hice entrenador, en principio para ser formador, para ayudar a los niños, porque yo cumplí mi sueño y sé lo mucho que me costó. Empecé en el Sevilla más que de entrenador de formador deportivo, hasta que me llegó el reto de entrenar al primer equipo.

Usted es canterano, ha estado años en el mismo equipo y eso genera un gran sentimiento hacia una camiseta.

Soy canterano cien por cien. Por eso tengo aquí chavales de la cantera, aunque los utilizo poco, pero quiero que ganen confianza y experiencia que puedan aportar al Real Zaragoza. Soy un canterano porque creo en los sentimientos y está claro que un chico que viene desde la base, aparte de ser tan profesional por condiciones como cualquiera, tiene un plus, que es saber cómo se vive y se respira el fútbol en Zaragoza, qué siente el zaragocismo.

Un sentimiento no muy habitual.

Es que la sociedad ha cambiado. Recuerdo que cuando comencé todos éramos canteranos, 2-3 de otra región y como máximo tres extranjeros. Ahora la libre circulación de ciudadanos en la Unión Europea, y que pueden venir tres extracomunitarios, ha abierto un abanico de posibilidades que es bueno, aunque tiene su lado negativo. No se tiene que perder al jugador de las ‘vacas flacas’, de cuando todo mal, cuando todo son problemas y se tira de la cantera. Quienes estamos encargados de dirigir los equipos deberíamos tener mucho tacto con ella; de hecho, grandes equipos como el Barcelona o el Bilbao lo hacen y es algo muy grato para mí.

Jugó en 15 ocasiones con la selección absoluta.

En total fueron 21, con la olímpica y la B.

Y era lateral izquierdo, una posición no muy habitual.

Tuve que sustituir a jugadores como Camacho o Gordillo; después estábamos Sánchez Flores, López Recarte, luego llegó Sergi… Ha habido grandes laterales izquierdos y tuve el honor de representar a mi país en un Mundial, en una Eurocopa Sub-21, en un preolímpico. Al salir de un pueblo, pasar por todas las categorías y llegar a lo más alto que es un Mundial, fue un premio al trabajo que quise compartir con mis compañeros, porque en el fútbol todos dependemos de todos y si llegué fue también por lo bien que lo hicieron para que yo destacase.

¿Por qué se hizo entrenador?

Me retiré por una lesión y me hice porque me gusta mucho la formación del jugador. Empecé porque casualmente en la barriada Sevilla Este de Sevilla jugaba mi hijo y se quedaron sin entrenador; coincidió que ya no era jugador y decidí coger a ese equipo. Yo disfrutaba más que los niños con su ilusión; ellos me respetaban mucho, claro, un ex futbolista del Sevilla… Ahí empezó esa vocación y fui sacando todos los títulos de entrenador. También empecé desde abajo: Preferente, Tercera, Segunda B, Segunda A y Primera División. Me ha gustado seguir los pasos y no utilizar mi nombre, empezar desde abajo porque es como más se aprende.

Y le fue muy bien.

Sí, sí, cogí al filial del Sevilla que estaba en Tercera División y lo ascendimos a Segunda B y Segunda, algo histórico porque se tenía un equipo en Primera y otro en Segunda; me necesitaron en el primer equipo y di el salto: dos competiciones en Champions, semifinal de Copa, final de Copa, tercer clasificado con 71 puntos… Todo muy bonito, pero me tuve que ir al extranjero porque necesitaba salir de todo lo que había sido siempre el Sevilla; el Sevilla era todo lo que yo veía y me fui al AEK de Atenas.

Precisamente cuando se produjeron graves revueltas, en 2010-11.

Me acogieron fenomenal, guardo un gran recuerdo y cariño por todo y por todos. El equipo ganó la Copa, después de nueve años de sequía de títulos y para un grande como el AEK era algo imperdonable. Me exigían ganar un título en un corto periodo y en apenas cuatro-cinco meses lo conseguimos.

