Mi crónica del partido: Real Zaragoza, 1 – FC Barcelona, 4 (Blancas almas, negro lienzo)


Abrir los ojos, contemplar un atardecer solidario y escuchar los miles de corazones zaragocistas reivindicar tu historia y tu futuro es gobernar la vida que te queda y abastecer con amor el ímpetu del gallardo león que todos llevamos bordado en nuestro pecho. Eso y la voluntad de ser. Todo eso se puso sobre el tapete de la Vieja Dama Blanca, sobre la piel de la Basílica del Fútbol, el escenario que alimenta nuestro orgullo aragonés con oleadas de valor que sólo quienes tenemos en nuestra memoria el sello de los asedios podemos vivir en plenitud.

    Llegaban los forasteros a nuestra casa con la soberbia cosida a sus botas y se encontraron con un equipo aguerrido, sabio en su debilidad y osado en su fragilidad. En la grada todo un pueblo clamaba por vivir y en el césped nuestros chicos reducían los senderos con una presión infatigable y un descaro propio de la desesperación. Los balones incómodos eran nuestros y las situaciones de ataque imprevisto hicieron que el entrenador visitante enarcase su ceja derecha en un gesto que denotaba cierta sorpresa y una incómoda sensación de fatiga inesperada. Jiménez había tenido que retocar su once obligado por las sanciones y optó por Da Silva en lugar de Mateos para que pudiéramos ver desde el primer momento que iba a sufrir mil con la rapidez de los delanteros contrarios. Mejor le salió la decisión de ubicar a Zucculini, eléctrico e inquieto, en lugar de un Duijmovic que el otro día en Gijón ya había expresado su inoperancia táctica. Por último, eligió la opción Micael, en un intento por mantener fijada la defensa enemiga con la presencia de Aranda en el vértice. Esta disposición, además del voraz ímpetu de Lafita, que gana enteros día a día y que está llegando a este útlimo y decisivo tramo fuerte, veloz y decidido como un felino maduro, creó en los primeros veinte minutos varias situaciones de contraataque que hicieron que la grada aragonesa rugiese de placer y ambición.

    Y los cielos se abrieron cuando su portero cometió penalty sobre Lafi segundos después de que Aranda hubiese rematado blandito al poste derecho de los contrincantes. Inusitada alegría en el zaragocismo y ocasión de oro para adelantarse en el marcador. Aranda se dispone y arma su pierna derecha pero le sale un chut blandiblup que el portero visitante detiene con seguridad. Desazón y lamento general por haber desperdiciado la ocasión de adelantarse al equipo guapo.

     Mas no importó. Siete minutos más tarde Aranda recibe un preciso pase de Zucculini y encara al portero rival. Éste rechaza y el balón golpea en la cabeza del malagueño que acaba consiguiendo así el primer gol del partido. La alegría es indescriptible y la Basílica tiembla de emoción. Las bufandas y banderas cubren el cielo de sonrisas blancas y azules y nace la noche. Es un partido púber, en cuya cara el acné simboliza el vigor de un sentimiento cuyo aroma nos hace grandes ante el ricachón y enormes ante la fuerza del poderoso.

    El partido es un ejercicio de músculo y garra. Rasmia, lo llamamos en Aragón los aragoneses zaragocistas. Y ahí se ubica nuestra propuesta. ¿Podremos construirla en su totalidad? ¿Conseguiremos cerrar la última almena? Esa pregunta en seguida obtuvo respuesta. Roberto, nuestro mejor jugador, el gigantesco atleta        que es símbolo de pureza deportiva y apego al esfuerzo, detuvo un peligroso chut del la delantera foránea produciéndose córner. Y ahí apareció el iceberg inesperado. El fuenlabreño salió a por el balón por alto, no lo sujetó bien y cayó a los pies de un defensa adversario que lo empujó al fondo de nuestra portería. Era un castigo demasiado cruel a un deportista que domingo tras domingo obtiene el abrazo de su afición y recoge la admiración de propios e impropios.

