Aquí está mi apoyo, aquí está mi calor


Los ecos del derbi. Hum, no está mal para un titular, pero como yo he vivido regular este momento histórico prefiero correr las cortinas de las cuentas pendientes y mirar al frente. En ese horizonte emerge la ciudad de Vigo, lugar ahora desolado futbolísticamente hablando pero que no hace mucho también gozó con un fútbol galán y altanero. Digo “también” porque en ese saco de los gustosos labios incluyo al zaragocismo, un tanto convulso estos días por tanto oleaje mediático no siempre bien entendido, ni por los lectores ni por los escritores. En fin, serán los malos rollos de la edad.
Partidos como el del sábado fueron, en otros tiempos, ocasión para disfrutar de buen fútbol y vibrar con las cualidades de ambos equipos, en algunos momentos beneficiarios de excelentes maestros fútbol y buenos futbolistas. Hoy las cosas no son como debieran, o por lo menos como nos gustaría a ambas aficiones, mas lo cierto es que nos jugamos mucho ambos equipos. El Celta porque no acaba de salir de la mediocridad y el Real Zaragoza porque debe seguir a lo suyo, que no es otra cosa que fabricar puntos a velocidad digna de Chaplin en sus “Tiempos Modernos”. Y punto.
Hoy ha hablado Marcelino y lo ha hecho bien. Muy bien, añado. Se esté de acuerdo o no con él, tiene un discurso coherente, y a eso yo le doy muhca importancia. Es una aspecto muy valioso en una persona. Marcelino ha optado por defender esta empresa de la que es uno de los máximos responsables, ha elegido ser líder, algo para lo que no todo el mundo está capacitado y lo hace marcando una línea recta, la suya, y la pisa con la fortaleza que le da su convicción, su fe en sí mismo y en su trabajo.
Ha defendido a Ewerthon y por la transitiva a su plantilla. Ha lanzado al zaragocismo un mensaje de unidad, de comunión y ha renovado sus votos por la necesidad de ser y sentirse apoyados. Está en su derecho de solicitar afecto, ánimo, calor y a mí me gusta la gente que necesita el cariño y lo pide sin reparos. Yo, desde luego, se lo voy a dar, igual que hice el año pasado y lo mismo que haré el año que viene. Cariño, aliento y aplauso al esfuerzo. Me parece que se lo merecen, que es como decir “nos lo merecemos”. De este modo, hacemos un poco más amable el camino de vuelta a casa. A Primera.
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