¡Es usted un apafuegos!

Bueno, ¡parece que me estoy definiendo por eso! Al poco tiempo surgieron las revueltas, la crisis azotó fuerte y la vida se hizo muy difícil. Grecia fue dura, un idioma que no puedes ni leer, que no sabes si estás comprando leche o aceite porque no entiendes nada. La gente es muy pasional, muy fanática de su equipo, pero le cogí un cariño muy especial porque son muy de verdad.

Se mueve solo, sin su familia.

Voy con mi equipo, pero no con mi familia porque los dos últimos años me he movido cuando ya estaba todo comenzado y llegaba de una forma improvisada.

¿Sus hijos?

Tengo tres, dos mayores de 23 y 21 años, y uno muy pequeño de 2 y medio; y claro, uno trabajaba, otra estudiaba, el pequeñito en la guardería. Llegar con el curso empezado es una locura, se hace muy difícil pero lo sobrellevas. No cambio ninguna de las tres paternidades porque todas han sido muy especiales y lo que siento es haberme perdido momentos importantes de su vida por mi trabajo, pero es lo que tiene esta profesión.

¿Cómo lleva la separación en momentos de presión, como ahora?

Echas de menos a la familia, porque tus hijos te cambian el chip, y a los amigos. Cuando llegué aquí estaba todo el mundo abatido, no solo jugadores, sino la gente por la calle que no creía en nada. Al no tenerles cerca te encariñas más con los jugadores, con la gente del club y te vas involucrando en su vida; al llegar más fresco que ellos -llevaban unas vueltas para olvidar, de sacrificio y penalidad-, crees que tienes que ayudarles y para eso creo que estoy preparado, porque me gusta y vengo de abajo en todos los aspectos.

Veo que lleva una pulsera de nazareno.

Es de mi hermandad, Jesús Nazareno de Arahal y Santísima Virgen de los Dolores. Soy costalero desde los 15 años y tuve que mentir porque solo puedes ser con 18. Es algo que me trasmitió mi padre y que he trasmitido a mi hijos. Yo creo mucho en Dios, pero también en la unión que en torno a una hermandad se crea; me gusta esa forma de vida y me gusta que la sociedad se lleve bien.

Exigió por contrato tener libre Viernes Santo para procesionar.

Es cierto, yo les dije que tenía que tener libre la madrugada del Jueves Santo al Viernes Santo. Lo hice en Atenas, lo hice aquí y lo haré allí donde vaya, es una condición, porque perdí a mi padre en 1994, que era el que me llevaba de la mano a ver mi cofradía, el que me acompañaba cuando era nazareno y el que me llevaba un dulce, un bocadillo, un batido debajo del paso. Siempre he tenido a mi padre muy cerca. Porque las cosas no se hacen por dinero, sino por sentimiento, aunque, por supuesto, quiero el bienestar de mi familia y eso lo da el dinero.

Su padre le ha marcado mucho.

Era mi amigo y me enseñó todos los valores que hay que tener en la vida. Mire, él era bético, muy bético y se interesó por mí el Sevilla, el Betis y me seguía el Real Madrid. El primero que le llamó fue el Betis y lo que le propusieron fue un dinero para Arahal y un dinerito para mí, para que pudiera ir a entrenar con ellos varios días a la semana. Pepe Alfaro, que era el coordinador de la cantera del Sevilla, se reunió con mi padre y le dijo que él iba a cuidar de que viviese junto a otros chavales de la cantera para que no estuviera continuamente viajando, que se encargaría de que estudiara, me matriculaba en la Universidad Laboral y me iba hacer un seguimiento como si de un padre se tratase. Y eso le llegó, y mi padre, bético, le dio la mano y dijo: «Mi hijo va a firmar por el Sevilla». Gracias a él yo estudié Maestría Industrial, no una carrera como hubiese querido, porque decidí dedicarme más al fútbol.

