Mi crónica del partido: RCD Espanyol, 0 – Real Zaragoza, 2 (Aguijonazo a la desidia)


Hemos caminado bajo el sol oscuro de la derrota tanto tiempo que la luz que ha entrado en nuestra casa este mediodía de febrero casi nos ciega. Hemos dormido tantas noches bajo estrellas negras que esta luna llena que hoy nos visita es un regalo que el fútbol nos hace. Ha sido un abrazo a borbotón, una sonrisa inesperada que el zaragocismo hemos acogido con la incredulidad del condenado a muerte cuando llega el indulto tantos amaneceres soñado.

Excelente trabajo el que ha llevado a cabo Manolo Jiménez durante la semana. Levantar el ánimo de este grupo, hacerles creer a nuestros muchachos que era posible afrontar este encuentro con dignidad y honra se nos antoja una tarea de titanes, pero a la vista de lo que el partido nos ha mostrado, tenemos que aplaudir la capacidad del andaluz. No era fácil después de la dolorosísima derrota ante el Rayo, pero su mensaje, rocoso y fértil, ha sido uno y único: hay que luchar y si morimos, hay que morir con la frente alta. Y así han saltado al césped de Cornellá los chicos avispa.

   El partido ha nacido suelto y atrevido. El planteamiento de Jiménez ha sorprendido al Espanyol, que no se ha encontrado cómodo con un equipo que parecía haberse liberado de la tristeza que arrastraba desde aquel partido de Pamplona. Quizás sospechar que todo estaba perdido, quizás el trabajo de motivación del cuerpo técnico. Difícil saberlo, mas lo cierto es que la presencia de Pinter y Edu Oriol, sorprendente de inicio, más la frescura de Apoño, ha supuesto un aire más liviano en el centro del campo. Además, la conexión Postiga-Lafita ha funcionado mejor que en ocasiones anteriores y la defensa, sin ofrecer mejores prestaciones, sí muestra holgura en las bandas y contundencia en el centro. Obradovic, sin duda el mejor fichaje del año y cuya ausencia cada día que pasa incrementa la indignación por su apartamiento en beneficio de Juárez, ha sido un afilado colmillo en ataque y una garantía en el corte, valores que aportan certeza a sus compañeros cada vez que se apodera del balón. Álvarez, jugador número 30 de esta temporada, ha otorgado carta de naturaleza a una posición bastarda en el Real Zaragoza desde hace demasiados años, pues muy pocas veces hemos jugado con un lateral derecho puro, si exceptuamos al irregular Diogo y los centrales han jugado de centrales. Ni bien ni muy bien, pero al menos han jugado dos centrales puros. ¿Cordura? Bienvenida sea.

   No ha habido grandes ocasiones de gol a lo largo de los primeros cuarenta y cinco minutos, salvo un par de aproximaciones zaragocistas y un balón de estrategia que ha supuesto una bocanada de aire a la maltrecha autoestima aragonesa. Sin embargo, Roberto ha intervenido magistralmente a punto de llegar al descanso para solventar una peliaguda situación de peligro a cargo de Uche: palo, rechace y mano in extremis han sido tres verdades en una que han evitado un gol local que habría sido extremadamente injusto para los méritos de unos y otros. Roberto, pues, nos ha dado un punto en la primera parte. ¿Y luego?

   Luego nos ha dado la vida. El Espanyol ha dispuesto de dos buenas ocasiones, una a cargo de Romaric, fallón, y otra para Coutinho que ha desbarato nuestro portero con una mano de oro. A los pocos minutos Da Silva ha acertado a rematar con la cabeza un corner botado por Luis García, logrando un gol de platino al que hemos recibido con estupefacta alegría y que nos ha hecho pensar, eso sí, si hoy sabríamos guardar la ventaja, pues había que recordar que en los dos partidos anteriores también habíamos empezado ganando pero habíamos acabado perdiendo.

El Espanyol ha vivido unos minutos en los que la sorpresa se ha instalado en su mirada, aunque aún le ha dado para romper el larguero con un chut de Coutinho que habría sido uno de los goles de la jornada si hubiera entrado. No ha sido así y entonces ha sido el Real Zaragoza el que ha disfrutado de sendas ocasiones, las dos muy claras: un rotundo cabezazo de Lanzaro que Casilla ha desviado tras vuelo acrobático y un mano a mano que Postiga ha desperdiciado al tratar de meter gol con vaselina marca de la casa. Era, sin duda, un partido de ida y vuelta, en el que el Real Zaragoza se mostraba más entero y dispuesto al acierto y en el que el trato que le ha dado Micael al balón durante el tiempo que ha estado en el campo ha sido el broche a un partido que recordaremos, pero a todos nos ha venido en esos momentos la pregunta al alma: ¿nos moriremos físicamente a partir del minuto 70 como siempre o seguiremos la pelea y buscaremos el 0-2?

La respuesta nos la ha dado Roberto cuando ha evitado un gol más que claro que Coutinho ha tenido en sus botas con una extraordinaria parada, una más, y los últimos minutos han sido un camino largo pero, al fin, fructífero, pues en una jugada de picardía Micael le ha regalado el balón a Juan Carlos para que lograse un segundo gol que cerraba el partido del regreso a la victoria. Esa ha sido la mejor noticia: en ningún momento se ha tenido miedo a perder, al contrario de lo que hasta ahora era habitual, y eso es, seguro, fruto del meritorio trabajo que Jiménez ha desarrollado con los chavales. Él mismo lo ha dicho en rueda de prensa y aquí lo rubricamos con nuestro aplauso perfumado de esperanza.

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