Mi crónica del partido: Real Madrid, 3 – Real Zaragoza, 1 (Ensayo de vivir)


   La noche es un poco más luminosa después de haber bebido el amargo cáliz que supone jugar un partido de fútbol ante el Real Madrid en el Bernabéu y, sin embargo, tener la sensación de que un frágil y endeble hilo de vida aún sustenta a nuestro Real Zaragoza. Quebradizo futuro, pero futuro.

  Manolo Jiménez había extendido sus argumentos a lo largo de la semana combinando mensajes obturados y exposiciones límpidas, como si no tuviera decidido lo que quiere que sepamos, escondiendo tras el tono fláccido de sus declaraciones el miedo que nos atenaza a todos, porque no hay esquina en la que apostarse para esperar con todo nuestro armamento al enemigo que acecha. Con nuestro miserable armamento.

   Su apuesta inicial ha sido aguerrida y metálica. Ha ubicado a un rocoso Aranda como punta de lanza en lugar del diagonal Postiga, contradiciendo todos los vaticinios que hablaban de Zucculini como broche de lata de un centro del campo que debía impedir las combinaciones interiores y verticales del equipo del Imperio. Y esa propuesta ha salido bien, pues en el minuto once una “avispada” jugada del andaluz ha propiciado el gol que tanta falta le hacía a Lafita. Gol y sonrisas. Gol y esperanza.

   El grupo local se ha frotado los ojos y ha debido pensar que se repetía lo ya vivido la semana pasada ante el Athletic, así que se ha arremangado y ha empezado a echar carbón a la caldera pera acelerar las decisiones que deberían llevarle a la gloria. Lo ha intentado en varias ocasiones, mostrándose como un equipo tsunami, pero no como un equipo que combina y asocia. Ozil, Kaká y Granero eran los encargados de apretarle al Real Zaragoza, pero Roberto ha estado atento y la defensa ha correspondido con solvencia a la idea de su entrenador. Mientras tanto, Lafita y Aranda congeniaban con criterio y mantenían la tensión en la cobertura local en un ejercicio futbolístico que hace mucho tiempo no veíamos protagonizar a los del escudo del león.

   Pero el momento temido ha llegado. En el minuto 31 el lento y espeso Duijmovic no ha podido contrarrestar una afilada incursión de Kaká, quien ha resuelto con eficacia un ataque eléctrico y ha logrado el gol del empate. Aunque Roberto ha llegado a tocar el balón, no ha sido suficiente para impedir la diana que suponía que todo volvía a estar como en el minuto 1. ¿Sería el comienzo del fin?

   Esa era la pregunta, que en seguida hemos visto respondida. El Real Zaragoza ha mantenido la compostura y ha conseguido llegar al descanso con el empate en la mochila, ofreciendo buenas maneras tácticas, rigor en la organización y valientes combinaciones que nos han permitido disfrutar de un juego definitivamente olvidado por el zaragocismo. Hasta hoy.

   Tras el descanso Jiménez ha mantenido la misma alineación. Al Real Madrid se le ha visto desde el primer segundo que iba a por el partido y en dos minutos ha tirado dos ataques por las bandas que no han sido sino el preámbulo del gol de su número 7 en jugada ilegal que suponía el 2 – 1 necesario para afrontar unos cuarenta y cinco minutos con apellido de victoria local. No ha supuesto esto que el Real Zaragoza se haya desmoronado, ni mucho menos. Se ha mantenido la compostura, la dignidad necesaria para seguir manteniendo sobre el agua nuestras barcas, las mismas barcas llenas de agujeros y con los remos fracturados sobre las que navegamos desde hace varias semanas, pero con las que tendremos que llegar a la orilla allá por el mes de Mayo. El equipo ha opuesto dignidad y su entrenador ha estado a la altura de las circunstancias cuando ha sacado al terreno de juego a Postiga en lugar de Micael, en un gesto valiente que indica por dónde va a ir Manolojiménez de aquí hasta el final.

