Mi crónica del partido: RCD Mallorca, 1 – Real Zaragoza, 0 (Fuego húmedo)


   Ya está. Ya se asoma el abismo a nuestros pies. Ya no queda espacio entre el sendero y el acantilado. Y las olas, feroces, asolan los flancos del convoy que avanza trémulo y aterrado, golpeado por las miles de toneladas de fuego enemigo que, minuto a minuto, entierran inmisericordes los últimos soplos de aliento. Mientras, los guerreros se lamen las heridas de la última derrota de las que no sale sangre, sino verbos de vergüenza.

    El partido que ayer protagonizó el Real Zaragoza fue un insulto al abrazo incondicional de su heroica afición. El mar de lealtad blanco y azul lloró en casa la ignominia de unos jugadores y un entrenador que no tuvieron ni la fortaleza ni la sabiduría necesaria para, al menos, dejar la bandera de nuestra historia a la altura de su gloria. Y fue así desde el minuto menos uno. Y eso que los muchachos de Jiménez iniciaron el partido una cierta intención ofensiva, como lo prueban los chuts de Postiga y Zucculini en los tres primeros minutos y, sobre todo, la enorme ocasión de Postiga en el minuto 15, que no acertó a rematar bien con la cabeza un balón que por allí pasaba, pero también era cierto que el Mallorca creó un par de ocasiones, casi sin querer, lo que permitió asomar tal flojera en las piernas de los nuestros que la inquietud y la inseguridad se instalaron a partes iguales entre nuestra huestes.

    Los problemas empezaron a crecer por el costado de Abraham, que tenía que sujetar al ágil Pereira que poco a poco se hizo con el control de esa banda, pero, sobre todo, con los balones de corner y falta, demoledora pesadilla para los nuestros. La defensa era un caos y las propuestas aéreas sembraban el pánico en los guantes Roberto, que vieron cómo Chico marcaba de cabeza un gol que el árbitro anuló por fuera de juego…que no era. El alivio, sin embargo, permaneció vivo sólo unos minutos. En un corner, un sencillo corner al punto de penalty, llegó el gol. Victor Casadesús puso la cabeza para que el balón le rebotase y entrase, manso y mortífero, en la portería de Roberto, que sigue sin saber cómo gestionar esas jugadas. Mal los defensas, que se mueren de miedo cada vez que el cuero sobrevuela su finca, y mal el portero, que recibe demasiados goles bajo el mismo diseño.

    El partido vivía bajo el amparo de la inopetrancia futbolística de unos y otros. Los veintidós seguían las instrucciones de sus comandantes, pero los locales ejecutaban mejor el guión. La ubicación de tres centrales por parte de Jiménez, una de esas actuaciones “de entrenador” a la que de vez en cuando se entrega todo coach, no dio resultado. Sirvió, en todo caso, para Embolicar” al grupo, que no sabía si sabía que tenía que saber. Un caos. La retaguardia hacía aguas, cierto, pero el centro del campo y la delantera no pisaban terreno más seco. No encontraba ni una sola línea de pase, con Zucculini recomponiendo su gomina, Apoño escondido disfrutando con sus pases laterales y sus aperturas hacia Roberto, Duijmovic todavía soñando con el gol ante el Granada, Luis García recorriendo indolente el césped en el que fue feliz, Lafita preguntándose qué es eso blanco y redondo que bota tanto y qué se puede hacer con él y Postiga poniendo cara de niño malo cada vez que el balón le rebotaba en la espinilla y se iba a las playas del Arenal.

