El Cielo está vacío (Real Zaragoza, 2 – Valencia FC, 2)


   por Juan Antonio Pérez Bello

   Es Nochebuena. Ha nacido el día con una niebla de apellido londinense pero en estos momentos el sol le ha dado un buen puñetazo a la velada mañana y ha pulverizado la densa cortina de humo que nos envolvía. En otras palabras: al amanecer no se veía nada y a mediodía todo está despejado.

Es una sencilla metáfora que utilizo aprovechando la realidad meteorológica pero lo hago para explicar las sensaciones que mis amigos de peña y yo vivimos el pasado sábado en el transcurso del partido entre el Real Zaragoza y el Valencia CF. Eso sí: al revés, claro.  

Vivimos una primera parte en tensión, agarrados al espeso esfuerzo de los jugadores del Real Zaragoza que, metálicos y agrupados, marchaban contra las tropas levantinas en formación en testudo (o tortuga). Mantuvimos durante aquellos primeros 45 minutos una áspera esperanza que nos mantenía vivos e, incluso, ilusionados. Veíamos esfuerzo desmedido, tropas bien ubicadas, desgarrados intentos de llegar al cuerpo a cuerpo en igualdad o superioridad de condiciones, talento utilizado en el instante adecuado, velocidad en los movimientos y solidarios alardes de raza humillada que muere por seguir viva. En medio de ese fragor tuvimos ocasión de rasgar nuestras gargantas para cantar dos goles que se convertían en estruendosos golpes en las defensas valencianas.

   He empleado el símil de la formación en tortuga porque sabemos que en la época del Imperio Romano si esta táctica era utilizada correctamente – y es preciso tener en cuenta que requería de un gran entrenamiento para que fuese efectiva -, servía para proteger a los legionarios de forma excelente frente a los proyectiles, permitiéndolos desplazarse sin miedo a ser alcanzados por flechas, dardos, lanzas y demás armas arrojadizas. Y me ha parecido que era una manera ajustada para expresar lo que sentíamos: nuestro equipo nos mostraba una buena defensa, un armazón sólido, pétreo, inexpugnable. Y además, se empleaba a fondo cuando enviaba a sus huestes de vanguardia a la guarida del enemigo para herirles con dos certeros golpes de mano.

   El Real Zaragoza se puso con dos goles a su favor y pudieron ser tres si el árbitro, inepto trabajador al que de cualquier empresa seria habrían expulsado, no hubiese anulado el extraordinario gol conseguido por Oliveira. Un 3-0 en la primera parte habría sido letal. Aún así, el descanso se convirtió en territorio amable propicio para el análisis técnico-táctico. Hacía mucho tiempo que no hablábamos de fútbol, de la pureza de este deporte, de si tal jugador me gusta más, de si yo prefiero a este otro, de si esta táctica, de si esta estrategia. Fueron quince minutos de calmada tensión en los que nos permitimos hablar de la importancia de ganarles a Mallorca y Murcia y de la situación en la que nos encontraríamos si al final de esos dos partidos habíamos logrado 9 puntos de 12 (dando por hecha la derrota en el Bernabéu).

   Comenzó la segunda parte. Empujamos a nuestros jugadores, alabamos su brío, destacamos algunas acciones hasta ahora nunca vistas, lamentamos la generosidad de Milito en ese pase imposible a Oliveira en lugar de “matar” al inestable Mora. Todo eso nos ocurría. Mas, de pronto…¡un oscurecimento! Víctor Fernández arranca a Luccin de la hierba y lo sustituye por Óscar. Nuestro asombro fue grande y el miedo se quedó a vivir entre nosotros. ¡Gol! 2-1 y esto pinta muy mal. No comprendí la decisión de Víctor. Si algo funciona, ¿para qué cambiarlo? Luego supe que Luccin se había lesionado (¿?) Y minutos después, la segunda decisión incomprensible: Valero por Oliveira. ¡Glups! Uno siempre ha pensado, desde el comienzo de los tiempos, que si un jugador como Oliveira es sustituido es porque quien lo sustituye se llama, por lo menos, Kaká. Y lo explico: podría ocurrir que el Valencia empatase ese partido. Pues bien, en ese caso, con Oliveira, Milito y Sergio en el campo, todavía queda pólvora. en caso contrario, hemos facilitado las cosas al contrario. Y ocurrió: llegó el segundo del Valencia y el cielo se desplomó sobre nuestras cabezas…una vez más.

   Es muy difícil que un club y su entorno pueda soportar una situación de permanente frustración como lo está haciendo el Real Zaragoza. Es muy complicado que podamos seguir resistiendo los embates del infortunio, la fragilidad mental y la debilidad futbolística por más tiempo. Sin embargo, no deja de llamarme la atención el olímpico equilibrio que está mostrando la afición zaragocista ante esta dramática sucesión de reveses que estamos sufriendo. En otros momentos esto habría estallado en mil pedazos a las primeras de cambio, pero eso ahora no ocurre. Y a mí, querido lector, me parece bien. Eso sí, el día 3 hay que vencer al Pontevedra convenciendo y los dos siguientes partidos en La Romareda deben servir para sumar 6 puntos. Sin reblar.

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Un comentario

  1. Hola amigo.Me parece muy bueno tú blog. Te voy a enlazar. Yo también tengo uno, aunque no lo actualizo todo lo que debería. Pasaté y me enlazas.
    Sobre el Zaragoza, aunke sea difícil creer en ello ahora mismo, hay que ser optimista y pensar en k vamos a empezar a ganar a poco k hagamos las kosas mejor y tengamos algo de fortuna. Aúpa Zaragoza!

    Pd: he estado en Alcorisa muchas veces, pues mi madre es de Molinos, y además tenemos família en Alcorisa. Un saludo.

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