Mi crónica del partido: Real Sociedad, 3 – Real Zaragoza, 0 (La tarde de la cebada)


Los chicos del zaragocismo, los niños que aún encuentran agua en sus ojos con la que regar la ignominia a la que nos somete semana tras semana el presidente, el director deportivo, el entrenador y los jugadores del Real Zaragoza, dormirán esta noche varios kilómetros más cerca de Segunda División. Y la afición en su conjunto acogerá las sombras del acantilado con el gesto de la derrota marcado a fuego en nuestro pecho.

   El partido ha sido horrible. Muy mal jugado por nuestros jugadores y resuelto con la fortuna de cara por los donostiarras, que, sin hacer nada, pero nada, se han encontrado con tres goles que los muchachos de Jiménez les han regalado, fruto de su impericia y su ineptitud. Cuando ha comenzado el choque los dos equipos han intercambiado una limitada serie de tímidos golpes que a nada han conducido, salvo al bostezo y el suspiro gris, pero apenas habían transcurrido quince minutos cuando Xabi Prieto le ha hecho un roto a la cadera de Da Silva para armar un centro cuyo despeje, a manos de Roberto, ha propiciado el remate de Agirretxe para lograr el 1 – 0. No era el primer intento local, pero nuestro guardameta, afortunadamente, ya había hecho muy bien su trabajo en una ocasión.

    Pero el desastre no había hecho más que anunciarse. A los pocos minutos el error lo ha cometido Lanzaro, que ha despejado muy mal un balón suelto que le ha permitido a Carlos Vela rematar y conseguir el segundo gol. Mazazo, golpe en el corazón a un equipo deshilachado que ya no ha sabido encontrar el sendero por el que retomar el camino hacia la recuperación. Un chut de Luis García en una falta a pocos metros del área ha sido la única y tímida aproximación a los dominios de Bravo. Vacua realidad, pues la Real, que tiene un equipo justito aunque con varias individualidades interesantes y, sobre todo, fe en sus posibilidades, ha aprovechado otro error, ahora del voluntarioso Edu Oriol, para dibujar un milimétrico centro al pie de Agirretxe que, inmisericorde, ha rematado al fondo de la valla de Roberto, sin duda el jugador más injustamente tratado por la vida de toda la Primera División.

   El partido perfectamente podría haber acabado con el pitido de Verdasco ordenando el camino a la ducha para descansar quince minutos, pues la segunda parte ha sido una horripilante continuación de una agonía inmerecida, un castigo impío que, una vez más, ha caído sobre las doloridas y masacradas espaldas de la afición blanquilla. Busco desesperadamente entre mis notas argumentos para defender el trabajo de nuestros chicos, pero juro que no encuentro ni una sola idea que pueda servir para salvaguardar su esfuerzo. Ni un chut entre los tres palos, ni una jugada de mérito, ni un episodio de tesón continuado, ni un solo párrafo digno de ser recordado. Tan solo vergüenza, oprobio, indignidad. Jiménez ha hecho los tres cambios (Lafita por Abraham, Juan Carlos por Luis García y Ortí por Oriol), pero no han servido. Nada ha sido útil, nada ha cumplido el papel que se le había asignado. Al contrario: Roberto ha tenido que enseñarle al mundo, una jornada más, que es uno de los tres mejores porteros de la Liga cuando ha protagonizado sendas intervenciones que han impedido una afrenta mayor. Sus compañeros, por el contrario, han firmado un partido infame, negro como la derrota con que nos hemos quedado.

   Y es ahora el momento en que este humilde escriba apuesta por negarle al presente más esfuerzo para completar una crónica, otra más, que relate una derrota, otra más, de nuestro Real Zaragoza. Y es que es tanta la fatiga que nos acompaña que ya no sé si podré volver a escribir eso de “se puede perder, pero no así”. O sí, porque lo he vuelto a hacer, lo he vuelto a escribir: “No así, amigos; no así”.

CALIFICACIONES:

Roberto: 5. Una vez más, con sus paradas ha salvado al Real Zaragoza de una derrota vergonzosa.

Álvarez: 0. Claramente superado por Carlos Vela.

Da Silva: 0. Su error en el primer gol, insultante.

Lanzaro: 0. Su error en el segundo gol, insultante.

Obradovic: 0. Claramente superado por Xabi Prieto.

Micael: 0. Invisible.

Apoño: 0. Inexistente.

Edu Oriol: 0. Su error en el tercer gol, insultante.

Abraham: 1. Muy por debajo de las prestaciones de anteriores partidos.

Luis García: 0. No ha aportado nada.

Aranda: 1. Luchador, pero ineficaz.

Lafita: 0. Inoperante.

Juan Carlos: 0. Intangible.

Ortí: 0. Imperceptible.

 

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