    Comenzó la segunda parte. En seguida Jiménez sustituyó a Duijmovic por Edu Oriol, con la sana intención de darle más recorrido al balón. Algo se logró, e incluso se disfrutó de una muy buena ocasión cuando Lafita no llegó a rematar un balón de falta servido por Luis García, pero la conducción del catalán solía moriri en la línea de tres cuartos, por lo que no podemos aportar ni una sola ocasió de gol nacida de sus combinaciones. El partido estaba sujeto con el ancla defensiva y herrumbrosa que Caparrós había hundido en el césped mallorquín, y así era muy difícil que un equipo sin argumentos futbolísticos como el nuestro pudiera sacar provecho. Habría hecho falta que jugadores con más fútbol, léase Obradovic, léase Micael, incluso Aranda, que a este Real Zaragoza le hace mucho bien, hubieran estado en el campo para resquebrajar la muralla local, pero ayer no estaban. Y sin argumentos no hay narración. Y sin narración, no hay relato. Y sin relato, no hay literatura. Fin.

    Estos cuarenta y cinco minutos fueron una representación tosca y gris de lo que debe ser un partido de fútbol. Ni la salida de Barrera, casi inédito con Jiménez desde su llegada, y de Juan Carlos aportaron nada interesante. El encuentro era un ladrillo sin cemento y el Mallorca sabía que con sólo aguantar tenía suficiente. Hasta el final tan sólo anotamos un chut de Postiga desde lejos que inquietó a Aouate, pero que fue fuera. Y nada más.

    Ahora llega el tiempo de los Titanes. No sabemos cómo están las almas de nuestros soldados. Desconocemos hasta qué punto vuelven del Mediterráneo con las armas a punto o con los uniformes deshilachados. Ignoramos qué discurso pondrán sobre la mesa. Aquí, tierra adentro, en medio de la nada, en pleno desierto futbolístico vive y se dispone a morir, si así fuera preciso, una afición aguerrida y apasionada que, con toda seguridad, no dejará solo a su equipo y lo acompañará hasta el final. Como nunca nadie lo ha hecho. Como siempre.

 CALIFICACIONES

 Roberto: 2. Me duele el alma, pero creo que en gol él tuvo otras opciones que las que eligió.

 Lanzaro: 1. Yo creo que aún no sabe si jugó como lateral, como central o como chico de los recados.

 Da Silva: 1. Físicamente justo, ya sólo da para cortar balones, de cabeza o con el pie, y mandarlos al Paraná.

 Paredes: 1. Ayer estuvo fallón y fuera de sitio. El gol pasó por delante de su territorio y no lo supo leer.

 Abraham: 1. Superado por Pereira, en las incorporaciones al ataque ganó algo de crédito.

 Zucculini: 1. Muy mal situado, cada vez que cogía el balón se lo quería llevar a casa. Defensivamente, discreto.

 Duijmovic: 0. Le probó mal el buen partido ante el Granada. No entendió el partido.

 Apoño: 1. Se le encomendó gobernar la nave, pero actuó como un grumete.

 Luis García: 0. Desaparecido, oculto. No aportó nada de nada.

 Lafita: 1. No supo con quién ni a qué jugar.

 Postiga: 1. está permanentemente enfadado con el mundo y no acierta a elegir un lugar en el que jugar al fútbol.

 Edu Oriol: 1. Trató de conducir el juego ofensivo del equipo, pero al llegar a los ts cuartos se nublaba su propuesta.

 Barrera: 1. Protagonizó un par de desbordes interesantes, pero no completó ninguna acción atacante con peligro.

 Juan Carlos: S.C.

Anuncios

Acerca de Juan Antonio Pérez Bello

Vivo en Zaragoza (Spain) y trabajo en el Colegio Bilingüe "Catalina de Aragón". De 1996 a 2001 fui Jefe de Estudios y de 2001 a 2012 fui Director del Colegio Bilingüe "El Justicia de Aragón", de Alcorisa (Teruel-Spain), donde implantamos el Currículo Integrado MEC-British Council en 2005. El vídeo en la escuela ha sido fiel compañero durante toda mi vida profesional (http://canalpispotero.blogspot.com y http://canalcatalina.blogspot.com). Desde septiembre de 2014 soy coordinador didáctico del Programa "Aprendiendo a Emprender con Ibercaja". Autor de las fichas de recursos para el profesorado "Aprendiendo a emprender con Ibercaja".
Esta entrada fue publicada en Crónicas de los partidos 2011-2012 y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s