    Y como este guión ya estaba escrito, algunos minutos más tarde llegó el segundo gol visitante tras un contraataque armado tras error defensivo nuestro. Demasiado castigo, demasiada crueldad. Nuestros chicos habían realizado un sobrehumano esfuerzo que ya entonces aventurábamos que nos iba a pasar factura, pero lo peor vino cuando el colegiado interpretó una falta de Abraham como merecedora de una segunda tarjeta amarilla que implicaba su expulsión. Definitivamente el partido acababa de ser dinamitado por una decisión, una más, que demostraba la ínfima calidad del árbitro, pero como aún quedaba mucha tela que cortar, en el minuto 46 decidió acabar de triturar el espectáculo expulsando a nuestro entrenador cuando éste le recriminó no haber sacado amarilla tras una dura entrada de un jugador de negro a Lafita.

    Con un jugador menos, exhausto pero valiente, el Real Zaragoza era un juguete roto en manos de un grupo de jugadores ensoberbecidos que sentían la impunidad del invasor ante el juicio de la Historia. No les hace falta a estos equipos tanta protección, semejante abuso de poder, but that’s life! Fueron cuarenta minutos de rondo interminable, aunque si miramos la vida desde nuestra fragilidad, encontraremos argumentos para aplaudir a los nuestros y relatar que en ningún momento rechazaron la posibilidad del ataque. Heridos, harapientos, con la sangre seca cubriendo nuestra piel resquebrajada por la fuerza invasora, seguimos sosteniendo nuestra fe en gestos de audacia. ¿Recibimos más goles? Hasta dos más. ¡No habría de ser así, cuando estos jugadores golean a poderosas armadas y destrozan orgullosas murallas! ¡Cuánto más fácil no les iba a resultar derrotar a un equipo famélico en calidad y magullado por las decisiones arbitrales!

    Pero todo dio igual. La grada atronó el cielo zaragozano, tomó la voz de una afición que anhela el regreso del león y que va a seguir ayudando a los suyos, a los nuestros, más allá de éxitos dorados, triunfos argénteos, victorias de bronce. El partido acabó en derrota pero la vivimos como una victoria en nuestras almas. En nuestras almas blancas, las que rechazan la existencia tantos Turienzos, de cualquier negro lienzo.

 CALIFICACIONES:

Roberto: 4. Grandioso, emperador. Su error en el primer gol no oscurece su extraordinaria actuación de ayer con varias paradas mágicas.

 Álvarez: 2. Muy trabajador y rápido. No dio ni un solo balón por perdido.

 Da Silva: 1. El más flojo de la zaga. Su lentitud fue un lastre para el equipo. ¿Qué tal su cadera?

 Paredes: 2. Estos partidos le van. Son choques guerreros en los que se encuentra a gusto. Aún así, perdió varios balones y cometió un penalty.

 Abraham: 1. Por su banda corría el viento y su afán por detenerlo le llevó a la caseta.

Pinter: 4. El húngaro es un campeón del despliegue y es capaz de dibujar fronteras infranqueables donde otros tan sólo ven ribazos secos.

Micael: 1. Se echó en falta más participación en el juego. Trabajó más con la vista que con las piernas.

 Obradovic: 1. No fue su noche. Demasiados balones que no supo controlar en su interés por atacar.

 Lafita: 4. Grandioso. Ha llegado a este momento convertido en un guerrero fuerte, valiente, rápido y vertical.

 Zucculini: 3. Muy trabajador y esforzado. Es, ahora mismo, un jugador muy valioso en el centro del campo, tanto en labores de contención como subiendo el balón.

 Aranda: 4. Mientras estuvo en el campo fue un terremoto. Fijó a la defensa, metió un gol y jugó de espaldas sensacionalmente.

 Lanzaro: 1. Su trabajo apenas pudo ser valorado pues entró en un momento muy complicado.

 Postiga: 1. Lo intentó al principio, pero no llegó a la presencia de Aranda. Blandito.

 Juan Carlos: S.C.

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Acerca de Juan Antonio Pérez Bello

Vivo en Zaragoza (Spain) y trabajo en el Colegio Bilingüe "Catalina de Aragón". De 1996 a 2001 fui Jefe de Estudios y de 2001 a 2012 fui Director del Colegio Bilingüe "El Justicia de Aragón", de Alcorisa (Teruel-Spain), donde implantamos el Currículo Integrado MEC-British Council en 2005. El vídeo en la escuela ha sido fiel compañero durante toda mi vida profesional (http://canalpispotero.blogspot.com y http://canalcatalina.blogspot.com). Desde septiembre de 2014 soy coordinador didáctico del Programa "Aprendiendo a Emprender con Ibercaja". Autor de las fichas de recursos para el profesorado "Aprendiendo a emprender con Ibercaja".
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