Mi crónica del partido: Real Zaragoza, 1 – Levante UD, 0 (Pido la fuerza de poder vivir)


   Hubo un tiempo en que pude escribir que la afición del Real Zaragoza es como un mar de lealtad. Pude decirle al viento que la afición, esa mujer hecha de emociones encendidas y pasiones rojas como el fuego, sigue tejiendo y destejiendo el sudario que ojalá nunca amortaje este cuerpo que no merece morir. La afición sabrá esperar, sufrirá los golpes de las olas encolerizadas por la derrota, sorteará las fogosas propuestas de la desesperanza y el desánimo, pero lo que nunca hará es aguardar a los cobardes ni a los tibios. Y así lo demostró anoche, una vez. Una vida más.

    Y eso es lo que tiene el Real Zaragoza después de derrotar heroica, agónicamente al Levante, el equipo amigo, el equipo que nos regala el oxígeno que necesitamos para seguir este tortuoso camino cuyo final ya vislumbramos y que quiera la Virgen del pilar que sea, al mismo tiempo, el nacimiento de un tiempo nuevo.

    El partido de ayer era a vida o vida. Comenzó tembloroso, pausado, con un planteamiento pacato por parte de los valencianos y un control del balón suave y lento por parte de los zaragocistas. Las dos líneas de contención que dispuso Juan Ignacio Martínez apresuraban el paso de la tarde, pero Jiménez había optado por la paciencia. Ritmo suave, pase pausado. Esa era la consigna. Pero la fortuna estaba de nuestra parte, y un mal despeje de los centrales granotas propició que “Eduriol” recogiese la naranja caída y empalase un fornido chut, raso y duro, que taladró la meta de Munúa. Era el minuto once y la Romareda, la Vieja Dama Blanca, la Basílica del fútbol español, estalló en un grito unánime que retumbó en las laderas del Mocayo, en los valles del Pirineo, en las huertas del Matarranya y en las llanuras de las Cinco Villas.

    A los pocos minutos del gol Apoño pretendió repetir la fortuna del gol al Athletic con un lanzamiento de falta que lamió, goloso, el palo izquierdo del portero uruguayo, pero en esta ocasión no convirtió. Habría sido otro momento de éxtasis casi insoportable, pero no iba la noche por ese sendero. Antes al contrario, entramos en una fase plúmbea, en la que el Real Zaragoza no conseguía rematar pero el Levante tampoco encontraba luz. Hasta que llegó el primer sofocón.

    Farinós, nuestro ángel amigo hace tres años con aquel penalty fallad, lanzó un proyectil templado y envenenado que Ghizzal remató con afilada intención. Durante unas milésimas de segunda se paró el mundo, pero Roberto reaccionó con la magia que le acompaña toda la temporada y despejó el balón al infinito. Y ahí empezó la batalla. Porque el Levante se desperezó y optó por una práctica de acoso y derribo, siempre por el aire, siempre con los aparatos bombarderos dispuestos, pues sin duda conocen que el sufrimiento le llega a los aragoneses en los balones parados. Y a fe que consiguieron encerrar al cuadro de Jiménez, que tuvieron que tirar de Roberto para sostener el resultado al mismo tiempo que sus atacantes, Zucu y Lafi en este caso, no lograban el gol balsámico con el que soñábamos.

    La segunda parte fue un paisaje plano en los primeros minutos. El Real Zaragoza apuntaba algunos zarpazos tímidos que servían, en cualquier caso, para mantener la tensión defensiva en los levantinos, por ejemplo Postiga, por ejemplo Zucu, por ejemplo el casi cabezazo de Apoño, por ejemplo Luis García, pero eso no fue suficiente para cerrar el choque, que abrió sus puertas a un final terrorífico, con diversas oportunidades del levante que activaron la máquina de levantar corazones marchitos de la Romareda y auparon al equipo para resistir los embates levantinistas. De todas las ocasiones creadas, desatacaremos un cabezazo de Ghelzhar ante una horrible salida de Roberto y un gol salvado in extremis por Pinter cuando ya se colaba el balón en la portería local.

    De ahí hasta el final, agonía. Sólo los que han sufrido como ayer sufrimos todos los zaragocistas saben de qué estoy hablando. El equipo se armó de energía donde sólo había calambres y fatiga para soportar con gallardía el paso de los minutos y cuando el árbitro, Estrada Fernández, pitó el final un grito ahogado llenó la noche zaragozana y aragonesa: la noche zaragocista.

 CALIFICACIONES

 Roberto: 4. sus dos excepcionales paradas en la primera parte valen una Liga. Sólo el sufrimiento en los balones altos empañan brevemente su actuación.

 Álvarez: 3. Guerrero, valiente, eficaz. Su trabajo incansable le vale el aplauso.

 Da Silva: 3. Lucha y trabaja mostrando que cree en sus posibilidades. Se multiplica y acude donde está el fuego. Y lo apaga.

 Paredes: 4. Este chico ha crecido como central. Su aportación a la defensa es ahora mismo grande y necesaria.

 Abraham: 3. Cumple a la perfección como lateral y sus combinaciones en ataque le dan lustre a su labor.

 Apoño: 5. Grandísimo trabajo el suyo, tanto en organización ofensiva como en manejo del tiempo del partido.

 Zuculini: 4. Se ha convertido en el pivote defensivo que necesitaba el Real Zaragoza. Imprescindible en las tareas defensivas e imprevisible, para bien, en sus apariciones ofensivas.

 Micael: 5. Grandiosa labor la que nos ofreció ayer. Sus combinaciones, su buena relación con el balón y el buen trato que le dio a cada jugada fueron determinantes para romperle el ritmo al Levante.

 Lafita: 4. A Lafita sólo le falta el gol. Tiene detalles de grandísimo jugador, aunque físicamente sufrió buena parte de la segunda parte.

 Edu Oriol: 5. Este chico ha nacido al mundo del fútbol en tres semanas. Ayer logró el gol de la victoria y su trabajo fue importantísimo en cada jugada de ataque que dibujaba el equipo.

 Postiga: 5. Escribíamos hace unos días que por fin se ha creído que es un gran jugador y ayer firmó un encuentro extenuante y completísimo.

  Pinter: 3. Sustituyó a un Zucu herido y su participación fue la justa y necesaria. Cortó el juego levantino, ofreció su fortaleza física, sobre todo por arriba, y salvó un gol que ya se cantaba.

 Luis García: 3. En un jugador veterano, nos dio lo que ayer hacía falta: picardía, solidez mental y mando en plaza.

 Obradovic: S.C.

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Acerca de Juan Antonio Pérez Bello

Vivo en Zaragoza (Spain) y trabajo en el Colegio Bilingüe "Catalina de Aragón". De 1996 a 2001 fui Jefe de Estudios y de 2001 a 2012 fui Director del Colegio Bilingüe "El Justicia de Aragón", de Alcorisa (Teruel-Spain), donde implantamos el Currículo Integrado MEC-British Council en 2005. El vídeo en la escuela ha sido fiel compañero durante toda mi vida profesional (http://canalpispotero.blogspot.com y http://canalcatalina.blogspot.com). Desde septiembre de 2014 soy coordinador didáctico del Programa "Aprendiendo a Emprender con Ibercaja". Autor de las fichas de recursos para el profesorado "Aprendiendo a emprender con Ibercaja".
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