Entrevista a Marcelino: “Nunca me divertí con la selección” (Heraldo de Aragón)


No me duele el pasado ni tengo entre mis debilidades dejarme derrotar por la melancolía, pero sí me gusta conocer lo que hemos sido para comprender mejor lo que somos. Con ese espíritu me acerqué ayer a la entrevista que le hizo Javier Benito al gran Marcelino en Heraldo de Aragón. Y nótese que no me esfuerzo por aclarar a qué Marcelino me refiero, pues sólo hay una persona con ese nombre digna de acomodar el escudo del león en su pecho con la grandeza que le da su talento, su genio y su amor por unos colores y una tierra que le acogió con amor y a los que les devolvió más amor aún.

Marcelino, delantero centro del mejor Real Zaragoza de la Historia y uno de los mejores equipos españoles de todos los tiempos, habla con alargada pasión de su vida futbolística y derrama sobre la página completa del decano de la prensa aragonesa lo que se puede considerar una lección de dignidad, calidad humana y sabiduría que deseo que muchos acierten a comprender.

En ella el gallego, autor de más de cien goles con la camiseta del Real Zaragoza, autor del gol de la victoria en la final de la Eurocopa de 1964, autor de acciones grandiosas que no siempre han sido bien ponderadas por unos medios de comunicación demasiado cegados con el brillo del madridismo, habla mucho y bien de su vida como futbolista. De su paso por la selección, de su relación con el nada amable Di Stefano, de su amistad con Pereda, de su afecto y admiración hacia el gran Gento y, sobre todo, de su felicidad en el Real Zaragoza, aquel equipo que colmó todas sus aspiraciones, que cumplió todos sus sueños y en el que pudo compartir vestuario y amistad con Lapetra y el resto de los Magníficos.

Desde luego que no se debe comparar, pues aquella sociedad, aquella España de los 60 no se parece en casi nada a esta en que vivimos, y en muchos aspectos diría que afortunadamente. Mas eso no debe impedir que hagamos un esfuerzo pedagógico por mostrarle a nuestra infancia, a nuestra juventud, que el Real Zaragoza que conocen es un accidente desgraciado, una mala consecuencia de una pésima gestión que nos ha llevado a este desierto de lágrimas negras, pero que tienen que aprender a sentirse orgullosos de nuestro clunb querido, pues a lo largo del siglo XX fue un equipo querido, admirado y respetado y que seguro que, cin la yuda de todos, podremos conseguir que vuelva a serlo. Las palabras de Marcelino ayudan a pensarlo, confortan en un sueño que fue y que, yo no lo dudo,m podrá volver a ser. Para ello todos tenemos que ser uno.

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