¿Hay un eterno castigo?


Es difícil escribir sobre un Real Zaragoza victorioso. El partido que ayer disputó el equipo aragonés frente a la Real Sociedad devino en una sucesión de errores, fallos y equivocaciones propias de un equipo que no lo es. Equipo, quiero decir.

Comenzaron con cierta solvencia nuestros muchachos, con una mejor colocación sobre el terreno de juego y unos detalles que mostraban una actitud peleona y con cierta apariencia de batalla buscada y hasta disfrutada. Si eso se parece un poco al Zaragoza que quiere Marcelino, una vez pulido este proyecto que hasta el momento no nos ofrece sino derrotas y tristeza, podemos decir que vamos a gozar con el equipo y que el ascenso es posible. Sin embargo, lo que comenzó siendo una apuesta correcta y con posibilidades en seguida se transformó en la miseria deportiva en que se ha convertido este Real Zaragoza. La Real, con un grupo de mutilak aguerridos y bien ubicados, nos hizo la vida imposible y se nos comió por los pies. Los desajustes defensivos, la inexistente creación en la línea media y la paupérrima propuesta ofensiva dieron con nuestros huesos en el fiemo, y ahí seguimos, con unas lágrimas de más y unos mocos que nos los comemos ahítos de rabia y hartos de derrotas.

Se me ocurre además mencionar un detalle: el último partido oficial que ganamos fue ante el Deportivo (¿te acuerdas, estimado lector?) y la victoria no hace falta recordar cómo se produjo. Después, vino “lo” Valencia, “lo” del Madrid y “lo” de Mallorca. Eso crea un tendencia dramática, lisérgica incluso, que nos lleva al mundo de la alucinación pero que no tiene aspecto de modificarse. ¿O acaso pensamos que el próximo sábado el Real zaragoza va a comenzar a renacer y todo va a comenzar a ser diferente? Me cuesta creerlo, aunque lo deseo con todas mis fuerzas. Deseo que comencemos a repetir alineación (hasta ahora no hemos visto repetir ni una sola), espero comenzar a ver cómo se asientan López Vallejo, Pignol, Pulido, Hidalgo, Jorge López, Caffa, Arizmendi…en fin, el nuevo Real Zaragoza, que, casi sin darnos cuenta, con tanto mareo y desvarío han ido construyendo los denostados dirigentes zaragocistas. Quiero ver cómo Marcelino empieza a coser las costuras de este grupo y los pespuntes empiezan a fortalecerse hasta construir una nave sólida. Ojalá rompa las olas, herida en el orgullo y empujada por los vientos de la sangre roja, para dirigir la quilla del orgullo hasta la costa donde Penélope sigue tejiendo con infinita paciencia. Sólo así lograremos volver a casa. A Primera.
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