Quisiera no temer el fin


(Este artículo fue publicado el lunes, 14 de Diciembre, en www.aupazaragoza.com)

Si un pecho esculpido en sueños pudiese acoger tanto dolor como ahora vive el zaragocismo yo sería el primero en abrir la puerta de mi tristeza para convertir la rabia en aliento.

La fortaleza de espíritu mueve montañas y nuestras laderas están adornadas por símbolos eternos que merecen el tributo de nuestra memoria.  Sin embargo hoy, más de setenta años después, vivimos mañanas negras y noches de urgencia, pues un caballo desbocado nos obliga a galopar por las llanuras de la desesperanza.

El Real Zaragoza debe romper ya la muralla de ese infortunio que sobresalta, semana tras semana, cada sorbo de razón. El Real Zaragoza, ahora y siempre, debe seguir la senda del sacrificio y la honra a su Historia. Nosotros, sus fieles, sus enamorados, a veces despechados, a veces consumidos en las llamas del deseo, seguiremos esperando el regreso del guerrero.

La afición sigue tejiendo y destejiendo el sudario que ojalá nunca amortaje este cuerpo que no merece morir. La afición sabrá esperar, sufrirá los golpes de las olas encolerizadas por la derrota, sorteará las fogosas propuestas del desánimo, pero lo que nunca hará es aplaudir a los cobardes ni a los tibios. Y esa tibieza, esa incapacidad es la que asoma ahora, como un sol quebrado, por encima de la cúpula del club, resquebrajado en su soberbia, en su incapacidad y en su oscurantismo.

Así y todo, el Futuro debe saber que los responsables de la siniestra situación que está viviendo el Real Zaragoza son los miembros de la Directiva, que no han sabido gestionar el legado que recibieron cuando se hicieron con la dirección de nuestros corazones. Ellos, y no otras personas, son quienes han roto nuestra memoria, nuestro pasado y, lo que es peor, nuestro futuro. Lo leímos ayer y lo suscribimos hoy: “Esta afición no merece tanta humillación” y alguien debería poder ejercer la necesaria tarea de defendernos de tanta agresión, de tantas heridas injustas como cubren nuestro petrificado cuerpo y devolvernos el derecho a seguir luchando por el equipo que amamos.

¿Cómo? Este asunto mueve a preocupación, pues en la actualidad no hay forma de activar ningún canal de participación efectiva en las decisiones del club y eso es un grave déficit que nos está haciendo cada día más pequeños, más mezquinos. El Real Zaragoza tiene el apellido “Sociedad anónima”, pero hay muchos argumentos que nos animan a movilizarnos, a crear canales de opinión, de proposición, de implicación. Federación de Peñas, webs zaragocistas, pequeños accionistas y agrupaciones que tienen al Real Zaragoza como eje de sus actuaciones deben emprender un proyecto que permita una mayor presencia del alma blanquiazul en esos despachos en los que tantas cosas se hablan. Y es que nos falta información, según ha reconocido el propio Bandrés cuando declara que “si hubieran (los aficionados) asistido a las reuniones que hemos tenido en la última semana”. Así pues, el camino está dibujado.

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