Domingo, 22: Mis conversaciones con Don Matías


– ¿Don Matías? ¡Qué alegría! ¡Cuánto tiempo sin hablar con usted! ¿Cómo se encuentra?

– Bien, joven, muy bien. Ya recuperado del último achuchón. La carrocería, que a veces falla un poco pero ya sabe: mala yerba…jeje

– Pues no sabe cuánto me alegro. ¿Está usted en la ciudad?

– Sí, sí, mis hijos, que se han empeñado en que me venga una temporada con ellos. ¡Son unos cabezones! Claro, que tienen a quién parecerse. Pero bueno, cuénteme, hombre, ¿cómo van las cosas?. Creo que hay algunos nubarrones en el horizonte, ¿no?

– ¿Nubarrones, Don Matías? ¡Esto es un tsunami de los buenos! No hay a donde mirar. Todo son malas noticias. Este equipo no arranca y, lo que es peor, no tiene pinta de arrancar. No sé si vería usted el partido de ayer.

– Sí, lo vi, lo vi. Y me pareció un buen partido…

– ¿Ah, sí?

– El que jugó el Elche, sí, jeje..Presion, anticipación, calidad, ganas, combinación, alegría…

– O sea, todo lo que le faltó al Zaragoza.

– En efecto, todo lo que “falta” al Zaragoza. Para empezar, ¿no te llama la atención lo tristes que están los jugadores? Eso por no hablar del entrenador…¿cómo se llama este chico…?

– Marcelino, Don Matías, se llama Marcelino.

– Este muchacho hizo una buena temporada el año pasado en el Racing, ¿verdad?

– ¿Buena? En Santander aún tienen las velas encendidas en las iglesias. Y antes en el Recre, pero aquí muchos pensamos que esto le ha venido grande y que no ha sabido manejar la situación. ¿Puede ser?

– Sí, puede ser. No sería primera vez que eso ocurre.En el Zaragoza ya ocurrió eso enotras ocasiones. Recuerdo un entrenador francés, Muller se llamaba..

– ¡Ah, sí, ya me acuerdo…!

– Pues eso. Le pusieron una plantilla que no estaba mal pero los jugadores ne entendieron mensaje y el equipo acabó bajando a Segunda.

– Sí, pero la temporada siguiente fue Arsenio el que metió en cintura al equipo y subieron.

– Meter en cintura…¡Qué fácil es decir esas palabras y qué difícil llevarlas a la práctica!

– Ya, bueno, pero a él le pagan por eso ¿no?

– Oh, sí, sí, desde luego, pero mucho temo que este entrenador haya equivocado la estrategia. Nadie que haya sido futbolista defenderá su forma de hacer las cosas. Eso de responsabilizar siempre a los jugadores de no hacer bien las cosas… Se le ha dado demasiado protagonismo al entrenador y él lo que tiene que hacer es dedicarse a entrenar y a sacarle partido a la plantilla. Para lo demás deben estar los dirigentes.

– Sí, me parece que ya sé por dónde va, porque esta plantilla tiene calidad.

– Desde luego, y el entrenador es un buen entrenador, pero más bien da la sensación de que están muy desorientados. Yo apuesto que haría falta un golpe de mano institucional, una puesta en escena que sirva para señalar el camino y explárselo muy bien a la afición, que es la que más está sufriendo sin merecerlo. Tengo la sensación de que este club está huérfano, que no tiene patrón, y la afición, los jugadores y el entrenador necesitan un líder que se haga notar y ese líder tiene que ser el Presidente o alguien del Consejo de Administración.

– Don Matías, ¿sabe qué le digo?

– Dígame, joven, dígame

– Que ojalá alguien del club leyese esto, porque creo que no le falta razón.

– Bueno, bueno, usted que me quiere bien. De todas formas, yo creo que al final subiremos, no se preocupe, que aún queda tiempo para rectificar, pero en fin, ya sabe que esto del fútbol…

– Sí, Don Matías, esto del fútbol…Bueno, no le canso más. Y cuídese, que el zaragocismo le necesita.

– Y yo al zaragocismo, joven, y yo al zaragocismo.
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