Era difícil entonces compaginar ambas cosas.

Muy, muy complicado, ahora no. Empecé a destacar muy pronto, con 17 años firmé por el Sevilla, con 18-19 debuté en el primer equipo y con 19 entré en la plantilla. Mi padre ha sido la única persona allegada a mí que nunca me ha pedido una entrada, nunca supe que iba a verme, eran los porteros del Sánchez Pizjuan quienes me lo decían. Nunca me dijo si había jugado bien o mal, simplemente al comienzo, cuando firmé con el Sevilla, me dijo que no quería que fuera el mejor, sino que intentara ser el mejor en todo lo que me propusiera. Era mi amigo, mi ídolo. Era mi padre.

¿Por qué le llamaban Macario?

¡Ja, ja, ja! Hubo una época en el Sevilla donde coincidimos casi todos de la cantera y todos teníamos motes. Yo era ‘el cateto’ por ser de pueblo y como José Luis Moreno sacaba un muñeco que se llamaba Macario, que iba vestido de bruto, pasaron a llamarme así. Todos teníamos motes y ahí estaba ‘Trabuque’, ‘el cara cabra’, ‘el reverendo’… le puedo dar un recital de ellos..

¿Con qué se evade? Porque no estará todo el día viendo fútbol.

Desgraciadamente, y lo digo por quienes me quieren, estoy enganchado al fútbol. No soy un fanático, porque me gusta el cine quizá más que un partido, pero le tengo tanto respeto a la profesión que entiendo que tengo que ver partidos para mejorar. El día que me canse o que vea que ya no me motiva lo dejaré y disfrutaré de lo que me gusta, de mi campo, mi caballo. Tengo pensado comprarme una parcela, un cortijito cuando me retire en Arahal.

No le pregunto sobre su futuro, ya lo harán esta noche o mañana.

Mi futuro es que en mis sentimientos, que son determinantes en mi vida, el Zaragoza siempre va a estar en mi corazón, esté dentro o fuera de él. Como tengo un trocito del AEK, el Arahal y el Sevilla Este.

Sevilla, Sevilla. Estuvo vinculado al Sevilla durante 32 años, primero como jugador y después como entrenador en sus distintas categorías, «pero tenía un desgaste tremendo, era una persona demasiado vista y tuve que irme».

«La afición me pedía que no arrastrara la camiseta»

Es un idealista al que le gusta la gente sencilla. Dice que como jugador tuvo muchos fallos, aunque uno de ellos «fue una virtud, porque era muy temperamental, muy ansioso, aunque me trasformaba. Soy nervioso, pero cuando salto al terreno de juego tengo una gran lucidez, tengo claro lo que quiero. Mire, en toda mi vida como jugador solo me expulsaron del campo una vez». Ojito derecho del seleccionador Luis Suárez, recuerda que le hizo debutar en un amistoso, «donde me rompí el glúteo mayor. Quiso cambiarme pero le pedí que no lo hiciera, que era la ilusión de mi vida y me dejó terminar el partido. Me fue bien y siempre fui titular con él».

Nadie ha hecho tanto en tan poco tiempo en el Zaragoza: «Lo hemos hecho entre muchos y sobre todo hubiera sido imposible sin la afición. Porque salir a un campo sin sentir que creen en ti es muy difícil, trabajar sin reconocimiento es imposible y la afición, a la mínima que le hemos dado, nos ha llevado en volandas, por eso creo que en Getafe solo podemos ganar con ellos. Va a ser un partido con muchos miedos y ansiedad». Por eso, ahora, reconoce sus dudas de si iba a poder ser capaz de levantar a un equipo hundido, con una afición hundida que le pedía en sus cartas que no arrastrara la camiseta: por eso estalló cuando dijo, allá por febrero, sentir vergüenza por sus jugadores. E insiste una y otra vez que la clave está en la cantera, en cuidar a esos chavales que dan sentido a un sentimiento llamado zaragocismo.

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