La verdadera mentira (Real ZGZ, 1 – F.C. Barcelona, 2).


El Real Zaragoza y el F.C. Barcelona se han enfrentado en partido correspondiente al Campeonato Nacional de Liga y elresultado final ha sido Real Zaragoza, 1 – F.C. Barcelona, 2. O mejor: Real Zaragoza, 1 – F.C. Beneficios Económicos, 2.

Hace algunos días escribía sobre la misérrima imagen que ofreció nuestro equipo en el Reyno de Navarra y explicaba que poco había que añadir a las expresiones de abulia, aburrimiento y ausencia de bravura que dedicábamos a nuestros jugadores. Sin embargo, el sábado por la noche el Real Zaragoza nos propuso una forma de entender la vida, de estar en el mundo con la que podremos estar de acuerdo o no, pero era una idea, al fin. Supo afrontar el partido con gallardía, seriedad y responsabilidad, utilizando los argumentos en los que cree Irureta y de los que, poco a poco, está convencienmdo a sus chicos.

La primera parte fue un enfrentamiento adusto y en cierto modo pobre, pero nos ofreció una imagen de un Real Zaragoza que comenzaba a saber a qué juega: sólido cuerpo defensivo, sujeción férrea del cobntrario y uso inteligente y metálico de unos delanteros de altísima calidad capaces de morderle el alma a cualquier equipo de categoría. Se encajó un gol (ilegal, tramposo y mentiroso), pero eso le ocurre a cualquier equipo. Y además, se supo responder con entereza y talento, como lo demuestran las diversas ocasiones de que dispuso nuestro equipo y entre las que destacamos el penalty que sufrió Oliveira a pies de un continuamente superado Márquezel y que, lamentablemente, desperdició Milito. sin embargo, la sensación era que había partido y que el Real Zaragoza estaba dispuesto para la batalla.

La primera parte, así pues, finalizó y llegó la segunda parte. Un espacio en el que el Real Zaragoza plantó sus reales y ofreció su cuerpo y su alma a sus seguidores, que veíamos ilusionados como remontábamos, hacíamos frente a la adversidad y empatábamos el partido con un extraordinario gol, combinación de esfuerzo (la recuperación de un Diego Milito inmenso), inteligencia (el pase de un Sergio García espléndido) y potencia (la definición de un Ricardo Oliveira magnífico). Un gol, por cierto, que fue para mí el gol de la jornada, pero que los medios de comunicación nacionales oscurecieron con su pazguatismo informativo habitual. El partido era nuestro, la solución del mismo podía pasar por una victoria (justa) o, como mal menor, un empate ante uno de los imperios mediáticos y económicos más poderosos del mundo. sin embargo, el infortunio asomó su inesperado rostro por la esquina de la mentira en forma de decisión arbitral claramente injusta. Un penalty que no era y que sirvió, en afortunada expresión de Alberto Zapater, para “joder medio partido”. Todo a la porra. Todo, una vez más, falso. Mentira.

La única verdad es que este equipo sigue mereciendo nuestro respeto, nuestro apoyo y nuestra ilusión depositada en su saber hacer. Lo dijo Irureta (refiriéndose a Europa): “Mientras hay vida hay esperanza”. De lo demás, de los demás, hablaremos a partir de mañana.
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