Real Zaragoza, 3 – Valencia, 0


Cantics d’amor

   El Real Zaragoza ha derrotado (3 – 0) al Valencia en partido correspondiente a la 29ª Jornada del Campeonato Nacional de Liga de 1ª División. Los goles los han marcado Diogo, Arizmendi y Jarosik.

   La noche del sábado fue una fiesta zaragocista. La Romareda haciendo la ola es un espectáculo que no vivíamos desde el pasado 13 de Junio, cuando nuestro amado equipo volvía a recibir los rayos del sol de la Primera División después de un año surcando las veredas yermas y espinosas de la Segunda. La afición entusiasmada y la prensa volcada. Esta afirmación no suele formar parte del imaginario blanquiazul, más acostumbrado a otras expresiones más cáusticas y grises. Sin embargo ayer fue día de gloria, pasión y certeza acomodada en nuestros corazones.

   Los partidos contra el Valencia son, desde hace deamsiado tiempo, un castigo para nuestra dignidad. Tantas humillaciones hemos sufrido en nuestra historia más reciente que el dolor ocultaba anoche la posibilidad de acogernos a la esperanza de lograr algo positivo, teniendo en cuenta, además, que veníamos de un ridículo hondo, el vivido en Almería hacía tan solo 72 horas. Pero el fútbol es un amante desleal, incierto y, casi siempre, infiel y ayer volvió a demostrarlo.

   Gay devolvió al equipo a sus piezas habituales. Excepto Ponzio, que cumplía sanción, todos los demás eran los soldados que habían aportado en las últimas semanas ese perfil de sensatez y razón con el que nos hemos podido enfrentar con gallardía a nuestros rivales. La última vez, el pasado domingo, cuando caíamos honrosísimamente ante los divinos blaugranas. Devolvía al equipo a los hombres que, razonablemente, deben obtener el único objetivo que nos hemos marcado: permanecer en 1ª División. La frivolidad que supuso la alineación de Almería, ese “ataque de entrenador” que, en afortunada expresión de Paco Giménez, le dio a Gay el pasado miércoles se ha quedado en el baúl del absurdo y todo volvió a lo que debe ser. Una alineación coherente, con quienes deben jugar y como debenmos jugar. Ni bien ni mal, sino como sabemos: esforados, conjuntados, solidarios y organizados. Y con rasmia, con mucho valor y con todo el vigor del mundo.

   Esto está muy inventado y ahora mismo el Real Zaragoza cuenta con catorce o quince jugadores que se van a dejar el hambre que tienen en cada brizna de césped y ellos son los encargados de finalizar la tarea. Como lo hicieron ayer. Con un portero que es, sin duda, uno de los mejores fichajes de los últimos años. Con una defensa aguerrida, templada (en el sentido que utilizaba mi abuelo aragonés) y luchadora. Con dos medios centros de calidad y fuerza y con una línea delantera en la que el talento y el despliegue físico conviven armoniosamente. Y así pudimos afrontar el partido ante un grasiento Valencia, burdo, tosco y enmarañado en el fondo y en las formas. Ante un Valencia que, en otras circunstancias, nos habría hecho un siete pero que ayer dobló la rodilla ante la horma de su zapato. Ante un Valencia que no es que perdiera el partido, en demagógica expresión de su entrenador, sino que fue derrotado en buena lid con las mismas armas que él ha utilizado en decenas de ocasiones y por cuya propouesta recibió durante años hipócritas aplausos.

   El Real Zaragoza jugó un anudado Primer Tiempo. Puso sobre el tablero las piezas adecuadas y las hizo funcionar con el acierto propio de los buenos equipos. Y esa propuesta obtuvo un magnífico premio: el extraordinario gol de Diogo, un jugador que está pareciéndose por momentos a aquel que nos embelesó hace tres años y que había desaparecido en las tinieblas de los torbellinos que han sacudido a la institución durante estos dos últimos años. Ese gol, celebradísimo, y la posterior y justa expulsión de Zigic sirvieron para mirar a la Segunda Parte con una calmada esperanza. Y eso que el mediocre árbitro había dejado de señalar un clarísimo penalty al Chupete y le había perdonado la segunda amarilla a un desquiciado Alexis que no supo, nunca, detener el ímpetu de Arizmendi, que ayer completó uno de sus mejores partidos con el Real Zaragoza.

   La Segunda Parte fue jugada por el equipo aragonés con muchísima inteligencia. Anuló cualquier interés valenciano y ejecutó magníficamente el rol de equipo sólido y trabajador, a tal punto que en ningún momento pareció que aquello pudiera cambiar. si acaso en una incomprensible jugada protagonizada por Contini que fue objeto de una extraña discusión entre todos los jugadores, un linier y el árbitro para quedar, al final en nada. Y como no soy partidario de hablar de lo que habría sucedido, sino de lo que ocurrió, diré que a continuación el Real Zaragoza cumplimentó una extraordinaria jugada de contraataque cuyos protagonistas fueron Edmilson, que lanzó un soberbio pasede treinta metros, y Arizmendi, que ejecutó un magnífico control con el pecho y fusiló a César, que ayer volvía a casa pero que no pudo evitar ese segundo gol. Delirio en las gradas y sonrisas de satisfacción, muchas de las cuales hubo que buscar en el baúl de los recuerdos porque muchos ya no nos acordábamos de lo que era ganarle, y muy bien, a todo un Valencia.

   Si el partido estaba muy bien encaminado todo acabó, para bien en este caso, con el sorprendente remate de Jarosik a la salida de un córner, consiguieno un tercer gol que abría la espita para la celebración a lo grande. Cánticos, nombres de jugadores coreados y una tímida pero necesaria ola sacudió el cielo azul que ayer cubrió el alma del zaragocismo, tan necesitado de sonrisas merecidas. El resto, hasta el final, fue tan agradable como un paseo por la Malvarrosa al atardecer, como degustar una horchata en fartons, como comerse una paella en mi querida Chiva o enamorarse con los aromas de la Plaza de la Virgen. Y esos latidos confortados que ayer se agolparon en mi memoria quiero conservarlos durante estos días en que retumba mi Bajo Aragón tambor con la fuerza que precisamos para afrontar el final de este calvario. Ayer, amigos, ganó mi Real Zaragoza y lo hizo ante mi Valencia. Que se sepa.

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Un comentario sobre “Real Zaragoza, 3 – Valencia, 0

  1. Muy buen partido del Zaragoza el del sábado.

    Ni que decir tiene que un Valencia sin Silva ni Villa, no iría 3º en la clasificación, pero eso no es óvice para decir que, esta vez sí, el Zaragoza jugó bien, muy bien.

    Once contra once aguantaron muy bien en el campo, bien colocaditos y sin alardes; once contra diez, le dieron un baile a un Valencia que se quedó en nada.

    Por líneas: Roberto, extraordinario (por fin hay portero); en defensa bien, bien Diogo por el gol (¡con la zurda!), a ver si coge confianza, porque yo todavía no veo al Diogo de antes, y es normal con su lesión; el mediocentro, bien; Eliseu y Ander, correctos, aunque el portugués falló alguna que…; y Suazo, para mi, definitivamente no es un 9, no puede jugar sólo, es un Kluivert, es decir, un mediapunta con gol, pero que juega mejor al lado de otro futbolista que le abra espacios o que se le desmarque para darle la asistencia (lo que más me gusta del chileno es su último pase).

    En fin, que una semana tranquila, con partido y pico de colchón sobre los de abajo. Menos mal, sino si que podría haber sido semana de pasión…

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