La biblioteca de la añoranza


Sí, sé que un día morirá, que un día será la noche eterna y no volveremos a respirar su aroma de vieja dama blanca, señorial y seductora, sugerente y sensual, pero La Romareda siempre será el campo en el que aprendí a soñar, tal y como lo escribí hace ahora dos años y como me gusta recordarlo. Hoy, mis palabras, mis versos secretos los construyo pensando en ella, en lo que me dió y en las melodías que escuché en aquel corner de infantil que arropaba al zaragocismo y acogía las carreras de Arrúa después de cada gol del Diez, siempre el Diez.
 romareda
.
Por eso, traigo aquí el artículo que cosí con retales de memoria hace un tiempo y me apetece volver a compartir, aquel “La Romareda, blanca dama, orgullo azul”. En la víspera de la visita al Camp Nou, ¿quién no quiere soñar con una victoria cuarenta años después?
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