Real Zaragoza. El desierto fértil.


Me explicaré para decir que eso es precisamente lo que le falta a este Real Zaragoza: capacidad de comunicar, cercanía, proximidad con sus seguidores, caricias al zaragocismo. Si se hacen las cosas no hay que dejar que sea el viento quien nos ayude a entenderlas, sino que hay que estar presente en los foros, abrir las ventanas para que a través de ellas salgan las palabras y los gestos que sirvan para saber dónde estamos, a dónde vamos y por qué luchamos. 

¿Esto no ha hecho más que empezar y ya estamos preparando entierros y lápidas blanquiazules? ¿Esto no ha hecho más que empezar y ya estamos recorriendo los caminos del derrotismo? ¿Esto no ha hecho más que empezar y ya hemos dilapidado toda la ilusión que aquel 13 de Junio sembró de sagre azul las calles del zaragocismo?.

No, esta Directiva, con sus aciertos y sus errores, no va a dibujar la hoja de ruta de mi zaragocismo, de mi amor por un equipo, una Historia y un latido que es mío y de cientos de miles de pupilas que se dilatan de alegría cada vez que encontramos el sendero de la común esperanza. Si lo hacen bien o lo hacen mal no son quiénes para diseñar mis sentimientos. No van a poder conmigo. Ni cuando aciertan soy el hombre más feliz del Cielo azul ni cuando se equivocan me hundo en la miseria. Ellos no son lo importante, aunque importa lo que hagan.

Hoy se ha dado un pequeño con esa entrevista que Poschner ha concedido a Pedro Luis Ferrer en el Diario AS. Ese sí es el camino, el de las explicaciones, el de las aclaraciones, el de la presencia en los medios para proponer argumentos. Ese camino hay que recorrerlo y no tiene que crecer nila más ridícula brizna de hierba entre la cúpula del club y la afición, que se lo merece todo. Y digo bien: todo.

Esto es mucho más que un accionista mayoritario, cuyas razones nunca entenderé porque él no me las explicará ni yo las escucharé; esto es mucho más que un Presidente, cuyas acciones nunca entenderé porque él no me las explicará ni yo las escucharé; esto es mucho más que un entrenador, cuyas decisiones nunca entenderé porque él nunca me las explicará ni yo las escucharé.

Esto, amigos, es mucho más que todos ellos juntos. Aquí, lo único importante es la sonrisa ancha y abierta del niño que goza con el éxtasis del gol del Real Zaragoza y llora cuando la derrota le muerde el alma. Ese niño que hoy, como ayer, como mañana, verá con el corazón bañado en la corona de nuestro escudo que sigue habiendo horizontes abiertos que merece la pena conquistar.

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