Con los puños de la razón (Real Zaragoza, 3 – Recreativo de Huelva , 0)


El Real Zaragoza venció por 3 goles a 0 al Recreativo de Huelva en partido correspondiente a la 33ª jornada del Campeonato Nacional de Liga. Gran victoria, merecida, esforzada y hermosa. Uno no podía creer que este Real Zaragoza, el que se mostraba capaz de dibujar caminos de poesía, el que proponía un fútbol digno de paladares rococós, el que apostaba por la entrega y el arte, el que de nuevo difundía a los vientos del Norte y del Sur canciones casi olvidadas, era el mismo que, números en la mano, braceaba desesperado a pocos centímetros de la Parca, esa muerte con la cara borrada por la miseria que se llama Descenso a Segunda División.

Si el fútbol es un estado de ánimo, nuestro Real Zaragoza ha decidido, por unas horas, acogerse al sonido de las trompetas de Jericó y aceptar de una vez por todas que tiene cuerpo y alma para galopar por llanuras bendecidas por los dioses de todas las religiones. Y así fue desde el primer minuto. Nuestros jugadores mostraron su espíritu, bronceado por el talento divino, y encogieron el ánimo del adversario con la fuerza propia de los guerreros que ven sus murallas en peligro.

Pablo Aimar, el Cai, el Payaso, el ángel devenido en gesto celestial, trazó varias diagonales sobre la sorprendida hierba de La Romareda y enseñó las líneas que conforman los Evangelios de eso que se ha dado en llamar fútbol. Oliveira galopaba enfurecido en busca de la gloria, que alcanzaría en dos ocasiones, al que acompañaba un distinguido Sergio García, que levantaba briznas de asombro por los senderos que se dignaba ocupar. Pero los demás cumplían los designios del gran comandante, Manolo Villanova, que no se ha cansado de repetir que si el equiopo es solidario, se entrega y presiona, podemos ganar los partidos que nos quedan. Y es necesario resaltar el gran trabajo que llevó a cabo la defensa, con un Zapater entregado y certero, un Ayala grandioso e imperial, un Sergio Fernández firme y eficaz y un Paredes fornido y ensanchado. Si además completamos el trabajo de Celades, que le dio ritmo y gesto al juego zaragocista y hasta Óscar supo cumplir con lo que se le pidió, tendremos un equipo que jugó como un equipo, unos futbolistas que fueron futbolistas y un entrenador que fue el mejor director posible en el momento más difícil de la temporada.

El partido del sábado fue lo que tenía que ser. Otra cosa habría sido la puerta abierta al averno, el sendero deslizado hasta el Hades, con una mínima expresión de esperanza en nuestras caras cubiertas por el horror del fracaso. Sin embargo, las luces que la afición fue capaz de trasladar (o trasvasar, je, que ahora ya no sabe uno qué escribir) fueron los mejores argumentos para abrir caminos de futuro. El Real Zaragoza ganó el partido, pero fue mucho más que un partido. Fue la expresión recia de una intención hecha fruto y ahora empieza la batalla incabable. La semana va a ser blanca y henchida de ilusión. que no se rompa la jarra del esfuerzo compartido en Montjuic. Un escenario, por cierto, siempre benévolo y mágico con el zaragocismo.

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Un comentario

  1. ¡Venga, Juan! ¡Que no decaiga la cosa!, tus fans echamos de menos tus artículos en el blog.

    La cosa está complicada. Este sábado contra el Dépor nos la volvemos a jugar… pero volveremos a levantarnos. Yo podré ir a la Romareda, y ten por seguro que si voy es para ver al Zaragoza ganar, que ir por ir…

    ¡Vamos, Zaragoza!

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