Mi crónica del partido: Real Zaragoza, 0 – Sevilla CF, 1 (Otra noche sin cura)


   Nadie que viera ayer el partido entre el Real Zaragoza y el Sevilla puede decir, con un mínimo de seguridad, que el equipo aragonés se va a mentener en Primera División. Fue un espectáculo tan escaso, una propuesta tan limitada la que hicieron los jugadores blanquillos que muy difícilmente podremos extraer cuatro vasos de zumo de lo que ayer sucedió en la Romareda.

   Planteó Aguirre un partido corto y seco, con muy poco recorrido futbolístico y con unas piezas dispuestas con tan poca gracia que en seguida se vio que con un poquito de talento en el equipo contrario, por nombre Negredo, y con algo de presión de la primera línea sevillista sería suficiente para que las piernas de toda la defensa temblasen como un armazón de alambre podrido. Los primeros quince minutos fueron una apisonadora sin pasión, pero apisonadora al fin que encerró al Real Zaragoza en su parcela y lo agobió con una firmeza inusitada para la poco que aportaba el equipo de Marcelino al partido. Muy poco, pero más que suficiente para que los aficionados locales masticasen el gol contrario con temor justificado.

   El gol llegó tras un penalty cometido por Mateos a un Negredo que lo llevaba por la calle de la amargura. Un penalty simple, pueril, obtuso. Un penalty innecesario que hizo que toda la Romareda se llevase las manos a la cabeza de pura incredulidad. Un penalty mortal que sirvió para enterrar al ya moribundo equipo del Ebro. Y eso que minutos antes Pérez Lasa, el horrendo árbitro del Colegio Vasco, se había tragado otro imperdonable penalty de Ponzio que se llevó por delante a un delantero andaluz. Penalty, pues. Y gol. Y eso que Roberto casi detiene el perfecto lanzamiento de Negredo, que se había empeñado anoche en mortificar a la parroquia local con sus regates, potentes arrancadas y amagos imposible de defender por un Mateos que ayer mostró un caracter débil y asustadizo que le hace merecedor de una dura crítica.

   El partido se acabó. El Sevilla decidió que con lo que había hecho ya era suficiente y que el Real Zaragoza iba a ser incapaz de morder el resultado, pues era evidente que ni había pólvora, ni talento, ni garra, ni método, ni brújula que gobiernase tan desarbolada nave. Y es que Aguirre había insistido en sus errores y había vuelto a colocar una defensa (Juárez, Lanzaro, Mateos, Paredes) lánguida e inepta, un centro del campo (Ponzio y Meira) que no se entiende y mezcla menos que el agua y el aceite y una delantera a la que no le llega un balón digno de ser jugado en franquicia. Lafita, Juan Carlos, Luis García y Postiga tienen calidad para afrontar un partido con garantías, pero el equipo se cortocicuita a sí mismo y no hay forma de dibujar una línea de pases que haga posible un remate con posibilidad de gol.

   Fue en la segunda parte cuando el panorama varió. La salida de Micael, sin tratarse de un jugador organizador ni talentoso, en el centro del campo, por Meira sí abrió caminos de circulación. Es, hoy por hoy, una apuesta modesta, pero en cualquier caso mejor que la habitual del mexicano. Ponzio se muestra mucho más cómodo cuando juega solo, sin la compañía de Meira. Ya lo demostró el año pasado, cuando su juego como “cinco” le dio al equipo aire y ventura cuando más atascado estaba. El argentino sabe jugar a lo que sabe jugar y no suele ser buen socio de casi nadie. Y menos de un Meira que se cae estrepitosamente a poca presión que le haga el equipo contrario. Recuerda demasiado a Edmilson, recuerda demasiado al declive de grandes jugadores que han sido pero que ya no dan de sí más que lo que la imaginación del entrenador sea capaz de inventar. ¿Meira de central? Quizás sea la única salida.

   Con esos argumentos el equipo se fue arriba y jugó con el corazón en las botas. Pasión, deseo y nada más. Tan solo varios chuts lejanos que se perdieron en el cielo zaragozano y nio un solo remate en condiciones. El Sevilla embotellado y buscando salidas rápidas fue lo que le esperaba a un Real Zaragoza que ya nosabía qué hacer porque casi nunca lo ha sabido. Hubo otro cambio, cuando Aguirre quitó a Juárez y sacó a Barrera de lateral. Casi fue mejor este cambio contra natura que mantener un status quo que se ha mostrado incompatible con el éxito. Y nada más.

   Bueno, sí. Aún le dio tiempo a Roberto de realizar dos grandes paradas y evitar, así, una derrota más ancha que habría dejado completamente destrozado el ánimo de una afición que ya no sabe a qué manto de la Virgen del Pilar encomendarse. El partido acabó y la respiración del corazón del zaragocismo comienza a entrecortarse. Ni un soplo de horizonte, ni una ola de esperanza. Poco muy poco. Nada, casi nada. Eso es lo que nos queda. ¿Qué nos ofrecerán nuestros muchachos? ¿Y Aguirre? ¿Caerá víctima del Maleficio del Otoño Zaragocista?

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Acerca de Juan Antonio Pérez Bello

Vivo en Zaragoza (Spain) y trabajo en el Colegio Bilingüe "Catalina de Aragón". De 1996 a 2001 fui Jefe de Estudios y de 2001 a 2012 fui Director del Colegio Bilingüe "El Justicia de Aragón", de Alcorisa (Teruel-Spain), donde implantamos el Currículo Integrado MEC-British Council en 2005. El vídeo en la escuela ha sido fiel compañero durante toda mi vida profesional (http://canalpispotero.blogspot.com y http://canalcatalina.blogspot.com). Desde septiembre de 2014 soy coordinador didáctico del Programa "Aprendiendo a Emprender con Ibercaja". Autor de las fichas de recursos para el profesorado "Aprendiendo a emprender con Ibercaja".
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