Mi crónica del partido: Real Zaragoza, 1 – Getafe, 1 (A por el mar)


   El partido de ayer enfrentaba al Real Zaragoza y al Getafe. La Romareda presentaba un magnífico aspecto, con la mejor entrada de la temporada. El resultado final fue 1 – 1, con goles de Lanzaro y Rafa. El árbitro fue Mateu Lahoz. Mal. En el minuto 32 de la Primera parte y en el minuto 32 de la Segunda parte el respetable dedicó una estruendosa pitada al máximo accionista del club, Agapito Iglesias, mostrándole así su rechazo a la gestión del empresario soriano. Fin.

   Estos son los hechos. Contado así, ahí puede acabar la historia. Pero no. Precisamente ayer comienza una nueva historia. o Historia. Ayer, 14 de Enero de 2012, se produjeron una serie de acontecimientos que tienen un significado trascendente, o así tiene que ser, pues el zaragocismo mostró su cara más combativa y demostró que está dispuesto a salvar al Real Zaragoza, el club de sus amores, la institución que dibuja la vida cientos de miles de aragoneses, españoles e, incluso, ciudadanos allende nuestras fronteras. Ayer dimos el primer paso hacia un nuevo futuro.

   El partido fue intenso, metálico, de músculo roca y corazón de mar bravo. Un partido que nunca hubiéramos imaginado hace unos días pero que nos dejó un buen sabor de boca, pues desde el primer minuto nuestros muchachos, no los de siempre pero sí nuestros, le plantaron cara a la tragedia y dispusieron una durísima presión que sorprendió al equipo del sur de Madrid. Postiga, Lafita, Luisgarcía y Micael eran los chicos de la primera línea que impedían, con una presencia asfixiante, que los zagueros contrarios pudieran salir con la pelota jugada, como les gusta a ellos, y eso era una buena noticia para nuestros intereses. Se jugaba más tiempo en los alrededores del área de Moya que en la nuestra, con lo que las posibilidades de recibir el fatídico gol en contra que nos ha matadao en los tres últimos meses eran pocas.

   Aún así, el Getafe dispuso de dos magníficas ocasiones de gol que desbarató, como siempre, nuestro Roberto, el portero que más goles ha evitado en toda la Liga BBVA. Dos jugadas que podrían haber cambiado el rumbo de la tarde. Sien embargo, el fútbol ayer fue amable con el Real Zaragoza y en una jugada de corner Lanzaro ejecutó un impecable remate de cabeza que entró en la portería contraria como un misil cuya única misión fuese lograr la victoria y echar a Agapito Iglesias de la presidencia del club. Dos en uno. Fue un gol bonito, rectilíneo, nada ambiguo.

   El partido siguió por senderos semejantes. Dura e implacable presión sobre la salida de balón del getafe, recyuperaciones fulgurantes, ignoranacia sobre qué hacer con el balón y corazón, todo corazón. se veía que los jugadores elegidos eran de otra pasta. Lanzar y el recuperado Obradovic ejecutaban perfectamente las instrucciones de Jiménes. Paredes y Da Silva ejewrcían de correctos centrales. Pero lo mejor estaba en el centro del campo. Dos muchachos limitados y escasos de talento, cumplían a las mil maravillas de escuderos, tanto de la defensa como de la lñinea de atacantes. Pinter y Zucculini no saben crear juego. No tienen la mínima calidad para trenzar tres pases, pero disponen de un despliegue físico que ayer fue una de las mejores noticias futbolísticas de la tarde.

   El descanso propició que el zaragocismo repusiera fuerzas y soñase con una victoria que hace demasiado tiempo nos ha abandonado. Y los primeros minutos de la segunda parte fueron tan intensos como toda la primera parte. Siguió la fortaleza física y la excelente unidad de la grada con el equipo era la herramienta que necesitaba el equipo para sostener la esperanza. Si el partido hubiera durado 65 minutos, éste habría sido claramente para el Real Zaragoza, pero a partir de ese momento las fuerzas comenzaron a flaquear y si no se tiene fítbol, que es el caso, es muy difícil impedir que quien es mejor que tú acabe marcándote un doloroso gol. Eso sucedió a la salida de un corner, cuando un balón muy bien dirigido por Pedro León acabó en la red local gracias a la colaboración de Rafa, Cata y Paredes. Fue uno de esos balones que nunca te gusta que merodeen tu área porque, no s´ñe por qué, siemprwe acaban en tu red. Y así fue.

   No había fuerza. No había aire que respirar. No había más músculo que tensar. El equipo estaba fundido y los cambios que hizo Jiménez ya no pudieron aportar ni medio miligramo de fútbol para tratar de desequilibrar el match a nuestro favor. Demasiado habían hecho los muchachos. Habían trabajado hasta reventar y habían logrado un escaso empate. Muy poco, porque necesitamos mucho más. Mucho, si tenemos en consideración de dónde venimos. Ahora no queda otra que mantener el tono, seguir en esa línea que ayer nos presentaron, fichar a un mediocentro constructor y a un goleador y esperar que se produzca el milagro. Ni más, ni menos.

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