Alcañiz y Calanda, espejos de pasión zaragocista


Anda el zaragocismo amortiguado en este otoño lluvioso que ya está aquí ejerciendo de forastero añorado. Las tertulias de ayer hablaban de alarmas, luces rojas y crédito que se acaba. También hablaron de esa especie de tristeza que se ha apoderado del en otros momentos animoso Aguirre, un hombre que lleva ya varias semanas mostrándonos su cara más gris. Y si eso es así, si el Vasco está taciturno, poco nos queda que esperar, pues él es el faro que el año pasado nos guió y a cuya luz nos agarramos en medio de las ariscas olas que zarandeaban sin piedad la nave blanbca y azul.

Hoy, sin embargo, voy a hablar de dos bonitas actuaciones del zaragocismo rural, ese que es tan importante como el urbano, como el zaragozano. Hablaré de la Peña Zaragocista Alcañizana, que la pasada semana organizó las primeras Jornadas Zaragocistas de Alcañiz para conmemorar el quinto aniversario de la asociación. Un esfuerzo admirable, pues se organiza cuando la hojarasca merengue y culé impregna tantos rincones de nuestra tierra aragonesa y en un momento en que ya asoman los relámpagos del miedo al fracaso. Esas jornadas fueron un abrazo al amor a unos colores, los del equipo más representativo de Aragón, que sufren los desatinos de sus dirigentes pero que suscitan pasión y entrega en una afición que se merece más caricias que heridas. Bien por ellos. Bien por la Peña Zaragocista de Alcañiz.

Y muy bien también por la Peña Zaragocista “Victor Fernández”, de Calanda, que hace unos días recibió la visita de Ángel Lafita, un jugador al que la Historia le guarda unas páginas que él llenará con su tesón y su vigor zaragocista. Visitó Calanda para recibir el “Tambor guerrero”, un reconocimiento a su entrega y a su compromiso, y para escuchar a los zaragocistas calandinos, muchos de ellos niños, que le hablaron de lucha, apoyo y ganas de vivir en mejores paisajes que los que ahora habitamos. El brillo de sus ojos y la ilusión por estar cerca de este símbolo zaragocista que es Lafi son un firme mensaje de esperanza, ahora que tanta falta nos hace.

Aplauso, pues, al zaragocismo de verdad, al de la calle, al del llanto desconsolado, al de la alegría común de tantos y tantos aragoneses que llevan en su pecho, esculpido a golpe de aliento azul, el escudo del león.

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