   El gol de Özil en el minuto 57 ha supuesto el cerrojo al partido. El equipo local ha decidido calmar las aguas, tocando y ralentizando el juego y eso ha estado a punto de suponerle un estrechamiento del partido. Si Postiga hubiera resuelto bien un magnífico pase de Paredes o Lafita y Aranda hubieran acertado el remate a sendos estupendos centros de Obradovic, habríamos logrado ajustar un poco la argolla al cuello del equipo del Imperio. No ha sido posible, pero eso no impide que la imagen de los nuestros haya sido limpia y recta. El trabajo llevado a cabo por los muchachos y su comandante ha aportado algunos gramos de ilusión muy necesarios para afrontar lo que queda de temporada.

   Hoy ha sido como si hubiésemos hecho un ensayo de cómo vivir, pero nos queda la verdad, nos queda la obra, con sus actos, entreactos y “vánse por el foro” correspondientes. Va a ser una tarea ímproba, ardua. A veces nos parecerá imposible de llevar a cabo, pero lo cierto es que el equipo ha crecido. Hay una idea de fútbol y eso ayuda a pensar que tenemos herramientas para empezar a cavar las trincheras. Eso sí, no hay que perder ni un solo punto de los posibles ni despreciar ni una sola gota de sangre. Es tan poco el margen de error que a la menor, moriremos.

CALIFICACIONES

Roberto: 3. Ha tenido poco trabajo y en los dos primeros goles no ha podido hacer mucho más. En el tercero nos ha dejado la duda de si ese palo corto era suyo o no.

Lanzaro: 2. Ha sufrido mucho con las incursiones por su banda del número 7 del equipo local y el primer gol ha venido por ahí. En el corte interior ha tenido más fortuna.

Da Silva: 2. Se le ve muy justo en las acciones uno contra uno. Hoy, cuando el balón circulaba a gran velocidad por su territorio, no ha dado sensación de seguridad.

Paredes: 2. Es curioso, pero se puede tener la sensación de que mejora sus prestaciones defensivas jugando de central y su salida de balón gana muchos enteros. Incluso ha dado un magnífico pase de gol a Postiga.

Obradovic: 4. Fantástico el trabajo de Iván. Defensivamente ha estado ágil y guerrero y ofensivamente ha protagonizado varias jugadas extraordinarias. No caeré en la tentación de compararlo con nadie.

Duijmovic: 1. Un jugador de su envergadura y su despliegue sólo es útil si físicamente está muy bien. Y no es el caso. Ha perdido balones comprometidos y se le han ido varios jugadores contrarios en momentos clave.

Apoño: 3. Es un jugador muy necesario. Su criterio y visión de juego le acercan más a un creador que a un interior, por lo que debería pedir más balones. Debería ser lo que fue Movilla en 2004: “¡A mí el balón!”

Micael: 2. Cuando consigue asociarse a Apoño y Luis García de sus botas brota fútbol. Hoy ha aportado clase y ha ayudado a clarear espacios. Le falta verticalidad.

Luis García: 1. No ha dado ese paso adelante que ahora precisa el equipo. No puede ser que su única aportación sea sacar faltas y córners,

Lafita: 4. Ha resucitado. El espíritu del Bernabéu se ha incrustado en su alma y ha revolucionado al equipo. Ha jugado con Pepe y, muy importante, ha logrado su primer gol, que le hacía falta. Que nos hacía mucha falta. Debe ser el inicio de una segunda vuelta grande.

Aranda: 2. Le ha dado un balón de oro a Lafi que ha supuesto el 0 – 1 y ha bregado con Carvalho jugando bien de espaldas.

Postiga: 2. Ha salido con ganas y se ha entendido bien con Arando y Lafita. Ha tenido una ocasión de killer que no ha traducido, pues no es ese tipo de jugador.

Barrera: 1. Ha tratado de desbordar a los contrarios, pero no le ha salido casi nada. No está para aportar gran cosa.

Abraham: 1. Sus escaso minutos en el césped no han supuesto nada importante en el desarrollo del partido.

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